Si en España 1986 podría haberse conocido como “el año de los clones de Profanation”, en Europa podría haberse llamado “el año de los juegos de estilo Filmation”. Daba la impresión de que toda casa de soft que quisiera ser considerada como respetable debía tener un juego de estos en su catálogo, con independencia de que dicho estilo gráfico fuese o no el más adecuado para la temática a desarrollar.


Tal era el caso de Kirel, uno de los juegos de puzles más curiosos que recuerdo haber jugado nunca en un Spectrum, y que destacaba por… ¿Adivinan? Su protagonista, un simpático trozo de cosa con prominentes ojos saltones, debía apañárselas para desactivar las bombas diseminadas por cada uno de los 70 niveles disponibles antes de que se le agotase en tiempo, o que unos bichejos con forma de bacteria con ojos (saltones, of course) le drenasen la energía.

A priori el planteamiento era muy divertido, pero la perspectiva escogida no resultaba la más adecuada para un juego así, más cuando por limitaciones del diseño no era posible rotar el escenario con libertad. De este modo, era fácil que en nuestra cabeza se generase un cacao de narices mientras nos devanábamos los sesos tratando de resolver las situaciones que el juego nos planteaba.

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