Poco cabe decir a estas alturas sobre The Way of Exploding Fist y su leyenda, que en su momento dio pie a dos secuelas. Echando mano a una especie de regla no escrita seguida también por Gremlin para crear la secuela de The Way of the Tiger, y según la cual un arcade de artes marciales debía tener una continuación con formato de videoaventura, a Exploding Fist le siguió un Fist II cuyo subtítulo The legend continues resultaba muy elocuente, yendo más allá de la “simple” ensalada de tortas planteada en la primera entrega. Recorriendo un mapeado enorme localizado en medio de una inhóspita selva horadada por cavernas, había que localizar un conjunto de pergaminos sagrados con el que derrotar al archienemigo de turno. Todo mientras, por descontado, nos enfrentábamos a sus esbirros a base de barridos, puñetazos, patadas voladoras y demás parafernalia sacada del cine hongkonés de artes marciales, que no artes marcianas.

Fist II, The Live Action Movie.

Aunque la nueva entrega de Exploding Fist obtuvo un éxito rotundo, nadie esperaba una tercera parte porque se creía que esta saga había dado de sí todo lo posible. De hecho, conviene recordar que comprar Fist II equivalía a comprar dos juegos en uno: un remake del primer Fist y el juego completamente nuevo conformado por la aventura propiamente dicha. Y sin embargo llegó, para sorpresa de todos, hacia finales de 1988, con la firma del mismo equipo de programación australiano creador de las anteriores entregas (Beam Software), pero esta vez distribuido bajo el paraguas de Firebird Software en vez del de Melbourne House. En contraposición a la ambiciosa campaña publicitaria que anticipó el lanzamiento de Fist II el nuevo juego, llamado ahora Exploding Fist +, aterrizó en las tiendas prácticamente por sorpresa y dejando claro desde el primer momento, negro sobre blanco, cuáles eran sus intenciones.

Porque la realidad es que quienes lo programaron no parecían haberse esforzado mucho: los personajes copiaban todos el grafismo de Fist II y los combates pasaban a desarrollarse en un único escenario (contra los tres del primer Fist) que pretendía ser un trasunto de Times Square pero sin apenas detalles que le diesen vida. Si se hubiese publicado en la actualidad, podrían haber justificado el argumento diciendo que tiene lugar durante los confinamientos por el COVID. El juego retomaba los mimbres del Exploding Fist original y por tanto el objetivo volvía a ser llegar al décimo dan de karate repartiendo hostias a mansalva, pero para marcar diferencia respecto a sus ancestros debíamos combatir contra dos rivales simultáneamente, El esquema de International Karate +, lanzado casi dos años antes.

Con todo, Exploding Fist + era un juego majete. Porque no en vano recordaba indefectiblemente a sus ilustres ancestros, que eran excelentes, y especialmente al primero. Aunque acabase resultando tedioso, como bien deja caer Mike Myers en la partida adjunta disponible en nuestro canal de YouTube. Una partida en la que alcanza el décimo dan sin excesivas complicaciones y que acaba “abandonando” por una mezcla de aburrimiento y falta de tiempo:

“Podría haberme tirado mucho más tiempo jugando (descubrí un truco con el que es posible liquidar a los rivales en 10 segundos, y que podéis ver un par de veces) pero se me hacía tarde, y decidí jugar en plan kamikaze”.

No te digo y te lo digo .

2 thoughts on “Más allá del Puño que Intercepta”
  1. Por supuesto, eso no admite discusión, pero Fist II también tenía su aquel. Era un buen programa y el “giro aventurero” le quedaba como un guante.

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