El fin (del SIMO, por supuesto)

Hace unas pocas semanas, los responsables de la mayor feria informática española, el SIMO, sorprendían a propios y extraños anunciando la suspensión de la edición de 2008, aduciendo como principal motivo que la retirada de los expositores más importantes por culpa de la crisis le restaba al evento buena parte de su atractivo. Como ha venido ocurriendo últimamente con no pocas decisiones de trascendencia, todo apunta a que la palabra “crisis” ha sido utilizada a modo de cortina de humo tras la que esconder las verdaderas razones para, en el caso que nos ocupa, salir corriendo y dejar en la estacada a decenas de PYMES que ya tenían todo a punto para acudir al certamen, desembolsando por ello una buena cantidad de dinero.

Aunque nadie duda que la dichosa crisis haya podido influir en algo a la hora de provocar este follón, a nadie se le escapa que el SIMO llevaba años herido de muerte. Comenzando por el anacronismo absoluto oculto tras el significado real de sus siglas (Salón Internacional del Mobiliario de Oficina), la definitiva expansión de Internet como medio de información global y “a la carta” ha dejado obsoletos eventos presenciales como este. No debemos sentir lástima por ello, pues se trata de una clara muestra de la evolución de la sociedad, además para bien: gracias a la Red, las PYMES (las empresas que realmente sustentan el tejido industrial y las que dan de comer a la mayoría de la población mundial) disponen de un escaparate barato, de fácil acceso y libre, con el que se llega a un número infinitamente mayor de posibles clientes, quienes pueden acceder rápidamente a la información que necesitan desde cualquier lugar, sin esperar a fechas concretas. Por añadidura, y para los que son potencialmente asociales como yo, con Internet no hay necesidad aguantar a una marea humana formada mayormente por borregos, dispuestos a matar por llevarse un bolígrafo como recuerdo de su visita a un stand.

Ya era hora de que alguien tuviese los arrestos necesarios para  encerrar al dinosaurio en la vitrina del museo que le corresponde. Otro asunto es que las cosas se hayan hecho bien y a su debido tiempo, algo sobre lo que habría mucha tela que cortar. Pero lo que más sorprende es que, buceando por Internet, se tiene la impresión de que no poca gente (o gentecilla) deseaba que llegase este momento. Como si de una turba sedienta de sangre se tratase, deseaban ver caer el árbol y hacer leña de él de la forma más inmisericorde posible, olvidando que durante muchos años el SIMO fue enormemente beneficioso para la escena informática española.

Los años 80 llevaron al SIMO y a su “colega” barcelonés Informat, desaparecido en 1999, a su máximo apogeo. La imparable introducción de los ordenadores en el hogar y las pequeñas empresas le llevó a convertirse en una visita casi obligada, toda vez que los medios especializados de la época (revistas principalmente) no podían absorber la cascada de novedades que se producía prácticamente a diario, así como tampoco cubrirla de forma adecuada. Para mi recuerdo quedará aquel periodo entre 1984 y 2000 en que acudí a todas las ediciones sin casi faltar a una sola. Y es que a pesar de tener que soportar cosas que no me gustaban (para empezar, a la gente), de verdad merecía la pena ir, y tengo muchos momentos dignos de retener en la memoria: la primera vez que probé el Spectrum+, la presentación de los modelos 128 (sobre todo el +2, cuyo lanzamiento se produjo poco antes de la feria), los primeros pasos con el Amiga y el PC, aquellas partidas al Decathlon o al Ghostbusters en el SIMO 84 delante de un montón de espectadores, el ambiente de cierta ingenuidad que se respiraba entonces, el Duke Nukem, el I-Mac y los primeros balbuceos de Internet ya en los 90…

Es un hecho que el SIMO y otros eventos semejantes tenían que desaparecer más temprano que tarde. Respecto al SIMO, dudo mucho de su continuidad a partir de 2009 pese al empeño de sus organizadores, a no ser que medie un profundo replanteamiento que pasaría por convertirlo en un certamen plenamente profesional, acabando de raíz con el “cáncer” en que se había convertido la excesiva presencia de freaks (llamémosles así) en las últimas ediciones, algo que sin duda ha contribuido a ahuyentar expositores y a reducir su calidad. De todos modos las empresas ya tienen la Red para hacer negocios, y mediante videoconferencias se pueden hacer muchas cosas sin necesidad de desplazamientos, con los beneficios que ello supone. Definitivamente, el tiempo del SIMO se conjuga en pasado.

Con imágenes como esta, no es de extrañar que el SIMO haya desaparecido.

2 thoughts on “El fin (del SIMO, por supuesto)

  1. Yo fui a pocos, la verdad. Mayormente los finales y la verdad es que no sé ni para qué iba con tanto stand de grandes fabricantes y poquísima divulgación.

    El único que realmente recuerdo con cariño fue una vez que me llevarán, siendo yo bastante enano, y había un «robot» (nótense las comillas) con un pantallón enorme en el pecho. Ni me acuerdo del año ni del nombre del robot, pero estoy seguro de que fue de los primeros porque se celebró en La Casa de Campo y aquello era como de andar por casa. Creo que fuimos porque mi madre se había echado un novio medio informático, medio piloto. Era un friki de cuidado de la época. Lástima que la relación no cuajara… :-/

  2. Curiosa historia. Yo de los que se celebraron en Casa de Campo fui a todos los que pude.

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