El pasado 4 de marzo de 2006, en el marco de la MadriSX & Retro, los chicos del Computer Emuzone Games Studio presentaban en sociedad Phantomas Saga: Infinity, continuación “no oficial” de las aventuras de uno de los personajes más recordados en la historia del software español. La publicación del juego, rodeada de una expectación enorme, volvió a poner en boca de todos al ladrón más audaz del Universo conocido. Phantomas no decepcionó en su regreso y su última aventura resultó todo un éxito: desbordaba calidad por los cuatro costados, resultando un más que digno homenaje a quienes dieron forma a los dos primeros programas, los originales, publicados durante el lejano verano de 1986 con una diferencia de apenas un par de meses. Conocidos por cualquier aficionado español al Spectrum, Phantomas y Phantomas 2 fueron el revulsivo que permitió a Dinamic salir de la profunda crisis de ideas y resultados en la que estaba inmersa por entonces.

Un año antes Dinamic publicaba Profanation, que apoyándose en una campaña de márketing sin precedentes se convirtió en un clásico inmediato. Su enorme éxito auguraba el comienzo de una edad dorada para la compañía, pero paradójicamente sucedió todo lo contrario. A partir de ahí, el continuo gotear de lanzamientos decepcionantes, recibidos con tibieza por la crítica y el público (Sgrizam, West Bank o el polémico Olé Toro) hacía temer un negro futuro para Dinamic a medio plazo. Para mayo de 1986 la producción estaba estancada en la mediocridad, pero al rescate acudiría un temerario ladronzuelo que enderezaría el rumbo de la nao de los hermanos Ruiz. Seguramente ni en la propia Dinamic imaginaban que los dos Phantomas calarían tanto en la gente, y mucho menos que se convertirían en clásicos. No sólo sucedió todo eso, sino que el lanzamiento de ambos programas supuso un punto de inflexión en la trayectoria de Dinamic que se contagió a todo el software español. Finalizado aquel verano del 86 el panorama era diametralmente opuesto al de escasos tres meses antes, y Dinamic inició una ascendente que desembocaría en los dos mejores años de su historia, plagados de lanzamientos clásicos como Army Moves, Game Over o Fernando Martín Basket Master.

Uno de los momentos más recordados del primer Phantomas. Homenaje al Decathlon y a Indiana Jones todo en uno.

Cuesta creer que dos clones descarados de Profanation obrasen tan radical cambio, y más viéndolos desde la perspectiva que otorga el paso de los años, pero así fue. Lo más sorprendente de todo es que ambos juegos iban a ser publicados por la filial de Dinamic, Future Stars, dedicada a los productos de bajo coste. Su calidad, y en última instancia el hundimiento de este sello budget, hicieron que Dinamic se decantase por publicarlos como juegos de primera categoría.

Visto lo visto, muchos podrían interpretar que considero los Phantomas como juegos malos y no es así para nada: ambos me parecen estupendos; en especial el segundo, que pese a ser el que más recuerda a Profanation a causa de su inconfundible estética, demuestra el incipiente talento de su creador, Emilio Salgueiro, quién por entonces no era más que un crío de quince años de edad.

Imagen de Profanation Reloaded, digo Phantomas 2.

¿Dónde radicó el secreto del éxito de la saga Phantomas? Indudablemente en el carisma de su protagonista. Se trata de algo difícil de describir con palabras, pero que se hace evidente en cuanto uno se pone a jugar con cualquiera de sus juegos. A mí me asalta inevitablemente el pensamiento de que “no es para tanto” cuando te pones a jugar, por ejemplo, con el primer Phantomas, juego adolece de una dificultad exagerada y de unos gráficos demasiado simples, pero cuya ambientación, dotada de ciento aire siniestro, está conseguida. Hay variedad de situaciones y hasta de escenarios, y el sonido, aunque funcional, está a la altura de las circunstancias. De este invento siempre me gustó muchísimo su melodía, hasta el extremo de llegar a grabarla para ponerla como tono de llamada en mi viejo Nokia 7650. La segunda parte tiene casi las mismas virtudes y defectos que su antecedente, solo que mejorando unos gráficos que, esta vez sí, terminan por hacernos creer que jugamos una especie de Profanation II. Resumiendo, estamos ante dos programas de 7 que han pasado a la historia como si fuesen de 10, aunque méritos no les faltaron para ello. De hecho en 1986 opinaba igual y no por eso dejaba de jugar un montón de veces.

Una vieja fotografía de Emilio Salgueiro, tristemente fallecido en 1996 tras sufrir un atropello mientras montaba en bicicleta.

Phantomas marcó una época en el software español y dejó una huella indeleble. El carismático personaje otorgó a sus juegos una longevidad que le ha permitido gozar de remakes y de una continuación más que decente como Infinity, que de paso ha renovado la saga a nivel estético sin ceñirse a los patrones de los juegos publicados por Dinamic. La popularidad del personaje alcanza incluso a quienes se auparon al carro del Spectrum en sus últimos coletazos: dos de mis compañeros de trabajo más jóvenes, veinteañeros que no llegaron a vivir la edad dorada del software español en los años ochenta, desconocen por completo el Profanation o el Army Moves. Sin embargo recuerdan perfectamente Phantomas y Phantomas 2, de los que hablan con cariño. Y es que Phantomas es un tipo con carisma, como buen ladrón. Si no mirad a El Dioni o a Ruíz Mateos sin ir más lejos.

“Por culpa de estos cabrones, ya nadie se acuerda de mí cuando se nombra a Fantomas. Y encima escriben mal su nombre. Españoles tenían que ser”.

7 thoughts on “El carisma de Phantomas”
  1. Que grande Emilio Salgueiro por haber creado este juego.

    En el año 1996 yo tenía una versión casi terminada para VGA, programada en Turbo Pascal… lástima que nunca la terminé :/

  2. Phantomas 2 en Commodore era un juego muy divertido. Recuerdo terminármelo, y volver a jugar. Desde luego muy por delante de juegos que en su momento fueron mejor valorados sólo por su acabado (Camelot Warriors, sin ir más lejos).

    Yo le pondría más de un 7. Igual es que la versión Spectrum era más difícil. En C64 muy jugable, de lo mejor de Dinamic.

  3. La versión para el c64 se programó en Inglaterra y se nota, al estar su jugabilidad más pulida de lo habitual en un videojuego español.

  4. Ahora que lo dices, el propio Camelot Warriors también se programaría en Inglaterra por casualidad? Porque en su momento aunque era chungo, me lo conseguí acabar.

    Probablemente sí (añado) porque en CEZ sale atribuída a Ariolasoft.

    Es curioso cómo en Inglaterra por ejemplo ya tenían asimilada cierta cultura de videojuego. No tiene nada que ver el texto de una ZZap64 con el de por ejemplo, Micromanía al comentar un juego. Los ingleses hablan ya en los 80 y sobre juegos como Impossible Mission de cosas como “curva de dificultad” o hablar a nivel técnico de los juegos (la respuesta de los controles por ejemplo), y opinan sobre bases fundadas (en ZZap de hecho los juegos los comentan varias personas que no siempre están de acuerdo). En Micromanía es todo aleatorio (y publi disfrazada de review en muchos casos o sino no se explican algunas puntuaciones y comentarios).

    Perdón por el offtopic, empecé mirando info sobre estos juegos y he terminado divagando en los comentarios.

    Buena entrada, me ha recordado uno de mis juegos favoritos cuando era un chaval.

  5. La versión de Camelot Warriors para C64 la programó Opera Soft. Todo apunta a que Ariola, que distribuyó el juego en Inglaterra, exigió algunas modificaciones para hacerlo un poco más soportable, algo complicado por otra parte. Pero es pura especulación de quien esto escribe.

    Comparar un país europeo (Reino Unido) con otro africano (y más del África más atrasada) es un atrevimiento. Incluso comparándolo con UK, que lleva décadas sumido en la decadencia más absoluta y un siglo entero viviendo del recuerdo de su pasado imperial.

    Decir que en España se ha ejercido o se ejerce el periodismo es un insulto a la profesión y a quienes la ejercen de forma honesta. Salvo honrosas excepciones, cada vez más contadas, en España se ejerce la propaganda en forma de noticias patrocinadas, y lo de revistas como Micromanía es claro ejemplo de un fenómeno atávico en el país.

    Y no hay nada que perdonar. Gracias por el comentario y los parabienes.

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