La nueva pesadilla de Clive Sinclair

Es muy probable que muchos de ustedes recuerden el Vega+, qué es, y hasta es posible que hayan seguido sus vicisitudes de un tiempo a esta parte. Hace un tiempo me hice eco de la puesta en marcha del proyecto en este post. Eso fue en 2016, y por entonces el proyecto Vega+ se las prometía tan felices como las miles de personas que decidieron participar en la campaña de captación de fondos organizada entonces por el fabricante. Su intención (la del fabricante,se entiende) era enviar las primeras unidades terminadas a finales de ese mismo año. O eso dijeron, pero las cosas se torcieron pronto.

Y se torcieron de un modo tal que si alguien decide algún día rodar una teleserie sobre la gestación de esta consola, encontrará material sobrado para convertir series como Halt and Cath Fire en lo que son: un coñazo. Material sórdido a la altura del proporcionado en su momento por la “no-consola” Gizmondo, con la que el Vega+ tiene un nexo de unión a través del responsable de su diseño externo, el fallecido Rick Dickinson, que a buen seguro andará bebiendo tila en litros allá donde esté.

Porque el asunto tiene miga. Y lo que es peor: no se ha resuelto y todo apunta que, cuando lo haga, lo hará de la peor manera. Por resumir, el más de medio millón de libras recaudado por Retro Computers Ltd. (presunta fabricante del Vega+) a través de Indiegogo “desapareció” misteriosamente y las consolas jamás llegaron a sus destinatarios. Tras meses de polémicas, rumores y fuertes protestas, a primeros de este año Indiegogo amenazó finalmente con emprender acciones contra RCL para salvaguardar su reputación, dañada por este y otros escándalos. Aunque es casi imposible que los inversores lleguen a recuperar su dinero algún día, el gesto debió servir de aviso a los responsables de la firma británica, que acto seguido se apresuraron a tomar cuatrocientas consolas de preserie para meterlas en cajas (sin embalar, tal cual, olvidándose de incluir hasta el cable de carga) y remitirlas a otros tantos usuarios. La intención era clara: evitar cualquier posible demanda demostrando que el Vega+ no era una entelequia y que el dinero recaudado había sido, efectivamente, invertido en desarrollar el producto.

Puro postureo, como se dice ahora. O un nuevo ejemplo del clásico tocomocho, que también. Porque ateniendo a los comentarios de quienes la han recibido, la consola Vega+ es básicamente un timo. Dejando a un lado el (ya de entrada) espinoso asunto del empaquetado, que RCL califica como “embalaje ético” justificando que así se protege el medio ambiente, el aspecto del aparato no coincide exactamente con lo esperado, haciendo gala de unos materiales y acabados tan pobres que dejan por las nubes a cualquier videoconsola china very low cost. Y aunque funciona, tampoco en este apartado cumple lo prometido inicialmente: lo de menos, si me apuran, es que no haya rastro de los 1.000 juegos que supuestamente iba a incluir, al igual que el Vega “de sobremesa”. En oposición a aquel, que puede considerarse un “Spectrum modernizado”, el Vega+ es un emulador que además corre una versión de FUSE , programa de distribución gratuita que cualquiera puede instalar en su ordenador o teléfono móvil. Por todo ello y por muchas cosas más (controles que fallan, juegos incompatibles y un extenso etcétera), no sorprende que algunos hayan rebautizado a la consola como Vegargh.

Las consecuencias no se han hecho esperar: la multinacional Sky, que actualmente posee los derechos de la marca Sinclair tras haber adquirido Amstrad hace algunos años, hacía pública y efectiva la prohibición de usar los logos de Sinclair y el Spectrum en el Vega+. Algo que RCL calificó inicialmente de “falsedad” y que provoca una situación esperpéntica: las consolas enviadas hasta ahora pasarían a ser ilegales, y si el fabricante continúa la producción se verá obligado a renombrar la máquina y cambiar su diseño, puesto que ya no puede llamarse “Sinclair” ni llevar impreso el logo del Spectrum, que al parecer Sky había cedido gratuitamente. Pero para ello necesitaría el beneplácito de… Clive Sinclair, quien a su vez posee el 25% de la empresa.

Todo apunta a que habrá nueva temporada del culebrón una vez finalicen las vacaciones, y que no será la última. Destaca la posición de Sir Clive, quien al mejor estilo de un experto en nadar y guardar la ropa como él, ha salido hasta ahora incólume de todo el follón montado a su alrededor, sin rastro alguno de mácula. Cualquier otro en su lugar estaría viviendo una pesadilla, pero no él: a sus 78 recién cumplidos, está curado de espantos. Seguiremos informado, o algo.

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