Videojuegos, el Gran Satán (I)

O al menos eso es lo que piensa una cierta parte de la sociedad, que se empeña en culpar a los videojuegos de todos los males del mundo en cuanto tiene oportunidad. Hace tres años, un hilo abierto en las news de ECSS me animó a escribir un editorial sobre el tema de la violencia en los videojuegos y el hecho de que se utilice como arma arrojadiza. No ya contra la industria, que eso francamente es lo de menos, sino contra los aficionados a los videojuegos, a los que muchas veces se nos trata desde los actuales medios de incomunicación casi como apestados, lo que obviamente influye en la visión que el conjunto de la gente tiene sobre los “jugones” o los aficionados a la informática en general.

El tema no es nuevo. Ya en el verano de 1987, la publicación del Barbarian de Palace Software abrió un dewater entre ciertos sectores de una sociedad británica que se autoconsumía en el Thatcherismo más cerril, los cuales se rasgaban las vestiduras ante el elevado grado de violencia del juego. Hoy día más de un chaval se descojonaría vivo al ver esa “violencia”, pero entonces seguro que más de uno se cagó encima al imaginar hordas de jóvenes alienados por el juego, zombificados por su maligno influjo, blandiendo espadones del tamaño de un camión y rebanando cabezas para que se permitiese fumar porros en el instituto, en lugar de ir a la iglesia los domingos como debe ser. El paso de los años tendría que haber corregido las cosas al menos en parte, pues a mediados de los 80 mucha gente todavía veía a los ordenadores como los futuros causantes del fin del mundo, y el tiempo debería haberles acostumbrado a su presencia multitudinaria en todos los ámbitos de la vida, incluidos los del ocio. Y no, no ha sido así, sino más bien al contrario.

Leer Me gustan los videojuegos violentos. ¿Pasa algo?

Momentos míticos donde los haya.

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