Ése era el subtítulo de Yenght, el conversacional (que no aventura de texto) más famoso del software español junto a Don Quijote.

Porque fue el primero de su género en castellano, publicado por una Dinamic incipiente cuando estos juegos eran casi tan desconocidos como el mismo Spectrum, que por aquel entonces no llevaba comercializado en el mercado español ni tan siquiera un año. Con Yenght los hermanos Ruíz quisieron seguir la pauta marcada por las aventuras originarias del Reino Unido, donde con un mercado algo más maduro y adulto y siguiendo tendencias importadas desde Estados Unidos, estos potajes solían venderse bien entre aquellos que preferían embarcarse en algo más intelectual que una simple matanza de extraterrestres. Respecto al fenómeno ya escribí en su momento y por tanto carece de sentido explayarse más.

Comparado con los mejores productos del ramo, a los que pretendía emular, Yenght era argumentalmente pueril y técnicamente zafio. Pero la condición de pionero en su país lo destacó enseguida y le hizo popular pese a su vulgaridad. Con el paso de los años, la nostalgia y todo lo asociado a ella lo elevaron a la categoría de clásico, y ahí permanece hasta hoy.

Para la ocasión, Mike Myers lo termina de dos formas distintas: la primera es la “normal”, liquidando a cinco enemigos para llegar al final; y la segunda sin tener que matar a nadie.

 

 

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