El de Bruce Lee es uno de los casos más singulares que he visto nunca en el mundo de los videojuegos. A principios de 2020 cumplirá treinta y cinco años de vida, nada menos; y recalco la palabra “vida” porque en efecto se trata de un juego que está más vivo que otros mejores que él, teóricamente merecedores de un estatus similar (cuando no superior) como programa clásico.

Es un asunto que ya traté hace casi veinte años. En todo ese tiempo la estima por este juego no ha hecho sino aumentar. Especialmente durante el último lustro y medio, si atendemos a la cantidad de versiones y remakes que se han hecho de él (cuatro en total si las cuentas no me fallan), dos de las cuales se han publicado este mismo año, la última titulada Kung-Fu Bruce: The Legend Continues, que llega ahora para amenizar la Navidad.

Lo que diferencia a Kung-Fu Bruce: The Legend Continues de productos anteriores es que toma los elementos básicos del juego original y los “reformula” para ofrecer algo esencialmente nuevo, aunque en ningún momento deje de recordar sus orígenes porque eso es lo que pretende. Como resultado, el juego conserva todas las características que definían al Bruce Lee de 1985 y por eso puede decirse desde ya que está bien y es entretenido. Sin embargo el mapa, dividido en varios niveles separados (cinco), es completamente diferente, así como también la aparición esporádica de enemigos nuevos como un ninja armado con nunchaku. El protagonista tiene ahora una barra de energía, que lógicamente perderá con cada golpe recibido pero puede recuperar mientras no le ataquen. A propósito de esto último cabe mencionar que una de las cosas que no cambian es la dificultad. Sigue siendo baja al menos al principio, salvo por la necesidad de alcanzar algunos farolillos a priori “inaccesibles”.

Otro detalle a destacar, quizá el más importante, es que Kung-Fu Bruce: The Legend Continues es lo que podríamos denominar un juego Speccylike, con aspecto y sonido que parecen sacados del Spectrum pero hecho para funcionar en sistemas modernos con Windows o Android, ya sean de sobremesa, portátiles o móviles. Sobre estos últimos es donde más se nota la antigüedad del diseño básico del juego, que en su momento se pensó para ser controlado desde el teclado o como mucho con un joystick.  El control táctil a base de “teclas imaginarias” dispuestas en la pantalla no resulta cómodo ni intuitivo.

Tres décadas y media no pasan en balde, es así de sencillo. Pese a ello, este “nuevo” Bruce Lee merece una consideración por su honestidad y respeto al original, que permite que todos lo disfruten sin demasiadas complicaciones. Sus autores, que ya tenían experiencia en embolados como este (Jet Pack Jaxx), han puesto su nueva criatura a disposición de todos aquí.

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