Y estamos tan agustito

Enfilo ya la recta final de mi primera quincena de vacaciones (más adelante me toca otra, si no hay nada que lo impida) y ciertamente se echa de menos poder vivir sin trabajar, a la vista del provecho que le he podido sacar a mi tiempo en estos días. Me he dedicado a revisar el mogollón de cine y material literario que tenía pendiente (La conjura de los necios y La tesis de Nancy, entre otras cosas). Y me compré, en uno de mis típicos «ramalazos», sendas biografías de Sting, Morrissey y Mick Jagger publicadas hace tiempo por la editorial La Máscara, con un coste total de ocho euros. Aunque adolecen de un cierto tono gafapastil, revelan muchos detalles interesantes sobre los tres elementos que retratan. Particularmente de Morrissey, un personaje absolutamente fascinante debido a su peculiar personalidad, totalmente alejada de los estereotipos del «star system» musical, y a la forma en que ésta queda plasmada en las letras de sus canciones. Me encantaría poder entrevistar a este hombre algún día, en serio.

Y en lo referente al Spectrum la verdad es que, contra lo que yo tal vez esperaba, he acabado invirtiendo menos tiempo en él del que inicialmente suponía. Como he comentado en el párrafo anterior, he preferido el cine y la literatura al ordeñador, y descontando la consabida actualización de la web y alguna partida ocasional, he preferido desconectar un poco de todo esto para descansar, que buena falta me hacía.

«Comer carne es un crimen, pero poder jugar con el Spectrum y no hacerlo es pa´ correrte a hostias, macho».

Una de las cosas que sí he hecho en estos días es probar algunos juegos y «remakes» que tenía pendientes; comenzando por el Moggy de Beyker Soft, que me ha parecido un trabajo muy aceptable, aunque el movimiento de su protagonista me ponía a veces los nervios de punta. Destacar también los «remakes» de Pyjamarama!, de impecable factura, y de Bruce Lee, también muy logrado gracias al aspecto de cómic con que se le ha dotado. Éste último «remake» vuelve a poner de relieve el carisma de «clásico de serie B» que posee la creación de U.S. Gold / Ocean: nunca un juego tan ramplón y simple había alcanzado semejante status. Insisto en que este juego debe tener algo hipnótico, porque no es normal que transcurridos tantos años siga dando que hablar, mientras programas de la categoría de Cyclone o Shadow Fire se pudren en el olvido.

«Be water, my friend».

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