Treinta años y un día

Martes, 24. abril 2012

Aunque el titular del post pueda darlo a entender, no vamos a comentar nada relativo a una sentencia de prisión. Como ya habrán advertido vuesas mercedes, sin duda muy perspicaces, el Spectrum cumplió ayer treinta años y a mí, que me gusta ir a contracorriente y ser el tío más raro del local, no me apetecía unirme a las múltiples y variadas laudatorias que han salpicado la web 2.0 esa (y algún que otro diario) a lo largo y ancho. Prefería esperar un poco y con ello destacar más, así que vamos, que ya toca.

Nacido oficialmente el 23 de abril de 1982, el ZX Spectrum supuso la culminación de un proyecto iniciado por Clive Sinclair dos años antes con el ZX-80 y continuado poco después con el ZX-81, con los cuales el inventor y empresario perseguía hacer un buen negocio a base de “poner un ordenador en cada hogar británico”, pugnando con una amplia suerte de competidores entre los que destacaban el Commodore 64, nacido también en 1982, el posterior Amstrad CPC 464 y sobre todo el BBC Micro fabricado por Acorn Computers, propiedad del antiguo socio y ahora encarnizado rival de Clive Chris Curry. Sinclair nunca habría podido hacerles frente… hasta que llegó el Spectrum, con el que logró un éxito tan meritorio como sorprendente.

Así homenajeó Google UK a nuestro querido Speccy en el día de su trigésimo cumple.

Porque no puede negarse que el Spectrum era poco más que un juguete comparado con cualquiera de las máquinas antes citadas, que heredaba de sus antecesores buena parte de sus características básicas… y también no pocos de sus defectos. En el éxito del Spectrum tuvo mucho que ver una conjunción de factores difícilmente repetible en cuanto a oportunidad, buen ojo comercial y suerte: de haber nacido sólo un año después, con el C-64 ya asentado en el mercado y el CPC y el MSX en ciernes, es casi seguro que ahora mismo no estaríamos hablando de un fenómeno social que llegó a vender diez millones de unidades, expandiéndose más allá de sus dominios naturales (Inglaterra) y abriendo el fascinante mundo de la informática a las clases medias europeas que hasta entonces, en su mayor parte, no habían visto un ordenador ni en las películas. Aunque no llegó ni de lejos a las cifras de venta alcanzadas por máquinas como el mencionado C-64, su alcance global acabó siendo mayor gracias al éxito cosechado en rincones del planeta como Sudamérica, donde sus competidores tenían una presencia testimonial o directamente ni se vendían a causa de su alto precio. Eso sin mencionar el impacto del aparato en la mismísima Unión Soviética y sus satélites del Pacto de Varsovia, merced a la pléyade de clones perpetrados (que no fabricados) allí con dispar fortuna. En España, el pequeño chisme con teclas de goma llegó a tener un parque estimado en 200.000 unidades durante su mejor época, y aún seguía siendo el ordenador de muchas casas recién iniciada la década de los noventa, cuando toda Europa ya pensaba en 16 o incluso 32 bits con el PC o el Amiga.

Habitualmente suelo comparar al Spectrum con el Seat 600, ya que del mismo modo que el legendario “Ombligo” motorizó la depauperada España de los primeros años sesenta, el Gomas tuvo una importancia similar informatizando la Europa de cuatro lustros después, azotada por una crisis económica inacabable y por los sobresaltos de la recalentada Guerra Fría. En esa atmósfera tan deprimente, el diminuto Spectrum fue un contrapunto de alegría y entretenimiento para muchos de sus propietarios, que gracias a él se evadían durante unas horas de la afligida realidad e incluso encontraban una vía para reconducir sus vidas y hacerlas más plenas e interesantes. Es el caso harto conocido de Don Priestley, que abandonó su insatisfactorio empleo para dedicarse a programar videojuegos. A divertirse y a hacer partícipe a la gente de ello, en suma. Lo único que le ha faltado al Speccy durante estos tres decenios es una mayor presencia en los medios de comunicación masivos. Ni siquiera a principios de este siglo, en pleno revival de los ochenta y en medio de la sobredosis de nostalgia gratuita que conllevó, el micro del Tío Clive obtuvo el reconocimiento que merecía entre el gran público; entre quienes abundan los que creen que la informática y los videojuegos se introdujeron en los hogares europeos gracias al PC y las consolas Nintendo. Es como lo de quienes todavía creen que la Tierra es plana y el Sol gira a su alrededor, gente que existe aunque pueda parecer increíble. Yo sólo espero que el legado de aquella máquina tan espartana como maravillosa permanezca vivo durante los próximos treinta años, al menos un poquito.

Pues eso, que feliz cumpleaños.

Life… and how to live it

Miércoles, 8. febrero 2012

Curioso reportaje de la BBC el que os pongo hoy para que vayáis practicando con el inglés:

Fechado en 1989, realiza una vivisección sobre la figura del Tito Clive a través no ya del mismo Clive, sino también de su madre, sus hermanos y algún acólito colaborador. Y ahí está la gracia de este tinglado, junto a la posibilidad de disfrutar con imágenes y filmaciones “inéditas” o al menos muy poco vistas fuera del Reino Unido. Sabremos cómo nació la afición de Clive por el póker, que con los años le llevaría a convertirse en un auténtico tahúr. Conoceremos algún detalle sobre el contubernio judeomasónico que (según él) destruyó al C5 y provocó que su empresa acabase en manos del enemigo. Y hasta podremos verle riéndose a carcajada limpia y todo.

Mr. Calculator

Lunes, 30. enero 2012

Es mucha la gente que a estas alturas conoce la historia de Clive Sinclair durante la década de los ochenta, de su ascenso al Olimpo y su caída en desgracia tras poner los ordenadores al alcance del europeo corriente; casi tanta como la que ignora que eso mismo sucedió durante la década anterior, virtualmente calcado y con el mismo protagonista.

Como paso previo a la introducción masiva de los ordenadores en el hogar, durante los setenta el progreso tecnológico permitió la llegada de los primeros dispositivos electrónicos destinados al mercado de consumo. La primera calculadora de bolsillo considerable como tal fue la Busicom 120A, puesta a la venta en 1971 por cuatrocientos dólares, lo que la dejaba fuera del alcance de la mayoría. Era tan cara que se vendía con una correa para la muñeca al estilo que la que lleva un Wiimote, con objeto de evitar en lo posible caídas y malos golpes por parte del usuario. Al año siguiente Hewlett Packard lanzó la primera calculadora científica, la legendaria HP-35, desatando la fiebre por este tipo de chismes entre el gran público. Aquí es donde entra en juego el Tito Clive, quien ya tenía una sólida trayectoria como inventor y empresario tras fundar Sinclair Radionics en 1958 para vender radios ultraportátiles y equipos de alta fidelidad. Clive creía que las nuevas calculadoras eran demasiado aparatosas y demasiado caras, y aunque evidentemente el tamaño y los precios irían bajando, todo indicaba que aún pasaría mucho tiempo hasta que ambos parámetros se acercasen a niveles aceptables. Consciente del buen dinero que podía ganar si conseguía diseñar una calculadora compacta y asequible, se puso a trabajar y cambió el curso de la Historia.

Habitualmente suele decirse que Sinclair inventó la calculadora de bolsillo, y aunque no sea del todo cierto, sí es verdad que su Sinclair Executive de 1972 rompió moldes por su revolucionario e ingenioso diseño. Delgadísima, muy ligera, podía guardarse en el bolsillo de la chaqueta pasando completamente desapercibida. Su éxito colocó a Sinclair en cabeza de un mercado en plena expansión, animando a la empresa a ampliar su gama de calculadoras hasta acabar con un variado surtido de máquinas de calidad razonable y precios cada vez más competitivos, lo que posibilitó triunfar también en Estados Unidos, lugar donde no es costumbre reconocer abiertamente éxitos ajenos. Las calculadoras de Sir Clive fueron portada de noticieros, revistas y magazines, logrando incluso un hueco en alguno de los museos más importantes del mundo: una Executive se exhibe actualmente en el MOMA de Nueva York. El sueño acabó tras la catástrofe del Black Watch y el colapso de un mercado que se saturó con rapidez, pero hasta con ese lastre a cuestas hubo tiempo para lanzar pequeñas joyas como la Sovereign, cuyo relativo fracaso no empaña la belleza de su diseño en chapa de acero. Un diseño que llegó a ganar premios importantes y que conoció una lujosa variante en plata para conmemorar el jubileo de Isabel II en 1977, además de otra en oro.

Este video nos enseña una Sovereign comparada con otras competidoras de la época.

Y en este otro podéis mirar (y admirar) una Sovereign dorada con su estuche de madera.

Tras aquello, y con su empresa intervenida por el Estado, Clive se olvidó de las calculadoras y decidió probar fortuna en el terreno de los ordenadores domésticos. Entonces pocos imaginaban que el Tito Sinclair resurgiría de sus cenizas, pero a buen seguro tampoco imaginaban  que, como infectado por un virus que le impulsase a autodestruirse, volvería a cometer los mismos errores casi paso por paso. Después de todo no era más que un hombre, y todos sabemos de sobra cual es el único animal que acostumbra a tropezar dos veces en el mismo sitio.

This charming man

Viernes, 9. diciembre 2011

Bonito video el que me ha descubierto el gran Ignacio Prini a través de la cuenta de su web en Facebook:

Grabado a principios de 1981, este viejo programa de la BBC nos presenta una semblanza de Clive Sinclair tanto desde la óptica profesional como personal. Ante nosotros tenemos a un hombre inteligente, trabajador y emprendedor, que no descuida sus seis millas diarias de footing por los alrededores de la elegante casa que habita en Cambridge. Esposo devoto y amante de la vida familiar, que juega a programar el ordenador que él mismo ha inventado (el ZX-80) junto a su hijo de catorce años. El puto amo, resumiendo. Una imagen idílica ante la que los más socarrones no evitarán esbozar una risilla con una pizca de malignidad, pues contrasta con la imagen actual de un Clive famoso por su carácter adusto, obligado a abandonar sus negocios informáticos por la puerta de atrás al empecinarse en llenar las calles de coches eléctricos, y al que sus hijos no tragan demasiado (algo reconocido por él mismo) luego de mandar a la mierda a su primera mujer y casarse años después con una antigua bailarina de strip-tease a la que le saca treinta y seis años.

“Envidia cochina es lo que me tenéis, sinvergüenzas”.

Ya en un tono más serio, decir que el video esconde motivos sobrados para gustar a cualquiera entienda o no inglés (por desgracia así son las cosas. English only, chavales) al mostrarnos imágenes sorprendentes y poco conocidas del entorno profesional y personal del Tio Clive. El ZX-81 todavía no había salido a la calle y el Spectrum era solo una idea en la mente de aquel hombre, que a los cuarenta años ya había hecho historia en el mundo de la electrónica y prometía convertirse en uno de los grandes empresarios de un mercado, el de los ordenadores para el hogar, aún incipiente pero que ofrecía grandes oportunidades a aquellos que supiesen aprovecharlas. Al respecto, es interesante observar cómo ya entonces Clive dejaba claro que los ordenadores le parecían inadecuados para jugar, esbozando algunas ideas sobre el futuro que luego plasmaría con más detalle en esta serie de artículos escritos para una revista española.  Pero quizás lo más curioso y llamativo esté en la visita a la vieja nave industrial donde un puñado de personas montan a mano unidades del ZX-80, insertando los chips en la diminuta placa base del aparato directamente con los dedos. Una metodología de trabajo que ilustra bien a las claras los principios de una industria que al cabo de no mucho tiempo llenaría nuestras casas de ordenadores y consolas.

La ira de Khan, digo Clive

Miércoles, 21. septiembre 2011

Dos años después de su estreno en la BBC, el telefilme Micro Men se ha convertido en un pequeño clásico de visión obligatoria incluso para quienes no son retroinformáticos talifanes como yo. Los méritos que atesora permiten que una trama en apariencia insulsa adquiera desde el principio un notable interés, pero si algo destaca especialmente es el retrato de un Sir Clive con unas malas pulgas dignas de figurar en cualquier peli de monstruos gigantes. “Berserker Clive” brinda a la audiencia muchos momentos ideales para sacarles jugo fuera de la pantalla, tal como hace Ginger Alien en este videoclip partiendo de una de las escenas más memorables del filme. Cuatro psicotrónicos minutos de imagen y sonido (muy bien montados, eso sí) en los que el protagonismo se reparte a partes iguales entre el iracundo hacedor del Spectrum, el videojuego que le pone más palote y cierta palabra muy de su gusto, que sitúa este delirio a la altura de una peli de Tarantino:

¡Felicidades Tito Clive!

Sábado, 30. julio 2011

Pues eso: el hombre sin el cual esta mierda de web no existiría, nuestro dios y sumo sacerdote todo a la vez, cumple setenta y una (71) castañas. Y lo hace rejuvenecido y a la espera de un big fuckin´return que llegará en breve y que promete un fin de año tan movidito que ríanse ustedes de la tontería esa de las turbulencias financieras y tal. Huelga decir que Tito Clive se merece un regalo, y nosotros vamos a complacerle con uno que, dada su fama de hombre jovial y amistoso, seguro que le hace bastante gracia y le trae buenos recuerdos:

Jugando con el Sinclair Pandora

Martes, 7. junio 2011

Esto… Bueno, algo parecido. Es posible que un ordenador portátil moderno sea lo más parecido (al menos en su aspecto externo) al Sinclair Pandora, el laptop que Sir Clive deseaba poner a la venta en 1986. Porque ese año, mientras empresas como IBM vendían cosas como estas:

Sinclair pretendía a lanzar al mercado esto:

Durante su carrera empresarial Tito Clive ha tenido tres obsesiones principales: la TV en miniatura, el coche eléctrico y la tecnología de pantalla plana, aplicable a la propia TV o a un ordenador portátil. Podría decirse que los éxitos de Clive en el terreno de la electrónica y la informática no eran el fin, sino el medio para alcanzar metas que él consideraba más elevadas. El triunfo de artilugios como el Spectrum no interesaba una mierda, salvo para obtener dinero con el que financiar aquellas obsesiones que a Clive le ponían palote. Junto con el C5 y la TV80, el Mobile Spectrum pretendía demostrar al mundo que Sinclair Research se hallaba a la vanguardia de la tecnología, por delante incluso de los gigantes americanos y japoneses. Aquellos sueños húmedos de Sir Clive acabaron volviéndose contra él, tal como era de esperar, y la venta forzosa de su empresa a Amstrad acabó por destruirlos. Al menos el C5 y la tele de bolsillo tuvieron su oportunidad en el mercado, aunque fuese sólo para fracasar. Por la mala cabeza de Clive a la hora de tomar decisiones, sí; pero también por estar demasiado adelantados a su tiempo. El Pandora ni siquiera pudo pegarse un hostión: Alan Sugar, empresario mucho menos fantasioso y mucho más pragmático que Clive, liquidó el proyecto en cuanto se hizo con las riendas del imperio Sinclair.

Tito Clive era (y es) un inventor antes que un empresario. Eso, junto con su legendaria cabezonería, ha hecho que más de una vez acabe tirando piedras contra su propio tejado hasta terminar hundiéndolo. En el caso del Pandora fue su empecinamiento en utilizar una pantalla CRT plana en lugar de una LCD, una decisión carente de toda lógica excepto para el propio Clive, quien expresó públicamente su convencimiento de que el LCD no tenía futuro (!) en un momento en que este tipo de pantallas ya era capaz de suplir a las tradicionales de tubo catódico con un coste y un consumo de energía menores. El desarrollo del Pandora se convirtió por ello en una pesadilla para los ingenieros, generando toda clase de problemas y retrasos que drenaron las arcas de Sinclair Research de forma considerable.

Nunca sabremos si el Pandora habría tenido éxito en el mercado, al menos con la configuración de “Spectrum portátil” que inicialmente imaginó Clive. Porque al final, y esta es la parte más curiosa de la historia, el Pandora acabaría viendo la luz bajo el nombre y las formas del Z88, una suerte de PDA lanzada en 1988 con dos peculiaridades cuya ironía podría calificarse hasta de cruel: por una parte no era compatible con el PC pero sí con los BBC y otros ordenadores ideados por el que había sido el gran enemigo de Clive durante el primer lustro de los ochenta, Chris Curry; y por otro incorporaba una pantalla LCD de fabricación japonesa. La calidad de la máquina era sorprendente (yo mismo opino que es el mejor ordenador fabricado nunca por Sinclair tras probarlo durante una RetroMadrid), pero por desgracia le faltó la suerte necesaria para triunfar, aunque tampoco fue un fiasco. Al final Sir Clive abrió la caja de Pandora para acabar hasta las narices de todos los males que se encontró dentro y el Z88 sería el último ordenador que comercializó aunque, fiel a su cabezón estilo, durante los últimos años noventa estuvo dándole vueltas a la idea de resucitar el Pandora again en la forma de un portátil barato equipado con Linux, proyecto que no llegó a fructificar.

Artículo relacionado: Rick Dickinson.