Yo contra el barrio

En los años ochenta del siglo XX Japón fue básicamente lo que hoy es China. Una referencia mundial, noticia de portada día sí día también merced al poderío económico del que hacía gala especialmente en Occidente, pero no menos por encontrarse a la vanguardia tecnológica gracias a su dinámica e innovadora industria, capaz de producir grandes cantidades de aparatos buenos y bonitos además de baratos. En resumidas cuentas, Japón estaba de moda y ello era palpable en casi todos los ámbitos. Incluyendo el de los videojuegos por supuesto.

Pues eso.

El Spectrum se contagió de esa querencia por “lo japo” y los tres últimos años de la década estuvieron marcados por las conversiones de recreativa que llegaron al ordenador en tropel, tendencia que ya se venía observando con anterioridad pero que a partir de ahí adquirió niveles de auténtica avalancha. Toda coin-op japonesa de éxito era llevada al Speccy más pronto que tarde con mayor o menor fortuna, animando a su vez al lanzamiento de juegos que las imitaban en su temática y desarrollo, llegando a un punto en que los medios especializados se hacían eco de comentarios vehementes sobre la alarmante falta de originalidad de muchas novedades. No obstante era lo que el público demandaba, vista la popularidad de unas máquinas que formaban parte del paisaje habitual de las ciudades abarrotando salones recreativos, bares y hasta discotecas. A su vez, los desarrolladores japoneses de videojuegos permanecían atentos a las nuevas tendencias que influían en sus clientes potenciales, los chavales que acudían al cine o al videoclub dispuestos a devorar películas de ciencia ficción o protagonizadas por un vengador justiciero como Rambo o Paul Kersey. De ahí que se pusiera de moda un tipo de videojuegos como el que nos va a ocupar hoy, ejemplo seminal de un subgénero dentro del beat ´em up (“golpéalos a todos”) conocido también como “yo contra el barrio”.

Porque Renegade no es ni más ni menos que eso: tú recorriendo un escenario (generalmente los bajos fondos de la ciudad) mientras te enfrentas a escoria diversa en pos de un objetivo (generalmente liberar a alguien secuestrado por la antedicha escoria) usando cualquier arma disponible (generalmente hostias como panes). En 1986 Renegade triunfó como recreativa en Japón, desde donde dio el salto al mercado internacional modificada pensando especialmente en el público americano: la versión original reflejaba una lucha entre bandas estudiantiles rivales, mientras que la occidental recordaba más a películas como La ley de la calle o Pandillas del Bronx. A la vista de la acogida que la máquina tuvo en el Reino Unido, mayor incluso que en USA, estaba cantada una versión para ordenadores como el Spectrum, pero pocos podían imaginarse el resultado final.

La culpa de dicho resultado recayó en el talento del programador Mike Lamb arropado por Ronnie Fowles, que para la ocasión diseñó unos gráficos de gran calidad y muy bien definidos, lo que permitía observar multitud de personajes en movimiento sin apenas confusión ni despiste, un logro a destacar cuando del Spectrum se trata. El movimiento, ya que estamos, era lo bastante rápido, fluido y preciso como para transmitir el dinamismo que el juego necesitaba, toda vez que se podían efectuar bastantes golpes entre puñetazos y patadas, simplificando de paso los controles de la máquina original, ciertamente liosos. De tres botones para ejecutar golpes se pasa a uno, y su combinación con las teclas de movimiento determina qué mamporro le atizaremos al rival. El juego no tenía mucho más. Era una simple ensalada de hostias no demasiado difícil de completar (excepción hecha de la última fase, con aquellos gansters que podían liquidarte de un navajazo o un tiro) pero indudablemente divertida. Muy divertida, como todo videojuego que apela a los instintos primarios del ser humano y a su gusto por darles rienda suelta a la menor ooportunidad, en este caso repartiendo yoyas a discreción. Con tales mimbres el éxito de la propuesta estaba cantado de antemano y Renegade se convirtió en uno de los grandes triunfadores del último trimestre de 1987, superando las acusaciones vertidas contra él por su contenido violento y llegando a eclipsar a la recreativa en la que se basaba. Mike Lamp, como antes había hecho su amigo “Joffa” Smith en Terra Cresta, demostró que el Spectrum podía acoger en su seno conversiones de recreativa que molaban más que el original. De paso creó el “yo contra el barrio” definitivo para microordenadores de ocho bits… o eso creímos hasta ver la obligatoria segunda parte que llegó unos meses después.

4 responses

  1. NoP dice:

    Creo que es Mike Lamb, con b…

  2. Toni Galvez dice:

    Muy buen articulo, me gusta las vueltas que das para llegar al centro de la cuestion. Renegade es el mejor juego de “yo contra el barrio” del Spectrum.

  3. Leo Rojo dice:

    ¿Mejor que Target Renegade? Respecto a lo de darle vueltas al asunto, no tiene sentido entrar directamente al trapo sin antes situarlo en su contexto histórico y tal, ya que sólo dentro del mismo tiene sentido la existencia de juegos como este.

  4. Leo Rojo dice:

    NoP: Cierto, ni me había dado cuenta. Ya está corregido.

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