José Luis Domínguez es probablemente el hombre que más contribuyó a la implantación masiva (que no popularización) de los ordenadores domésticos en España. A principios de los ochenta, y tras oir hablar de un cachivache llamado ZX-81 cuando investigaba nuevas formas de comercializar cursos de inglés, este antiguo vendedor de seguros a domicilio decidió abandonar su puesto como director comercial en Nationale-Nederlander con la intención de vender microordenadores en un país que, pese a los graves problemas que padecía, estaba progresando lo bastante como para representar un mercado potencialmente jugoso.

(Foto: revista Microhobby).

Acabaría triunfando pero sus primeros intentos resultaron, sin embargo, un fracaso: buscando hacerse con los derechos de venta del propio ZX-81 se desplazó hasta el cuartel general de Sinclair en Cambridge, donde Sir Clive le dio con la puerta en las narices no sin antes enterarse de que esos derechos ya eran propiedad de El Corte Inglés. Sin querer regresar a España de vacío, compró un paquete de ordenadores Acorn, que le costó la hueva endilgar porque nadie los quería. Virtualmente arruinado, al final tuvo suerte: conoció por casualidad a un grupo de nerdos que se dedicaban a programar, y con ellos de la mano se decidió a distribuir software mientras esperaba tiempos mejores. Había nacido Indescomp, una leyenda en la historia del software español gracias principalmente a dos juegos, La pulga y Fred.

Serían precisamente estos dos juegos los que le abrirían las puertas que no había logrado franquear hasta entonces. Empeñado en vender ordenadores, porque era ahí y no en otro sitio donde estaba el verdadero filón del negocio, se enteró de que una empresa británica iba a lanzar un nuevo ordenador personal. Esa empresa era Amstrad y el nuevo ordenador era el CPC (acrónimo de Colour Personal Computer) 464. Sin saber ni papa de inglés, acompañado por un intérprete chileno que se había exiliado en el Reino Unido tras el golpe de Pinochet, José Luis Domínguez marcaría un hito en la historia de la informática casera española. Inteligente (algo importante), dotado de una singular habilidad para “leer” en la cabeza de la gente (más importante), con un don de palabra propio del encantador de serpientes que siempre fue (importantísimo) y con buenos contactos en su agenda (lo más importante de todo), acabaría gestando un mercado que no habría sido lo que fue de no ser por él.

No quiero desvelar más porque lo que persigo es que os animéis a ver el vídeo que figura a continuación, grabado durante una charla que el propio Domínguez ofreció en el marco de un evento barcelonés denominado Amstrad Eterno que va camino de convertirse en clásico de los saraos retroinformáticos peninsulares. Aunque es de 2018, resulta bastante probable que pocos lo hayan visto entero aún (en el momento de escribir esto no llega ni a mil visitas en YouTube). Y puesto que en 2019 el CPC cumplió treinta y cinco años de forma bastante discreta, vale la pena tratar de corregir eso un poquito con un vídeo que por lo demás está genial. Ya no porque la calidad de imagen y sonido sean inmejorables sino por el personaje que protagoniza la charla, al que se le nota eso que genéricamente denominan “oficio” (el propio de un vendedor, además de los buenos cuando no de los mejores), y que cuenta historias de lo más interesantes. En especial cuando se lanza a contar sus aventurillas con Alan Sugar. Un individuo, así directamente.

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