Treinta años de “La cagada”

Parece que fue ayer, y sin embargo ya se han cumplido treinta años de la salida al mercado del Sinclair C5, presentado poco antes a bombo y platillo en uno de esos rancios palacetes de arquitectura victoriana a los que tan dados son los ingleses. Sobre él no vamos a explayarnos mucho porque es objeto recurrente de artículos en esta web, tal es el cariño que le tenemos. Nuestra hemeroteca está para algo, así que busquen y deléitense. No obstante, hace cinco años ya escribí un texto que glosa adecuadamente las desventuras de ese estrambote con ruedas que fue un empeño personal de Sir Clive… en arrojar su empresa por el retrete y luego tirar de la cadena. La historia acabó como tenía que acabar porque sencillamente no podía acabar de otra manera, pero el tiempo se ha encargado de revitalizarla en virtud del “malditismo” que suele convertir un producto fracasado en objeto de culto. El C5 no iba a ser menos. Poco podían imaginar los príncipes Guillermo y Harry de Inglaterra (que lo usaron para desplazarse por la gigantesca finca del Palacio de Kenshington hasta tener edad para sacarse el carnet) o Elton John (le molaba tanto que se compró no uno sino dos), que un día alguien le endilgaría a su C5 un motor a reacción o lo convertiría en monster truck para aplastar todo a su paso. Por no hablar de las concentraciones de usuarios que se celebran regularmente, y que vienen demostrando a los escépticos que “La cagada”, lejos de haberse secado, continua muy fresca.

Leer Cagada 5.

Foto del engendro en topless, que bien podría servirnos para definir la expresión “hacer un pan con unas hostias”.

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