Jugando al Tiki Taca

En 1983 Ultimate Play The Game publicaba Atic Atac, su segundo juego para el Spectrum de 48 Kb. El primero había sido Lunar Jetman, al que Atic superó con creces: en líneas generales era notablemente superior y más divertido, faceta esta última a la que contribuyó un nivel de dificultad mucho mejor ponderado que lo hacía incluso asequible, aunque no por eso aburrido. Su impecable realización técnica y su ambientación ponían la guinda a un juego que enseguida alcanzó la categoría de clásico. No tardarían en surgir imitaciones aquí y allá, e incluso la propia Ultimate lo homenajeó en Pentagram (1986), buscando unir el espíritu de Atic Atac con el entorno tridimensional marca de la casa por aquel entonces: el Filmation.

Knight Lore + Sabre Wulf + Atic Atac=Pentagram.

Por tanto, Tiki Taca no es el primer intento de hacer un Atic Atac al estilo Filmation… pero sí es el que más se aproxima a lo que cabría esperar de un Atic Atac al estilo Filmation. El dúo compuesto por el programador Climacus y el grafista Igor Ezkarring se embarcó en lo que sin duda era un entuerto, y se puede decir que han salido bastante airosos de él. A priori, conseguir que un juego 3D como este se mueva con la rapidez propia de un arcade como Atic Atac se presenta como un reto imposible de lograr en un Spectrum, y sin embargo es precisamente esa la faceta más destacable de Tiki Taca. La velocidad del juego es asombrosa, equiparándose sin ningún problema a la del original cuyos gráficos, huelga decir, son mucho más simples en su diseño.

Original versus “copia”, frente a frente.

Por lo demás, Tiki Taca calca a su antecesor argumento, desarrollo de la partida y mapeado. Hasta el mobiliario presente en las habitaciones que lo tenían es el mismo. No faltan los tres personajes con los que jugar, cada uno con sus características especiales fielmente reproducidas. Y desde luego tampoco podía faltar el famoso pollo que va quedándose en los huesos conforme nuestras energías se consumen, pero hecho en tres dimensiones como no podía ser de otro modo. Y el control direccional, además de simple y fluido, posee una respuesta envidiable. No supone traba alguna para desplazarse por el castillo masacrando espectros sin piedad.

Pero no hay moneda que no tenga cara y cruz, y en el caso de Tiki Taca la cara (esa velocidad a la aludíamos) tiene su cruz en el aspecto gráfico. No llega a ser tan vistoso como cabría esperar en un juego “tipo Filmation” como este. De hecho, se queda por detrás de viejos clásicos del género como, mismamente, los producidos por Ultimate en los ochenta. No digamos ya comparándolo con los barrocos Bat Man o Head Over Heels. Los gráficos son pequeños y a causa de ello les falta algo de definición, pero lo peor es el color. Mejor dicho: la falta del mismo. Todas las pantallas están “pintadas” en blanco y esto, además de quitarle atractivo en el aspecto visual, resulta problemático en un castillo donde muchas de sus 140 habitaciones son bastante parecidas entre sí. La orientación puede complicarse, en especial para quienes no conozcan demasiado el Atic Atac original, lo que hace que acabar el juego no resulte tan sencillo porque, entre otras cosas, podemos perder un tiempo precioso deambulando sin rumbo hasta “situarnos”. Y mientras tanto nuestra energía se va consumiendo…

No obstante, todo tiene su explicación, porque así es posible identificar fácilmente las puertas que han de abrirse con llave en aquellas pantallas donde se localizan. Los marcos de dichas puertas sí están coloreados (con el color de la llave necesaria para abrirlas), algo que habría sido imposible hacer de otro modo dadas las limitaciones del Spectrum trabajando con gráficos en color, y más en programas de esta clase. Pero cabe preguntarse por qué los autores no quisieron colorear el resto de pantallas para así darle al juego algo de “chispa” gráfica y ayudar a que entrase por los ojos de los posibles jugadores. Personalmente dudo que no hiciesen sus pruebas, y en tal caso seguro que vieron algo que no les acabó de gustar. Sus razones tendrían, pero no hay duda de que así Tiki Taca pierde enteros incluso frente al Atic Atac, cuyos simpáticos gráficos llegan a resultar más atractivos precisamente gracias al colorido del que hacen gala.

Cosas del Spectrum y sus taras. Son esas taras y no la impericia del programador (aunque él se considere desordenado a la hora de picar código) lo que hace que Tiki Taca arrastre algunos defectos de bulto, pero es el precio a pagar si queremos hacer un arcade al estilo Filmation, forma de visualización 3D circunscrita a las videoaventuras por todo lo que exige a una máquina como el Spectrum, que no deja de ser lo que es. Nos guste o no admitirlo. Por lo demás, no cabe reproche alguno contra el juego ni contra sus autores. Como reto de programación aprueba con nota, haciendo tangible una idea completamente disparatada sobre el papel. Y como juego, reúne suficientes virtudes para mantener entretenido a cualquiera, gozando además de suficiente personalidad propia como para ganarse un calificativo que vaya más allá de ser un “simple” remake. Un auténtico ejercicio de Tiki-Taka en el Spectrum.

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