Ultimate: de la gloria al ocaso en un año

Aunque no tengo una especial querencia por celebrar aniversarios, reconozco que me gusta utilizar la web para recordar ciertas efemérides de importancia relacionadas con el mundillo Sinclair. Dicho y hecho, hoy me apetece escribir sobre Ultimate, que por estas fechas del verano de 1985 vivía sus momentos de máximo esplendor de la mano de dos auténticos juegazos como son Knight Lore y Alien 8.

1985 fue un año crucial en el devenir futuro de la mítica casa de software británica. Fue el año que marcó el cenit de su gloria con la llegada de los dos juegos antes mencionados, y el comienzo de su ocaso con la publicación del esperado y para muchos decepcionante Nightshade; un juego que venía con la vitola de lo insuperable y acabó en un esforzado intento por reventar los límites tecnológicos del Spectrum, suponiendo el estreno de un “nuevo” motor 3D: el Filmation II.

Y a fe que lo consiguieron, porque el juego es un verdadero prodigio técnicamente hablando. Gráficos, movimientos o sonidos rayan a una altura digna de matrícula de honor, aunque muchos consideren que la calidad gráfica obtenida con el Filmation I es superior. Tal vez sea cierto, pero ello no desmerece en absoluto la calidad general del programa, que es increíblemente alta a pesar de la falta de originalidad y de una adicción por debajo de lo deseable. A partir de ahí quedó claro que el techo tecnológico del pequeño micro de Sir Clive ya sería mucho más difícil de superar. Los años posteriores demostrarían que tal techo se podía elevar un poquito más; pero no mucho, porque ya se había llegado prácticamente al límite de lo ejecutable en una máquina de tan modestas posibilidades.

Los misteriosos hermanos Stamper, amos en la sombra (nunca mejor dicho) de la criatura que habían gestado dos años antes, le vieron las orejas al lobo: decidieron guardar sus antaño inseparables Spectrum y Commodore y dedicarse a las videoconsolas, un mercado totalmente desconocido en Europa por esa época y que sin duda tenía grandes dosis de riesgo, habida cuenta de que ya entonces era muy competitivo y estaba altamente profesionalizado (fuera de Europa por supuesto). Tuvo que ser para ellos un salto al vacío, pese a que a buen seguro estaba planificado a conciencia, merced al carácter meticuloso de los dos hermanos, que tomaron la decisión de vender Ultimate… a U.S. Gold.

El nombre no fue adoptado por casualidad, eso seguro: “esto es lo único que nos importa”, dijeron los directivos de la compañía.

¿Fue correcta aquella decisión? Pues sí y no. Los Stamper demostraron tener un ojo clínico para los negocios cuando se pasaron a las huestes de Nintendo. No cabe duda de que eran dos tipos muy inteligentes, dotados de una incomparable visión de futuro. Pero en mi opinión podrían haber permanecido con Ultimate y con el Spectrum y el C-64 durante algún tiempo más. Es muy probable que los Stamper estuviesen ya hasta las narices de los micros de 8 bits. Quedó demostrado con la venta de Ultimate a U.S. Gold, casa de software que seguramente hizo la mejor oferta económica, pero que se preocupó poco por la calidad de los programas. Aquellos tipos actuaban en el ámbito de una gran empresa en la que sólo se entendía de beneficios, y desvirtuaron la imagen de Ultimate en sus últimos años. En mi modesta opinión, los Stamper podrían haber compaginado Ultimate y Rare al menos durante los primeros tiempos, propiciando un final digno a la carrera de la primera. Quién sabe si hasta podrían haber intentado un salto de ésta hacia los nuevos ordenadores de 16 bits, siguiendo en la creación de juegos de videoconsola con Rare. Nunca sabremos si tal invento habría funcionado o no.

Tampoco es menos cierto que para 1985 los dos genios habían perdido el sentido de la realidad, devorados por la leyenda que ellos mismos se habían creado. Los mejores tiempos de Ultimate como hacedora de grandes juegos de ordenador están precisamente en sus inicios, cuando los Stamper sólo pretendían divertir con sus creaciones, aunque estas no carecían de un nivel técnico muy avanzado. Es posible que al jugador medio le resulte inicialmente fascinante jugar con un programa dotado de unos gráficos perfectos, pero al final lo que queda es la diversión que aquel proporciona. Con el lanzamiento de Knight Lore los Stamper se olvidaron de una máxima importante en el mundo de los videojuegos: al final lo que más cuenta en un juego es que divierta y punto. Tal vez arrastrados por sus propios seguidores, se vieron inclinados a tratar de superarse con cada nuevo juego sin tener en cuenta las limitadísimas posibilidades de los ordenadores de entonces. O sí que eran conscientes de ello (lo más probable, porque desde luego de tontos no tenían ni un pelo) y por eso decidieron largarse en cuanto se les presentó la oportunidad. Porque además creo que ellos pensaban que los fans, que esperaban con cada nuevo juego de la compañía una maravilla técnica que superase la anterior, no les permitirían regresar a sus orígenes publicando otro Jet Pac, aunque en mi opinión fue un error no haberlo intentado. ¿Qué hubiera ocurrido si Ultimate hubiese publicado el Tetris, por ejemplo? ¿Habrían desdeñado los compradores este extraordinario juego solo por tener peores gráficos que el Alien 8? Es posible que de inicio su reacción hubiese sido de sorpresa mayúscula, pero se habrían rendido sin remisión a los pies de los Stamper  tras haber jugado un par de partidas.

Alexey Pajitnov: “Las mejores ideas siempre son las más sencillas. Y valen tanto para un roto como para un descosido, oigan”.

Tampoco creo que los juegos Filmation de la compañía saliesen demasiado pronto como muchas veces se ha dicho. Knight Lore se puso a la venta en el momento justo y necesario. Permitió que Ultimate se colocase definitivamente en el lugar que le correspondía por derecho propio, adelantando a otros que seguramente no reunían tantos méritos. El problema es que los Stamper no pudieron, o no quisieron, desvincularse de la imagen que les había otorgado la publicación de esta obra maestra, con lo que se inició el fin del mito; tal vez más rápido de lo que hubiera sido si Chris y Tim hubiesen tenido mas arrestos para salirse por la tangente, publicando por ejemplo un arcade al más puro estilo Pssst.

Por fortuna Chris y Tim, de la mano de su nueva criatura, Rare, supieron rectificar los errores que habían llevado al ocaso de Ultimate, ayudados por el hecho de que casi ningún comprador de los juegos de Rare conocía la existencia de Ultimate y el parentesco que unía ambas casas de software, lo que les ayudó a empezar desde cero. Tal vez por eso buscaron desvincularse rápidamente de su vida anterior al comenzar la nueva. Técnica impecable sí; evolución de ésta en cada juego, también; pero diversión ante todo. La norma se cumplió a rajatabla desde el principio.

Pero en 1985 nada de esto había sucedido todavía. Ultimate se encontraba en la gloria, rodeada de su archifamosa aureola de misterio. Y mientras tanto nos afanábamos en combatir la canícula estival con otra partida al Alien 8. Daba lo mismo que fuera virtualmente idéntico al Knight Lore. Lo importante es que molaba y punto.

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