Parafrasear el título de la “peli Bond” favorita de Sean Connery (él mismo lo ha reconocido más de una vez) queda al pelo para titular este post sobre el concurso Yandex Retro Games Battle, organizado este año en Putinlandia y del que recientemente se ha publicado el veredicto final al tiempo que quedan disponibles, gratis y para siempre, los casi veinte juegos que se presentaron. La noticia no es nueva porque hace ya un par de semanas que tuvo lugar, y los juegos a concurso venían causando expectación por doquier desde tiempo atrás. Pero lo importante en este caso no es tanto recoger la novedad como el hecho anunciar la disponibilidad de tantos juegos en unas fechas que, como las de Navidad, resultan ideales para disfrutarlos tranquilamente mientras gastas tus últimos días de vacaciones en casa y el mal tiempo arrecia fuera.

El certamen tuvo hasta su entrega de premios, en la que el ganador se llevó 70.000 putinianos (aka rublos), equivalentes a unos 1.000 euretes.

Porque además hablamos de unos juegos cuya calidad está fuera de toda duda en la inmensa mayoría de casos, evidenciando una vez más el gran nivel de los “spectrumeros” rusos, sin cuyo trabajo sería imposible entender la envidiable situación actual del Spectrum respecto a la de otros ordenadores clásicos, en muchos casos totalmente olvidados pese a gozar de gran éxito en su día.

Desde finales de los ochenta, el Spectrum jugó un papel crucial a la hora de introducir los ordenadores domésticos en la entonces Unión Soviética. En medio de una situación caótica en lo político y especialmente en lo económico el Spectrum, anticuado pero fácil de replicar y barato de fabricar, resultaba perfecto. Y lo que empezó unos años antes mediante un goteo incesante de ordenadores a través de fronteras permeables del Telón de Acero como la austrohúngara, acabó por convertirse en una “industria” (asociada a sistemas comunistas, la palabra ha de ir forzosamente entre comillas) extendida por toda la Europa Oriental bajo influencia soviética y saltando casi de inmediato a territorio de la URSS. Es el célebre fenómeno de los clones rusos del Spectrum, definidos por su calidad bastarda, su carácter de copia y su extrema funcionalidad. Recuerden: “industria”.

Brand of quality.

Pero “industria” que en este caso, y apoyándose en un sistema educativo de primer orden, permitió a los chavales de aquellas tierras exprimir el hardware hasta límites inauditos en Occidente, en medio de penurias sin cuento como las que siguieron al desmembramiento del bloque soviético en los años noventa. Y ahí siguen los tíos, demostrando de lo que son capaces mediante juegos que, de haberse lanzado en otra época, habrían encandilado a todo el mundo. No hay más que echarle un vistazo al palmarés de la Yandex Retro Games Battle 2019 comenzando por el ganador, Valley of Rains, que es algo más que un clon de la primera parte de Savage (1988). Dejando a un lado los enormes y coloristas gráficos que los emparentan al primer vistazo, una zona de juego mayor y escenarios abiertos con un suavísimo scroll parallax dan forma a un programa sencillamente fabuloso, rematado por una jugabilidad excelente.

El resto de los juegos a concurso no se quedan atrás en su inmensa mayoría, mostrando un gran nivel general. Hay de todo para elegir, desde arcades de plataformas a un conversacional, pero a mi juicio lo más interesante está en dos trabajos protagonizados por vehículos a motor. Just a Gal es un entretenido juego de motos que (dicen) está inspirado en Super Hang On pero que a mí me recuerda más a Full Throttle, uno de los grandes lanzamientos para el Spectrum en 1984. La diferencia es que Just a Gal lo bate en toda regla.

En cuanto a Drift se inspira en esos conocidos niveles de la saga Need for Speed en los que hay que ir por ahí derrapando como loco con un deportivo, preferentemente tuneado. En la Play los detesto porque me aburren y encima no se me dan demasiado bien, incluso jugando con volante y pedales; en el Spectrum no es que las cosas cambien mucho para mí (con el agravante de que no hay volante que valga), pero vale la pena probarlo. Técnicamente es delicioso, y su presentación una chulada. Particularmente me hace gracia lo de hacer derrapes con lo que parece un Lada de esos que imitaban a los Fiat 124 y 125, fabricados en la Unión Soviética bajo liencia incluso mucho después de cesar su producción en cualquier otro lugar del planeta. Eran verdaderos trastos, pero estaban perfectamente adaptados a los rigores climáticos propios del lugar.

Los demás juegos es mejor que los vayáis viendo y probando por vuestra cuenta, para empezar porque si tuviese que comentarlos uno por uno no acabaría este post ni pasada la Nochebuena. Y porque mis gatos absorben todo mi tiempo. Ya saben: al contrario de los perros, que consideran a sus amos dioses, los gatos se consideran ellos mismos dioses y exigen en consecuencia. Todo el material a concurso puede descargarse en la web del propio evento, y el hecho de que los textos estén en puritito ruskie y no se puedan traducir ni al inglés tampoco es un obstáculo insalvable: a fin de cuentas, Google puede hacer algo más que espiarte sin permiso…

Un vídeo, todos los juegos.

2 thoughts on “Desde Rusia con fervor”
  1. Brutal lo que hacen los Rusos,
    Y en general me llama mucho la atención el actual auge en la creación de nuevos juegos para estas máquinas retro.
    Hasta donde llegaremos? Cuanto durará?

  2. Esperemos que dure mucho tiempo. Hace diez años yo no hubiese apostado por este panorama tan saludable para el Spectrum a las puertas de 2020, y no digamos antes.

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