Estamos en días previos a la festividad de Todos los Santos, eso que desde hace años se viene denominando Halloween, y por tanto resultan ideales para probar cosas como The Witch.

En realidad ya lo había probado hace un par de semanas, cuando se publicó la versión definitiva de un juego inicialmente pensado, para concursar en la ZX-DEV de 2019. La rocambolesca vicisitud de su desarrollo, enfangado por problemas de última hora, impidió a su autor presentar el juego tal como él lo hubiese querido, de modo que la organización tuvo a bien aceptar una versión preliminar que ni tan siquiera tenía sonido.

Transcurrido más de un año, The Witch sigue sin incorporar sonido in game pero sí una música que en general está bastante bien, con melodías variables dependiendo del escenario recorrido y tal. Muy clásico pero bien fresuelto en líneas generales.

Como bien, así en general, está el juego en su conjunto, que como ya sabrán se trata de un remake de Cauldron, desarrollado con el incombustible Arcade Game Designer. Como me apetecía escribir algo después del trabajo para relajarme pero tampoco sin esforzarme mucho, coincido bastante con esta crítica del juego. Cuando lo probé por vez primera encontré que se me hacía demasiado parecido al original, que dicho sea de paso no era muy difícil mejorar. The Witch lo hace, pero tampoco sin elevar el listón tanto como uno podría haber imaginado. Algunos sprites y gráficos han sufrido una cierta merma de calidad (comenzando por la pantalla de carga, mucho mejor en el Cauldron original) sin que eso suponga mejoras en otros aspectos técnicos que tiraban a flojos, si bien es cierto que otros mejoran sustancialmente. Aquí no sufriremos parpadeos molestos y la extraña transición entre pantallas del escenario exterior desaparece en favor de otra más convencional, lo que es muy de agradecer. La dificultad también se ha rebajado un poco: en esencia Cauldron era un pixel perfect no muy bien diseñado que digamos, y tendía a hacerse insufrible cuando la partida discurría en el interior de las cuevas. The Witch es más llevadero en ese sentido, lo que no implica que acabarlo sea fácil.

Precisamente el final es la parcela mejor resuelta del juego. Se localiza en un programa independiente que se carga aparte y obliga a memorizar los componentes del hechizo que hemos recopilado, de forma que es necesario “conjurarlo” del modo correcto para poder ver la escena final. Dicha escena es realmente divertida y sólo por verla merece la pena dedicarle tiempo al juego, aunque disfrutarla sea tan sencillo como echarle mano a un walkthrough de esos:

En resumen, The Witch hace honor al juego del que procede, cuyo crédito es hoy mayor que cuando su antecesor llegó a las tiendas en 1985. Para lo bueno… y también para lo malo, pues no en vano el primero tampoco era precisamente maravilloso. Valido para pasar el rato en fechas previas a esa fiesta que antaño se denominaba “de todos los santos”, hoy consumida en virtud de una asimilación cultural de tipo parasitario. Y ya.

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