Ordenador /computador -ra: Máquina electrónica capaz de realizar un tratamiento automático de la información y de resolver con gran rapidez problemas matemáticos y lógicos mediante programas informáticos.

Desde siempre se ha aceptado que el ZX-80 fuel el primer ordenador de Sinclair. La afirmación como tal es cierta, pero no totalmente. Si bien es verdad que el ZX-80 fue el primer ordenador comercializado por Sinclair Research (entonces denominada Sinclair Computers), desde un punto de vista estrictamente ceñido a la definición con que se inicia este artículo, podría decirse que el primer ordenador comercializado por Clive Sinclair fue la calculadora Sinclair Executive de 1972. No obstante, se entiende que aquel chisme no sea calificado como tal porque no responde a lo que habitualmente consideramos “un ordenador”, pues una calculadora es un aparato más sencillo cuyo diseño se orienta específicamente a la única tarea que en principio es capaz de realizar: cuantificar el producto de una operación matemática y mostrarlo en una pantalla.

Que es justo lo que realiza un ordenador, solo que en una magnitud diferente aunque sea idéntica en lo básico. En ese sentido, y como ya hemos indicado, el ZX-80 se considera como el primer ordenador de Sinclair. Pero resulta que esto NO es cierto.

Porque antes hubo otro. En concreto ESTE:

El MK14 es el gran olvidado entre la variada pléyade de aparatos comercializados por Clive Sinclair durante su extensa trayectoria como inventor y empresario. Casi todos los que hayan leído algo sobre el Tito Clive por ahí, incluso sin ser aficionados a la informática o antiguos propietarios de algún artefacto suyo como el Spectrum sin ir más lejos, podrán recordar sus inicios vendiendo radios de bolsillo y posteriormente sus “amplis”, sus diminutos televisores, las calculadoras, el reloj digital de pulsera, el coche eléctrico, la bicicleta eléctrica, la plegable… Y por descontado, los ordenadores domésticos ofrecidos bajo la marca Sinclair Research a lo largo de toda la década de 1980.

Entre tanta parafernalia, el MK14 se ha quedado en una especie de “limbo”, oculto incluso por productos que supusieron un fracaso estrepitoso para Sir Clive y que contradictoriamente son más recordados. Porque al revés que engendros como el Black Watch, el MK14 tuvo bastante éxito; un éxito comparable en cifras al del ZX-80, cuya excelente aceptación fue motivo de asombro en su día y marcó un camino a seguir.

A primera vista, y especialmente fijándonos en su teclado alfanumérico de veinte teclas, el MK14 podía confundirse con otra calculadora como tantas que inundaban el mercado en el momento de su comercialización, pero “en basto”, lo que quiere decir “sin carcasa”. Sin embargo, el aparato iba mucho más allá. El significado del acrónimo tras el que se esconde su verdadero nombre (Microcomputer Kit) era toda una declaración respecto a su utilidad e intenciones.

Diseñado a mediados de los setenta por un joven y brillante ingeniero británico llamado Ian Williamson, el MK14 era esencialmente una placa de circuito impreso controlada por un procesador muy sencillo (incluso para aquel momento) y el aditamento de un pequeño teclado táctil, una “pantalla” compuesta por varios segmentos LED dispuestos en fila horizontal y 256 bytes de RAM junto a otros 512 de ROM. Lo que realmente marcaba distancias respecto a una simple calculadora, más allá del hecho de ser programable, era su capacidad de expansión tanto a nivel de memoria (inicialmente ampliable hasta 640 bytes) como de periféricos. Se le podía conectar un televisor, a través del cual podía mostrar texto y gráficos simples, o un casete para almacenar y cargar programas. Tratándose de un conjunto de piezas ideado para que el eventual usuario aprendiese los rudimentos de la electrónica y la informática, al punto de que el manual de instrucciones incluía nociones básicas de soldadura, era posible trastear con la placa para cosas como añadirle aún más RAM (hasta 2 Kb) o sonido. A efectos prácticos, el MK14 era un antepasado de la Raspberry Pi.

Modelo de un tátara-tátara-tátara-tátara nieto del MK14.

A mediados de 1977, Ian Williamson se presentó en las oficinas de Clive Sinclair en Cambridge y le mostró a él y a la que entonces era su mano derecha Chris Curry un modelo preliminar del equipo. Se daba la curiosa circunstancia de que Williamson, además de haber rechazado una oferta de empleo del propio Clive algunos años antes, había usado una calculadora Sinclair como base para los primeros diseños, modificados luego progresivamente. La marca Sinclair llevaba existiendo como tal desde 1961, pero la empresa que sustentaba dicha marca (Sinclair Radionics) vivía días muy convulsos. Había sido intervenida por el Estado tras el fracaso del Balck Watch y Clive, tan poco amigo de dejarse malear como del intervencionismo estatal que paradójicamente le había salvado de perder hasta la camisa, se sacó de la manga un cambalache digno de cualquier emprendedor español: como no quería que una piara de rojos le dictase órdenes, tomó los derechos nominales de una empresa sin actividad de la que era propietario, puso a Chris Curry al frente y la renombró (tres veces) para esquivar el control estatal, ahorrando de paso un dinerillo en impuestos. Esa empresa era Science of Cambridge, que un día sería, a su vez, el germen de la futura Sinclair Research.

A modo de paripé con el que justificar la empresa dándole algo que hacer, Clive la puso a vender este reloj calculadora que, por lo visto, era lo puto peor.

Irónicamente no fue Sinclair quien impulsó la comercialización de aquel chisme a través de su empresa sino el citado Chris Curry, verdadero cerebro de la pareja y principal responsable de sus mayores éxitos, como la mencionada calculadora Executive. El interés del público en la electrónica y informática era evidente y crecía poco a poco, pero aún se antojaba escaso para justificar cualquier inversión encaminada a desarrollar un ordenador personal, fabricarlo en masa y venderlo entre el gran público. La coyuntura social y económica en el Reino Unido era desastrosa, y no cabía imaginar que la gente corriente tuviese muchas ganas de comprar un ordenador por barato que fuese. Sin embargo, a Curry la idea le gustó. Vio su potencial y convenció a su jefe sobre la viabilidad del proyecto.

Y acertó. Los aproximadamente 30 componentes del equipo (incluyendo la placa y hasta un botón de reset) eran sencillos y baratos de adquirir. Además Curry se las arregló para negociar reducciones de costes adicionales, de modo que el MK14 pudo venderse por un precio inferior a las 40 libras sin IVA, equivalentes a 230 de hoy día o a 260 euros. Vista la rusticidad de su construcción y prestaciones podría parecer una exageración, pero para cuando las primeras unidades llegaron a la calle a principios de 1978 no lo era en absoluto, sobre todo tendiendo en cuenta que algunos competidores directos y fabricados también bajo la misma estructura de kit do it yourself, llegaban a quintuplicar ese precio. Siempre fiel a su filosofía, Sinclair había roto el mercado ofreciendo al público un producto de calidad más o menos aceptable a un precio incomparable por bajo. Un ordenador Apple básico costaba el equivalente a más de 6.000 euros, mientras que un Commodore PET se quedaba en “sólo” 3.000. El sueldo mínimo en Reino Unido era de 550 euros al mes, redondeado en cifras actuales.

Aunque ciertamente el MK14 no podía equipararse ni por asomo a cualquiera de esas dos máquinas (ni a ningún ordenador serio, la verdad sea dicha) cumplió su papel dentro de la coyuntura en la que le tocó desenvolverse, con un Reino Unido (ya que se vendió allí exclusivamente) desnortado por las sucesivas crisis del petróleo y su propio declive como potencia, que venía arrastrando desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Hizo lo que sus creadores esperaban de él y lo hizo bien, vendiendo entre 15.000 y 50.000 unidades según las fuentes, allanando así el camino para lo que más tarde sería la gama de ordenadores ZX de Sinclair, de los que el MK14 puede considerarse el padre. La excelente acogida que tuvo abrió los ojos a Tito Clive respecto al porvenir de la informática personal como negocio, muy arriesgado y volátil, sí, pero al tiempo y por eso mismo, capaz de proporcionar enormes beneficios teniendo los hados de cara. Sin el MK14 no habrían existido el ZX-80 ni sus sucesores, incluyendo por supuesto al Spectrum.

El padre de la criatura en 2016.

Pero para entonces Chris Curry se había hartado de ser un segundón: tras doce años de abnegado servicio abandonó el barco en 1978 para fundar Acorn Computers y producir su propio clon del MK14 que, como en el caso de Sinclair, anticipó una exitosa gama de ordenadores personales. La competencia leonina entre ambas marcas provocó que siete años después acabase liándose a hostias en un pub de Cambridge con su antiguo jefe, socio y amigo. El lugar todavía existe y se ha convertido en centro de peregrinación para los fans de la retroinformática más perturbados.

Ejemplo del llamado “turismo de guerra” aplicado a la informática clásica.

Ian Williamson se vio rápidamente descabalgado de su propio proyecto, del que Curry y Sinclair no tardaron en apropiarse para, a base de sucesivos cambios en el diseño, convertir al MK14 en una copia bastante aproximada del Introkit vendido a partir de 1976 por la firma americana National Semiconductor. Aunque Williamson se queja de que algunas decisiones sólo sirvieron para comprometer la fiabilidad del MK14 a cambio de ahorrar un puñado de libras, tampoco es que guarde especial rencor porque al parecer no le pagaron mal y él mismo ya disfrutaba de un buen empleo en la división de vehículos industriales de British Leyland, donde al cabo de un tiempo alguien le adivinó dotes de mando y gestión y le puso a dirigir una fábrica de cajas de cambio que estaba perdiendo dinero, reflotándola al cabo de cinco años. Estuvo al cargo de otras empresas (con éxito) hasta que se jubiló en 2013.

En cuanto al MK14, las unidades originales que se conservan en buen estado son muy escasas porque componentes como el teclado eran puro detritus y se rompían con solo mirarlos. Mantener precios bajos tenía entonces ese pequeño hándicap, más aún cuando lo que se pretendía era poner tecnología punta al alcance de un púbico mayoritario. En este sentido el éxito imprevisto de la máquina también jugó en su contra, dado que Science of Cambrige / Sinclair Research había empezado como un chiringuito playero en el que Chris Curry lo hacía todo. Hasta se había encargado de buscarle una sede y pagar el primer alquiler de su propio bolsillo. La demanda desbordó cualquier previsión (inicialmente esperaban vender en torno a 2.000 placas), afectando a la provisión de componentes y su calidad, acarreando a su vez toda clase de problemas de distribución. Nada nuevo en el universo Sinclair, donde el MK14 sentó un (lamentable) precedente de lo que más tarde sufrirían los compradores del ZX80 o el QL.

Los modders de ordenadores PC, en realidad no inventaron nada.

Con todo, el artefacto de marras tiene bien ganado un lugar en la historia por méritos sobradamente descritos a estas aturas del texto. Aunque su comunidad de adeptos no es muy numerosa que digamos, haberlos haylos y están firmemente empeñados en reivindicar su memoria aunque sea escasa, de apenas 256 bytes (¡tomad chiste fácil!). Encontrar reproducciones caseras no resulta muy complicado porque no son difíciles de construir, y quien no tenga ni pajolera idea de electrónica o de empuñar un soldador puede “catarlo” gracias a emuladores como ZEsarUX, que lo soporta desde hace tiempo y permite experimentar sensaciones cuanto menos curiosas. Porque no deja de ser una mera curiosidad, que dado su planteamiento extremadamente elemental obliga a consultar un manual en cuanto se quiere realizar con él hasta la tarea más básica, impidiendo un uso realmente provechoso. Contra todo lo que suelen insinuar grupos de nostálgicos majaderos, por fortuna los tiempos cambian y en general suelen hacerlo a mejor, En el caso concreto del MK14, más de cuatro décadas de evolución social, comercial y tecnológica lo demuestran con una contundencia meridiana.

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