No es la primera vez que la mierda goza de protagonismo en un juego de Spectrum. Pero sí la primera en que la mierda es protagonista de forma absoluta, al menos que yo recuerde.

Y no sólo en el Spectrum, sino en los videojuegos en general.

A sabiendas de que el juego lo protagoniza un zurullo, el objetivo de Down the Pipe se adivina en el título: descender por una tubería de desagüe hasta llegar al mar, objetivo último de la “expedición” y donde, como ya sabemos, toda mierda que se precie quiere ir a parar. Lo que nadie imagina es la cantidad de peligros que atiborran el recorrido, aunque cabe suponerlo dado lo mugriento y sucio del mismo. El desagüe está plagado de alimañas deseosas de impedir que la mierda (o sea, nosotros) cumpla su anhelado sueño de depositarse en aguas abiertas, quizá para “pegarse” a un bañista despistado que ande chapoteando en alguna playa de esas con bandera azul. Lo que esas alimañas desconocen es que la mierda (o sea nosotros) puede defenderse lanzando condones. Suponemos que usados, dada la naturaleza del juego.

Aunque en el fondo no sea otra cosa que un matamarcianos al uso, Down the Pipe no carece de un punto de originalidad que acaba resultando muy destacable más allá de su argumento o sus diseños gráficos, simpáticos por definición (no se le puede negar eso a una mierda que baja por un desagüé con gafas de buceo y defendiéndose a “condonazos”). Puesto que se supone que estamos descendiendo por una cañería, el scroll de pantalla discurre hacia arriba y no al contrario, como es lo normal en esta clase de juegos. Al principio choca un poco por inhabitual, claro, pero enseguida se acostumbra uno. No puede decirse lo mismo del nivel de dificultad, que es elevadísimo en cualquiera de los tres disponibles. La obligación de mantener pulsada la tecla “arriba” mientras disparamos para no caer por efecto de la gravedad tampoco ayuda, precisamente. Hasta los autores del programa se dieron cuenta de la tropelía que habían hecho y poco después lanzaron una versión easier (así la llamaron) que en efecto es más fácil, aunque tampoco mucho. Lo normal en las primeras partidas es no aguantar vivo ni dos minutos.

Con todo, estamos ante un buen juego que te gana por gracioso, disponible además tanto en versiones para Spectrum de 48 Kb como de 128, que cuenta con el aliciente de añadir algo más que música AY (por ejemplo la pantalla de Game Over es distinta). A propósito, la música es sin duda lo mejor del juego… siempre en la versión de 48 Kb, mucho mejor que en la otra. Como lo leen: el aprovechamiento de los limitadísimos recursos del Spectrum “chico” en ese apartado es sencillamente alucinante, al punto de que la melodía de presentación suena mucho mejor y hasta tiene más marcha. Una auténtica maravilla como bien puede comprobarse gracias al vídeo adjunto, en el que los autores dejan “correr” la melodía entera de principio a fin porque la ocasión lo merece, ni más ni menos.

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