¿Te gustan los puzzles?

Si la respuesta es afirmativa, este es tu juego:

1986 fue un gran año para los videojuegos en Europa, pero el último tercio resultó especialmente glorioso. En medio de una pléyade de lanzamientos considerados clásicos desde el mismo momento de su publicación, Split Personalities llegó como un «tapado» incluso para su distribuidora, Domark, que ante la Navidad se hallaba más volcada en apoyar su conversión del célebre Trivial Pursuit. Eso no impidió que Split Personalities fuese muy bien recibido y acabase, él mismo, como un clásico que todavía hoy merece ser revisionando.

Así lo ha entendido Richard Langford, que hace unos meses publicaba un bonito remake doble de Pssst y Cookie a través de su empresa de audiovisuales, Langford Productions, y ahora ataca de nuevo con otro remake, éste del peculiar, alocado y divertidisimo juego de puzzles desarrollado por Ernieware Productions, compañía de trayectoria escasa y mediocre pero que gracias a Split Personalities tocó el cielo con los dedos. Casi todo lo que dije en su momento acerca de los ya citados remakes de Pssst y Cookie valdría ahora para el juego que nos ocupa, el cual conserva toda la esencia de su antecesor sin traicionarlo pese a modernizarse de forma palpable. Ya no es que se actualice en el aspecto técnico para funcionar en ordenadores modernos y bajo Windows: las caras famosas de la vida artística y política que debemos «recomponer» también se han adaptado a los nuevos tiempos y así Ronald Reagan y Margaret Thacher dejan paso a Barack Obama y David Cameron. Es muy curioso, por cierto, observar cómo se respeta el orden de las fases respecto al primer juego, pero actualizando las caras. Y esta vez recurriendo a fotos de verdad en lugar de imágenes que sí, que estaban muy bien hechas, pero venían limitadas por un ordenador que no daba para mucho en materia gráfica. Algo que para algunos quizás sea un paso atrás respecto al juego original, del que se pierde ese toque tan especial que convierte un dibujo hecho con el Spectrum en algo inconfundiblemente simpático.

Antes de Internet, los chavales se pajeaban con esto.

Eso sí: el remake incorpora las fases del Split Personalities original, pero siguiendo la moda prevalente en muchos juegos actuales, para disfrutarlas hay que completar previamente otros niveles porque el acceso nos estará, inicialmente, vetado. Y aquí llegamos a la madre del cordero en este sarao, puesto que se atisba un notorio aumento de la dificultad que convertirá nuestro avance en un asunto peliagudo. El sonido, con melodía de fondo incluida, es menos estridente que en el Spectrum y contribuye a la sensación general de que la partida discurre a un ritmo menos frenético, pero la realidad es que hay menos tiempo que antes para completar los puzzles; entre otras cosas porque las piezas «inútiles», que contribuyen a estorbar y hacernos perder unos segundos valiosos, parecen más dispuestas a salir que antes. Pero lo más cargante son las bombas: no solo abundan más, sino que se consumen con inusitada rapidez, mayor que en el Spectrum, y muchas veces no podremos librarnos de ellas sin que nos estallen en la cara haciéndonos perder una vida, sobre todo con la pantalla llena de piezas. Además, y esto es lo más curioso, están menos curradas: en el Spectrum hasta podemos ver la mecha soltando chispas mientras se consume lentamente, con un efecto bastante conseguido y hasta divertido. En el remake la mecha se sustituye por un contador descendente, más frío (como todo el juego en general, porque efectivamente carece del aire simpático que tenía el original) y también más cutre.

En resumidas cuentas nos encontramos frente un trabajo majete. Con sus defectos, pero majete. Y bastante difícil, cosa a la que no estamos habituados en los juegos actuales, ni siquiera en los remakes de clásicos como este. Ahora que, sin ánimo de querer ser tocapelotas, sigo prefiriendo el Split de 1986. Ya no es que me domine un talifanismo exacerbado a favor del Spectrum, que también podría ser; es simplemente que la versión «remozada» acaba por resultar más insulsa pese a la cantidad de nuevos niveles que incorpora (en el original eran 10, ya bastantes) y la calidad de los gráficos / fotos. A fin de cuentas David Cameron no es la Thacher: completar un puzzle con la imagen (casi una caricatura, en realidad) de una tía que los cabrones de Splitting Image sacaban siempre meando de pie en los baños de caballeros no dejaba de tener su gracia.

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