Llegó el Exemplar

Hará cosa de un año por estas fechas, nos hacíamos eco de un singular juego que estaba llamando la atención en Steam. Tanto como para merecer un hueco en la tienda on line de videojuegos más grande e importante del mundo. Caracterizado por su factura independiente pero sobre todo por su aspecto, claramente inspirado en la fabulosa versión para Spectrum de R-Type, Z-EXemplar se pone al fin a la venta tras un largo periodo en desarrollo, durante el cual hubo titubeos que amenazaron con dejar inconcluso el proyecto. Afortunadamente no ha sido así.

No voy a entrar en detalles sobre el juego porque lo dicho en su momento me valdría también ahora. Estamos ante un matamarcianos diseñado al más puro estilo ochentero que homenajea toda una época, pero especialmente una máquina (el Spectrum, claro) a la que parecía imposible exprimir hasta el nivel mostrado por la susodicha conversión de R-Type, llegando a eclipsar en popularidad, con los años, a la recreativa original. Z-Exemplar es un buen juego y merece ser bien recibido sobe todo tras las vicisitudes que han afectado su gestación, pero llega con tres lastres de peso. Si me apuráis, lo de menos es que aún no esté disponible la prometida versión para Android (y nada indica que vaya a estarlo en breve). Más problemáticos son los requisitos de hardware, por mucho que se correspondan a un PC tecnológicamente superado hace años.

Pero lo peor de todo es sin duda el precio de venta, que por un céntimo no llega a trece euros y algunos podrían entender, no sin razón, como desmesurado teniendo en cuenta lo que recibimos a cambio. Para entender esto último, y por comparar con un producto más o menos en la misma linea (remake para PC de un clásico del Spectrum y otros ordenadores de ocho bits), por menos de veinticinco euros es posible adquirir la edición básica de Elite Dangerous, que por ese dinero ofrece muchísimo más de lo ofrecido en Z-Exemplar por trece. Y si estamos dispuestos a rascarnos el bolsillo para adquirir ediciones con más “chicha”, mejor ni hablamos. En definitiva, la relación entre lo que pagas y lo que te llevas a cambio pone a Z-Exemplar en desventaja, quedando circunscrito a los nostálgicos del Speccy más freaks. Tal vez sus creadores solo pretendían eso, y hasta es posible que hayan intentado ponerlo a la venta más barato sin conseguirlo, pero es una auténtica lástima.

Te pueden interesar:

El gorila burro vuelve a la carga

Y en esta ocasión para el Commodore 64, luciendo así de bien: 

El grupo independiente Genesis Project es el responsable de esta nueva versión del clásico creado por Shigeru Miyamoto en 1981, el cual os podéis bajar pinchando aquí completamente gratis.Se trata de un juego muy apañadito, que aprovecha bien las posibilidades gráficas del C-64 para aproximarlo a la máquina original en mayor medida que versiones anteriores, pese a no marcar diferencias sustanciales con la que quizás sea la mejor versión comercial del juego para la máquina de Commodore, publicada por Ocean Software en 1986, y que a su vez era remake de otra lanzada por la misma Ocean tres años antes.

Te pueden interesar:

No hay dos sin tres

Ni tres sin cuatro. Richard Langford está que se sale produciendo remakes de viejos clásicos del Spectrum: a los de Pssst, Cookie y Split Personalities que ya comenté en su día por aquí se une ahora el de Frank N Stein, lanzado originalmente en 1984 y que, sin tener el renombre de un Knight Lore, es de esos juegos que hacen honor al Spectrum como lo que ha sido siempre: una videoconsola con teclado, ideal para que grandes y pequeños pasen el rato con ella de forma muy agradable y divertida mientras recorren plataformas llenas de peligros, tratando de recomponer ordenadamente los pedazos de ese Frankenstein de pacotilla para darles vida… y destruirlos cada vez que a nuestro atribulado doctor se le tuercen las cosas.

No voy a explayarme mucho con este nuevo remake porque lo dicho sobre los anteriormente mencionados encajaría a la perfección, quitando los defectos y potenciando las virtudes. El resultado es que Frank N Stein es el mejor trabajo de Richard Langford hasta la fecha. El juego carece de los errores de programación de Pssst y Cookie y no transmite la frialdad de Split Personalities, siendo más simpático y gracioso aparte de mucho mejor trabajado en el aspecto gráfico que cualquiera de los otros tres.

Te pueden interesar:

Gran Hermano VIP

Antes de nada, que nadie se ponga a la defensiva porque esto no es lo que parece: aquí no vamos a hablar de ningún programa telebasuresco sino del nuevo remake de La abadía del crimen, que añade el subtítulo extensum para que tratemos de entender lo que es. Porque si La abadía del crimen (1987) era una especie de GH en más de un sentido pero esencialmente por reflejar un escenario de convivencia entre hermanos, la nueva Extensum sería su versión VIP. Ampliada, magnificada y reformulada hasta el punto de que cabe plantearse si se trata en realidad de un remake u otra cosa diferente.

Porque aunque la base del programa sigue siendo la del original, el resto ha sufrido profundas modificaciones que van más allá del “lavado de cara” que se le presupone a un remake. Ahora La abadía bebe mucho más de las fuentes de El nombre de la rosa, tanto de la novela de Umberto Eco como de la película dirigida en 1986 por Jean Jacques Arnaud. Pero en especial de esta última, de la que el juego prácticamente calca algunas escenas y diálogos, trasladando igualmente a píxeles el aspecto de los principales protagonistas empezando por Sean Connery, aunque la palma se la lleva el gráfico del jorobado herético Salvatore, muy simpático todo él.

“¡Hola chatooooos!”

El escenario abadesco en el que fray Guillermo y su novicio Adso desarrollan sus pesquisas sufre también una profunda remodelación, a la altura de cualquier proyecto inmobiliario español en los buenos tiempos de la burbuja, y aunque se parece en poco al diseño original de Juan Delcán, mantiene el estilo que lo hizo célebre en su día. Como también cambia la jugabilidad, que ahora resulta mucho más “amigable”: se añaden secuencias cinemáticas que refuerzan el argumento y facilitan la resolución de los diversos enigmas que enfrentaremos a lo largo de la aventura, se suprimen algunas de las tonterías que añadían dificultad de manera absurda y se mejora muy mucho el control de los personajes, eliminando así factores que convertían una partida con La abadía del crimen en una experiencia frustrante. Tres décadas de evolución informática debían notarse de algún modo.

En resumen, nos encontramos ante un trabajo al que no cabe más que elogiar, aunque sólo sea por los dos años que sus autores han sacrificado por él para, finalmente, ponerlo a disposición del público completamente gratis. Teniendo en cuenta el carácter minoritario del proyecto, basado en un juego difícil de digerir hasta para muchos nostálgicos de la llamada “edad dorada” del software español, La abadía extensum les ha quedado muy digna. No tanto como actualización del original (en realidad mucho más que eso) creado por Paco Menéndez hace una treintena larga de años, sino como intento de acercar un concepto de juego que ya en 1987 mostraba numerosas grietas y sólo animaba al desengaño. En cualquier caso, enhorabuena.

Te pueden interesar:

¿Te gustan los puzzles?

Si la respuesta es afirmativa, este es tu juego:

1986 fue un gran año para los videojuegos en Europa, pero el último tercio resultó especialmente glorioso. En medio de una pléyade de lanzamientos considerados clásicos desde el mismo momento de su publicación, Split Personalities llegó como un “tapado” incluso para su distribuidora, Domark, que ante la Navidad se hallaba más volcada en apoyar su conversión del célebre Trivial Pursuit. Eso no impidió que Split Personalities fuese muy bien recibido y acabase, él mismo, como un clásico que todavía hoy merece ser revisionando.

Así lo ha entendido Richard Langford, que hace unos meses publicaba un bonito remake doble de Pssst y Cookie a través de su empresa de audiovisuales, Langford Productions, y ahora ataca de nuevo con otro remake, éste del peculiar, alocado y divertidisimo juego de puzzles desarrollado por Ernieware Productions, compañía de trayectoria escasa y mediocre pero que gracias a Split Personalities tocó el cielo con los dedos. Casi todo lo que dije en su momento acerca de los ya citados remakes de Pssst y Cookie valdría ahora para el juego que nos ocupa, el cual conserva toda la esencia de su antecesor sin traicionarlo pese a modernizarse de forma palpable. Ya no es que se actualice en el aspecto técnico para funcionar en ordenadores modernos y bajo Windows: las caras famosas de la vida artística y política que debemos “recomponer” también se han adaptado a los nuevos tiempos y así Ronald Reagan y Margaret Thacher dejan paso a Barack Obama y David Cameron. Es muy curioso, por cierto, observar cómo se respeta el orden de las fases respecto al primer juego, pero actualizando las caras. Y esta vez recurriendo a fotos de verdad en lugar de imágenes que sí, que estaban muy bien hechas, pero venían limitadas por un ordenador que no daba para mucho en materia gráfica. Algo que para algunos quizás sea un paso atrás respecto al juego original, del que se pierde ese toque tan especial que convierte un dibujo hecho con el Spectrum en algo inconfundiblemente simpático.

Antes de Internet, los chavales se pajeaban con esto.

Eso sí: el remake incorpora las fases del Split Personalities original, pero siguiendo la moda prevalente en muchos juegos actuales, para disfrutarlas hay que completar previamente otros niveles porque el acceso nos estará, inicialmente, vetado. Y aquí llegamos a la madre del cordero en este sarao, puesto que se atisba un notorio aumento de la dificultad que convertirá nuestro avance en un asunto peliagudo. El sonido, con melodía de fondo incluida, es menos estridente que en el Spectrum y contribuye a la sensación general de que la partida discurre a un ritmo menos frenético, pero la realidad es que hay menos tiempo que antes para completar los puzzles; entre otras cosas porque las piezas “inútiles”, que contribuyen a estorbar y hacernos perder unos segundos valiosos, parecen más dispuestas a salir que antes. Pero lo más cargante son las bombas: no solo abundan más, sino que se consumen con inusitada rapidez, mayor que en el Spectrum, y muchas veces no podremos librarnos de ellas sin que nos estallen en la cara haciéndonos perder una vida, sobre todo con la pantalla llena de piezas. Además, y esto es lo más curioso, están menos curradas: en el Spectrum hasta podemos ver la mecha soltando chispas mientras se consume lentamente, con un efecto bastante conseguido y hasta divertido. En el remake la mecha se sustituye por un contador descendente, más frío (como todo el juego en general, porque efectivamente carece del aire simpático que tenía el original) y también más cutre.

En resumidas cuentas nos encontramos frente un trabajo majete. Con sus defectos, pero majete. Y bastante difícil, cosa a la que no estamos habituados en los juegos actuales, ni siquiera en los remakes de clásicos como este. Ahora que, sin ánimo de querer ser tocapelotas, sigo prefiriendo el Split de 1986. Ya no es que me domine un talifanismo exacerbado a favor del Spectrum, que también podría ser; es simplemente que la versión “remozada” acaba por resultar más insulsa pese a la cantidad de nuevos niveles que incorpora (en el original eran 10, ya bastantes) y la calidad de los gráficos / fotos. A fin de cuentas David Cameron no es la Thacher: completar un puzzle con la imagen (casi una caricatura, en realidad) de una tía que los cabrones de Splitting Image sacaban siempre meando de pie en los baños de caballeros no dejaba de tener su gracia.

Te pueden interesar:

Bruce Lee regresa con un “extra”

Y ese “extra” es ni más ni menos que otro enemigo. En esta revisión del mítico Bruce Lee de Datasoft, denominada Bruce Lee+, tendremos que hacer frente no a dos sino a tres enemigos: el gordo torpón (pero capaz de subir escaleras) y dos ninjas enanos armados con vara en lugar del único habitual. La idea se le ha ocurrido a Pgyuri, un fan húngaro del Spectrum que debió pensar, como yo, que Bruce Lee era uno de los juegos mas fáciles de acabar de todos los tiempos y quiso añadirle algo de “chispa”. Sobre detalles del making of no puedo contar nada porque mi dominio de la lengua magiar oscila entre cero y nada, pero el resultado final no deja de ser curioso y además el rendimiento del juego no se ve alterado en lo más mínimo, siendo tan rápido y suave como de costumbre. Tampoco creo que el Spectrum deba apretar los dientes para moverlo, habida cuenta de que el programa original ni mucho menos lo lleva al límite de sus posibilidades.

Por lo demás, excluida la añadidura de ese tercer “monigote”, ahí se acaba todo porque este Bruce Lee+ es igualito igualito al original. También en su dificultad, tan asequible como la que en su día contribuyó a hacer de su antecesor un mito entre los jugones, en muchos casos frustrados por tener que lidiar reiteradamente con programas “imposibles”. Probando hace un par de días esta “nueva” versión, no tuve problema para acabarlo a la primera, y eso que llevaba años sin jugar. Así las cosas, Bruce Lee+ queda reducido a poco más o menos que una bizarrada, pero si casualmente andaban ustedes con la idea de echarse una partidita al Bruce Lee después de siglos sin tocarlo ni con un palo de esos de ninja, ¿por qué no hacerlo con dos en vez de solo uno?

Csatolmányok (voy progresando en mi aprendizaje del húngaro).

Te pueden interesar: