En este año de 2020, el ZX-80 cumplió cuarenta años, un aniversario que ha pasado totalmente desapercibido y que podríamos achacar a las circunstancias, pero que no por eso deja de sorprender. Aunque bien pensando tampoco debería.

¿Por qué? El ZX-80 fue el pie en la puerta que permitió a Clive Sinclair introducirse en el mundo de los ordenadores domésticos, y aunque era una máquina muy deficiente, cumplió con éxito la tarea que se le había encomendado. Pero su difusión no fue excesiva y tuvo una vida efímera, sepultado por las circunstancias de un mercado que evolucionaba con inusitada rapidez y que lo dejó obsoleto prácticamente de un día para otro por exigencias del guión, propiciadas incluso por la misma mente pensante que lo había ideado.

Extracto del cómic Vida de Sinclair, obra de J.C. Tomás y publicado en el número 28 de la revista ZX. Muy elocuente.

De los cuatro ordenadores comercializados por Sinclair Research a lo largo de su historia (el ZX-81, el Spectrum y el QL además del propio ZX-80), este último es el menos conocido y recordado en la actualidad. La aparición de su sucesor transcurrido apenas un año desde su lanzamiento, un ordenador mucho mejor (dentro de sus limitaciones) y encima más barato, barrió con él al extremo de que muchos aficionados al Spectrum desconocen su existencia. Estas circunstancias y el hecho de haber sido pionero en un territorio donde todo estaba por hacer, hasta el punto de que si querías disfrutar de un juego prácticamente tenías que programártelo tú, hacen que el software disponible para el ZX-80 no abunde precisamente, y que el aparato tampoco se llegase a “exprimir” tanto como en otros casos. Siempre teniendo en cuenta, a la hora de conjugar el citado verbo “exprimir”, que un ZX-80 era lo que era y daba para lo que daba, que esencialmente era lo mínimo que se le podía exigir a un aparato como ese para ser considerado un ordenador, aunque fuese por los pelos.

Por eso no extraña que el vídeo que aparece a continuación, titulado Juegos que llevaron al ZX-80 hasta sus límites, sólo muestre unos cuantos programas que, huelga decir, son además muy simples. O no, si tenemos en cuenta (de nuevo) las carencias del ordenador. Si bien es cierto que en algún caso no había más remedio que utilizar hardware añadido para que el programa de turno pudiese funcionar en tan espartano artefacto, en otros resulta increíble lo que se consiguió sin él. Algún caso reciente ya fue mencionado por aquí en su momento, de hecho.

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