A los lectores veteranos de esta web (que alguno habrá después de tantos años, digo yo) seguramente les llame la atención nuestra especial querencia por el programador Dusko Dimitrijevic, a quien con la tontería le habremos dedicado con este tantos artículos como para repasar casi toda su softgrafía. Solo nos faltaría hablar del primero de sus juegos, Kung Fu, que también fue el primero de artes marciales para Spectrum. O mucho me equivoco o acabará cayéndole un artículo como está mandado, porque el juego puede calificarse, como mínimo, de peculiar.

Como también lo era su autor, una rara avis en el mundo de los videojuegos al tratarse de uno de los pocos programadores del Bloque del Este (si no el único) que, durante uno de los periodos más crudos de la Guerra Fría, trabajaba en su país para empresas occidentales y luego vendía su trabajo internacionalmente, además con éxito. Que yo recuerde ahora mismo, ni el legendario Alexei Patjinov llegó tan lejos: tuvo que esperar a la Perestroika de Gorvachov para que su nombre fuese reconocido al otro lado del Telón de Acero, y tuvo que batallar durante años en los tribunales para ver algún dinero por los derechos del Tetris.

“Así me quedo al pensar en todo el dinero que no pude ganar”.

Todo esto se explica en buena parte porque el singular Dusko provenía de un lugar no menos singular que él. Yugoslavia era un crisol de naciones independientes aglutinadas artificialmente tras la Primera Guerra Mundial. Como estado era pura entelequia y su historia estuvo repleta de convulsiones, pero conoció un largo periodo de estabilidad bajo el mando del mariscal Tito, otro individuo singular que gobernó el país durante cuarenta años empleando una mezcla de mano de hierro y comunismo softcore que proclamaba su neutralidad en el enfrentamiento USA – URSS, permitía una cierta libertad de expresión, la economía de mercado (siguiendo un modelo parecido al aplicado más tarde en China, aunque bastante menos radikal) y la libre circulación de personas dentro y fuera del país, por lo que Yugoslavia era en muchos aspectos la envidia de sus vecinos y del COMECON, algo así como la UE Roja.

No sorprende pues que Dimitrijevic pudiese trabajar plácidamente en su casa y viajar de vez en cuando a Inglaterra para vender allí sus juegos; entre ellos Movie, que en 1986 fue un triunfo sonado. Con todo, seguía siendo un veinteañero que pasaba bastante desapercibido y la mayoría de sus fans occidentales jamás lograron ponerle cara, aunque en su país llegaron a dedicarle un reportaje televisivo en el que puede verse a su grafista habitual Dragoljub Andjelkovic, licenciado en Artes Aplicadas, manejando un primitivo escáner para pasar al Spectrum los gráficos de Kung Fu dibujados previamente en papel:

En 1988 y con Phantom Club, su último juego, recién salido del horno, no cabía esperar que el yugoslavo se descolgase con una nueva creación, pero sorprendió a todo el mundo haciéndolo y además a través de una revista, Your Sinclair, en lo que constituía un golpe de efecto sin parangón: el programador de Movie e Imagine Software, la prestigiosa firma que lo distribuyó, publicando un juego completamente nuevo en exclusiva para una de las revistas británicas más conocidas del sector. Por desgracia, el efecto no rebasó la orilla norte del Canal de la Mancha y, que se sepa, jamás se hizo mención alguna al programa en lugares como España. Como luego veremos, tal vez fuese mejor así, pero casos como este demuestran una vez más cómo era el mundo antes de existir Internet y lo aislado que uno podía llegar a estar de él pese a vivir a tres horas en avión de Londres.

A priori, Play for your Life no tenía mala pinta: siguiendo una de las modas imperantes en aquel entonces, que luego daría pie a juegos como Speedball, y con un argumento que recordaba al que películas como Rollerball, el protagonismo gira en torno a un violento deporte futurista en el que dos cyborgs se enfrentan a muerte en un recinto cuadriculado con el objetivo de marcar más puntos que rival. Para lograrlo, el jugador debe introducir un número variable de pelotas (hasta cuatro) en la diana contraria golpeándolas con un bate. Hay un total de 26 niveles con dificultad variable (consiste sobre todo en la adicción de obstáculos en el “ring”) que pueden jugarse por orden correlativo o aleatorio, y consigue la victoria quien marca tres tantos o mata al contrario a batazos. Como decimos, a priori la cosa no tenía mala pinta vista así, pero nada más concluir la carga del programa, el panorama cambiaba de forma drástica.

Boceto de los gráficos de Play for your Life.

Porque todo indica que los autores “reciclaron” a toda prisa el motor gráfico de Phantom Club (que a su vez era una evolución del utilizado en Movie) y lo plantificaron aquí sin depurarlo mucho. El resultado es un movimiento lento, confuso y trabado, que complica especialmente el golpeo de la bola. Esto es sin duda lo más frustrante: si ya resulta difícil golpear una pelota que no para de botar por un entorno isométrico como este, dirigirlo de manera adecuada resulta virtualmente imposible. Si por casualidad acertamos a la pelotita es casi seguro que saldrá disparada hacia donde le dé la gana, pues no hay manera de saber cómo dirigirla. En tales circunstancias la partida se convierte en un ejercicio monótono y tedioso, inmersos en un entorno de gráficos fríos y sosos que acaba por rematar (para mal) la faena.

Aunque tampoco cabría esperar mucho más de un juego vendido a bajo precio con una revista, es una lástima que la carrera de “Duke” Drimitrijevic tuviese una conclusión tan triste. Play for your Life supuso igualmente el declive de Imagine Software, que desaparecería al año siguiente absorbida por su casa matriz, Ocean.

Como también desaparecería el bueno de Dusko a la par que su propio país, arrastrado a una espiral de inestabilidad creciente tras la muerte de Tito y finalmente desmembrado en la cadena de guerras civiles que lo devastaron a partir de 1990. En una entrevista concedida años más tarde a la revista Retro Gamer, el programador exyugoslavo relataba cómo se enteró del inicio de la contienda de un modo desgarrador: estaba sentado frente a la tele viendo las noticias cuando aparecieron imágenes del bombardeo sobre un pueblo que identificó de inmediato porque se encontraba a escasos kilómetros de su casa. Llamado a filas por el recién creado ejército croata, él afirma que durante los meses que pasó movilizado no mató a nadie aunque no le faltasen oportunidades para hacerlo.

La guerra le separaría de muchos de sus amigos, en ocasiones para siempre. No fue el caso del ahora serbio “Dragan” Andjelkovic, que sobrevivió a aquella matanza y con el que mantiene una buena relación. Dusko sigue vinculado al mundo de los ordenadores como gestor de sistemas de seguridad bancaria, pero no se plantea volver a los videojuegos. No desde luego al terreno de los que un día le hicieron famoso, porque reconoce que no es una persona nostálgica a la que le interese especialmente echar la vista atrás. Tampoco sorprende, dadas las vicisitudes por las que ha tenido que pasar, pero nunca se sabe…

One thought on “Juega por tu vida”

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