Touch down!

Clive Sinclair nunca mostró excesivo interés por triunfar en el mercado norteamericano. Sabía que por mucho que se esforzase, Estados Unidos quedaba fuera de su alcance: la elevada competencia propiciada por el mayor desarrollo del país respecto a la vieja Europa dejaba fuera de juego a los productos Sinclair, eventualmente destinados a un consumidor novato en el mundo de la electrónica, no demasiado exigente y con un poder adquisitivo medio – bajo.

Ejemplo de “Filosofía Sinclair”.

Con dos llamativas excepciones: las calculadoras de bolsillo, terreno en el que Clive fue pionero, llevándole incluso a ser portada de sesudas revistas yanquis como Popular Mechanics, y la Microvision TV1, la tele de bolsillo sobre la que ya dijimos algo hace un tiempo y que, dadas sus singulares características y su elevado precio (superior al de la plata por onza de peso), fue vendida en USA antes que en el resto del mundo. Se esperaba que el público americano, más receptivo a las novedades tecnológicas y más dispuesto a comprarlas por su mayor nivel de vida, respondiese a la llamada de un chisme que permitía ver la tele en casi cualquier lugar, ya fuese en el centro de Nueva York, recolectando la cosecha de la granja con el tractor o tumbado a la bartola en la piscina de un complejo hotelero español o del Caribe. Porque además el aparato estaba pensado para que tales cosas fuesen posibles, merced a su sistema patentado que le permitía recibir señal tanto NTSC como PAL y le otorgaba una cobertura virtualmente global. En tales circunstancias, Sinclair creyó que su mimada tele de bolsillo, un producto que siempre había querido fabricar y con el que llevaba soñando una decena larga de años, podía ser un éxito. Y decidió echar el resto:

Lo que veis es uno de los pocos anuncios de Sinclair “pensados a lo grande” para el mercado americano y, que yo sepa, de los pocos que utilizan la figura de una gran estrella como reclamo, si no el único. Porque Terry Bradshaw era una gran estrella en la década de 1970: como quarterback de los Pittsburgh Steelers, marcó un hito en el fútbol americano al convertirse en el primer jugador que ganaba cuatro superbowls de la NFL. Su cara estaba en todas partes, y su popularidad era tan grande que se animó a probar como actor de cine y cantante country (además con éxito) antes de retirarse a principios de los ochenta para dedicarse a otros negocios. Desconozco la pasta que le soltaron por el anuncio de la Microvision, pero a buen seguro ni su caché ni la factura de la campaña publicitaria resultarían baratos. Por desgracia para Tito Clive, su órdago a la grande no le salió bien y la Microvision acabó en fracaso. Pero inasequible al desaliento y a los embates del infortunio, Sinclair jamás renunciaría a un trozo del suculento pastel que representaba el mercado yanqui, por pequeño que fuese: años después trataría de clavar nuevamente una pica en Flandes con sus ordenadores, aunque esta vez con miras mucho más modestas.

2 responses

  1. josepzin dice:

    ¿Y sabes porqué fracasó ese micro TV?

  2. Leo Rojo dice:

    Básicamente porque era cara y llegó antes de tiempo.

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