En este espacio ya le dedicamos en su día un buen hueco a los machacaladrillos, y por ello no hay motivo para extenderse más de lo imprescindible en la presentación de este artículo. Aunque el género tuvo presencia en el Spectrum desde sus primeros pasos, entre el lanzamiento de Arkanoid a mediados de 1987 y la llegada de su secuela Arkanoid II un año más tarde esta clase de juegos vivieron una edad dorada que, si en efecto duró bastante poco, dejó como recuerdo alguno de los mejores productos de ocio destinado al Gomas y sus hermanos, con el mencionado Arkanoid II como portaestandarte. El programa, que aglutinaba todo lo que cabía esperar de un buen machacaladrillos, de hecho era tan condenadamente bueno que resultaba casi imposible de mejorar, de modo que eliminó de un plumazo casi toda capacidad de respuesta por parte de posibles competidores.

“La luz que brilla con el doble de intensidad, dura la mitad de tiempo”.

Respecto al lenguaje BASIC casi podríamos calcar las dos primeras frases del párrafo anterior, simplemente sustituyendo la palabra “machacaladrillos” por razones obvias. En un ordenador como el Spectrum, la asociación entre BASIC y videojuegos siempre resultó igualmente obvia porque los chavales que casi siempre lo manejaban (usualmente para jugar) y deseaban programar con él (usualmente para escribir juegos con los que divertirse y hacer pasar un buen rato al personal), encontraban en el BASIC la plataforma ideal con la que iniciarse e ir paso a paso hasta cumplir sus sueños. En lo personal, sostener opiniones como estas y defender al Spectrum como una videoconsola con teclado me ha supuesto algún que otro encontronazo con miembros de la cada vez mas nutrida piara de oligofrénicos que infesta las redes sociales, entorno del que a estas alturas es bastante recomendable mantenerse tan alejado como sea posible. Pero también, aunar BASIC y videojuegos me proporcionó grandes momentos de satisfacción siendo yo un crío, aunque se tratase de una satisfacción más o menos “forzada”.

Por tanto, en la actualidad no sorprende que existan certámenes como el organizado por Bytemaniacos animando a programar el mejor juego posible en BASIC Sinclair. La edición actualmente en marcha, que concluirá a principios de 2022, ya ha recibido unos cuantos juegos a concurso; pero si alguno se ha estacado hasta ahora (sin desmerecer al resto), ése es sin duda Arkanoid Back to Basic.

Que es lo que su propio nombre indica: un remake de Arkanoid II programado en BASIC Sinclair, con dos cojones. Lo que a priori podría interpretarse como una soberana estupidez o puro ejercicio de vagancia para presentar un juego a concurso trabajando menos que un consejero delegado, se explica con todo lujo de detalles en las instrucciones incluidas en el ZIP del juego, que puede descargarse gratis en la página del concurso. Leyéndolas queda claro que para su autor, IgnaCobo, no fue nada fácil “calcar” algo tan sofisticado como Arkanoid II usando un lenguaje con tan escasos recursos.

Es como cuando los turcos se lanzaron a copiar el Superman de Richard Donner usando los medios cinematográficos y presupuestarios locales. El resultado de semejante maniobra solo puede garantizar diversión a manta, pero en este caso con el añadido de que son también mucho más dignos gracias al virtuosismo del programador. El BASIC impone sus restricciones, eso sí: el consumo de memoria limita el número de niveles a 17 contra los 64 del original. No existe por tanto la posibilidad de elegir un recorrido, como tampoco existen enemigos finales y se suprimen igualmente los “bichos” que nos estorban mientras jugamos cada nivel, donde tampoco disfrutaremos de tantos power ups como en la versión hecha profesionalmente por Mike Lamb en lenguaje ensamblador.

Como contrapartida, Arkanoid Back to Basic permite seleccionar varios grados de dificultad e incluye hasta un editor de niveles, dos cosas que se echaban de menos en el producto comercializado por Imagine Software en 1988. Si tenemos en cuenta que además ABtB respeta en buena medida el apartado gráfico, que IgnCobo haya conseguido una tasa de refresco próxima a las 10 imágenes por segundo puede calificarse como de proeza, lo que junto con una buena respuesta a los mandos permite disfrutar sin complejos de este invento. Francamente no se puede pedir más.

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