Clive Marles Sinclair se convirtió en octogenario el pasado 30 de julio. La noticia es remarcable en sí misma, habida cuenta de que la esperanza de vida en Reino Unido es de 79 años para los hombres, pero sobre todo por la naturaleza de su figura, sobre cuya trascendencia huelga comentar nada a estas alturas. Menos todavía en una web donde disfruta de una sección propia como no podía ser menos tratándose del hombre al que le debe su existencia.

El discurrir de dicha sección ilustra lo que ha sido la vida de Sinclair durante la última década, que inició viviendo una especie de segunda juventud culminada en boda con quien fuera Miss Inglaterra en 1995 y bailarina exótica en el club del West End londinense que Clive frecuentaba cuando salía de juerga con sus amigotes. El matrimonio no acabó bien y a ello se unieron las consecuencias de una grave caída, que obligaron a Sir Clive a permanecer hospitalizado un largo periodo de tiempo durante el cual llegó a estar ingresado en cuidados intensivos. Así no sorprende que el último post que escribí con noticias frescas date de abril de 2017. Desde entonces, una discreta penumbra de la que el impulsor del Spectrum no ha querido salir.

Tal vez por ello las celebraciones no han sido las de tiempos pasados, ni siquiera en Internet y en las redes sociales que antaño se llenaban de entradas laudatorias y “memes” al llegar estas fechas. Tampoco es que importe mucho, la verdad: con ochenta años a cuestas este “eterno optimista” (tal como le bautizaron en un artículo del diario The Independent) ha hecho todo lo que cabía esperar en un hombre como él y su legado es indiscutible; tiene bien merecido descansar y que le dejen tranquilo.

(Dibujo: Carlos Patiño).

Aún así, hay quien ha querido celebrar la efeméride como corresponde a la ocasión, y en ese sentido cabe destacar la iniciativa de The Micro Museum, que en su canal de YouTube ha publicado una serie de cuatro minireportajes glosando vida, obra y milagros del Prohombre (así, con mayúscula) al que todos los fans del Spectrum debemos algo. Me ha parecido de recibo compartirlos aquí porque son interesantes (especialmente el último) aun estando en puritito inglés, porque no en vano el museo se localiza en Kent. No obstante, la posibilidad de generar subtítulos automáticos ayudará a quienes estén menos familiarizados con el idioma.

 

Primera parte: los orígenes.

En unas declaraciones a la TV que aparecen aquí, el padre de Clive dejaba claro que su vástago apuntó maneras desde chiquitajo. De formación autodidacta y caracterizado por una tenacidad a toda prueba, Sinclair comienza su carrera empresarial con solo 21 años vendiendo por correo amplificadores y radios de bolsillo, para más tarde zambullirse en el terreno (que no lodazal) de las nuevas tecnologías, representado entonces por las calculadoras de bolsillo y los relojes digitales de pulsera. A la par, investiga las posibilidades de la TV portátil ya en 1966, una de sus grandes obsesiones que lograría cristalizar años más tarde con el lanzamiento comercial de la segunda televisión en miniatura de la historia.

 

Segunda parte: del MK14 al Spectrum.

Y Sinclair, por fin, tocó el cielo con los dedos. Pero como no podía ser de otro modo en una trayectoria que alternó grandes éxitos con sonados fracasos, el final estaba escrito de antemano.

 

Tercera parte: ese trasto llamado C5.

La vida de Sir Clive ha estado marcada por sus obsesiones: el aprendizaje autodidacta (conviene recordar que en el colegio se aburría como una ostra y llegado el momento se negó en redondo a ir a la uni), la miniaturización, la tele de bolsillo, las mujeres… Pero una se lleva la palma sobre todas las demás: el coche eléctrico. Fue el gran sueño de su vida. Y sería también su mayor pesadilla.

 

Cuarta parte: entrevista a Barrie Willis.

La trascendencia y peculiar singularidad del C5 es tal que The Micro Museum le dedica dos minidocumentales. Barrie Willis, personaje clave para entender el último medio siglo de la industria automotriz, revela la curiosa conexión existente entre Clive Sinclair, John De Lorean y él mismo, lo que finalmente condujo a la entrada de Lotus en el proyecto del C5. Prestigioso ejecutivo del sector, cuando Sinclair le fichó para que convirtiese el C5 en superventas Willis pensó de inmediato que Sir Clive estaba como una cabra, pero aceptó el empleo simplemente por lo bien que le pagaban.

Su plan maestro era vender el C5 a partir del verano de 1985 y publicitarlo como un “juguete” con el que divertirse, pero Sinclair lo desechó y en vez de eso decidió presentarlo como coche eléctrico tecnológicamente avanzado y en uno de los días más fríos y oscuros del invierno de ese año, lo que para empezar afectó negativamente a las baterías (las bajas temperaturas disminuían mucho su rendimiento) y a la percepción que el público tuvo de él. Genio capaz de endosar hielo a los esquimales, Willis pensó en vender el C5 en Estados Unidos como carrito de golf (por el precio de uno normal podías comprar tres C5), pero la idea no cuajó antes de que Sinclair Vehicles tuviese que cerrar hundida por las deudas.

 

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