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Los actos para conmemorar el trigésimo aniversario del Sinclair QL continúan: casi 2.000 fotos, 1.979 concretamente, ha colgado en la Red un talifán del Salto Cuántico de Sinclair que responde al nombre de Urs König. Son imágenes accesibles a todo el mundo (siguiendo unas condiciones de uso, eso sí) y entre ellas hay de todo. Incluyendo imágenes del libro Delete: A Desing Story of Computer Vapourware, publicado por Paul Atkinson en 2013; un libro en el que el QL goza de protagonismo singular, llegando hasta la mismísima portada: concebido entre otras cosas como un ejercicio de diseño futurista para mostrar al mundo la pujanza de la industria británica en el sector de las nuevas tecnologías, su fracaso implicó que muchos proyectos relacionados con él quedasen en el tintero, con diseños del gran Rick Dickinson que eran tan bonitos como el propio ordenador.

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Herejes cuánticos

El QL nació en 1984 con la idea de que pequeños empresarios y profesionales liberales pudiesen informatizar sus negocios a un coste reducido. Clive Sinclair odiaba los videojuegos, odiaba que el Spectrum se hubiese convertido en una videoconsola con teclado, y no quería de ninguna manera que su nuevo ordenador, con el que esperaba medrar entre una clientela más seria y adulta, siguiese el mismo camino. Hay que pensar, no obstante, que a principios de los años ochenta la línea que separaba la informática doméstica de la profesional estaba mucho más definida que ahora. Hoy nadie se escandaliza viendo a un par de chavales utilizando el PC con el que papá cuadra las cuentas de la empresa para echarse un Call of Duty, pero entonces nadie en su sano juicio se atrevía siquiera a usar una máquina que podía costar 2 o 3.000 dólares para matar marcianos. Sin embargo un QL costaba diez veces menos, por lo que quedaba al alcance de un público más joven y menos dado a tener remordimientos de conciencia programando videojuegos y / o divirtiéndose con ellos. Sólo el fracaso privó al QL de acabar con una buena biblioteca lúdica, pero en los pocos meses que duró su carrera comercial hubo tiempo para que se hiciesen cosas interesantes con él:

Al hilo de todo esto, y por mucho que pueda dolerle al Tío Clive, casi no sorprende que el QL haya pasado a la historia gracias a un videojuego, además de por ser el ordenador con el que Linus Torvalds bosquejó las primeras versiones de Linux. Pese a ser poco más que un veinteañero, Richard Lang, famoso actualmente gracias a la saga ChessGenius, ya tenía una amplia experiencia diseñando juegos de ajedrez cuando escribió QL Chess por encargo de Sinclair para apoyar el lanzamiento de su nueva máquina. La espectacular presentación del tablero en 3D marcaría una tendencia mil veces imitada a partir de entonces y por ello el juego se convirtió en un clásico inmediato, aunque iba mucho más allá y podía llegar a ser un oponente duro de roer hasta para los buenos aficionados al ajedrez, gracias a su depurada técnica.

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Generación cuántica

El 12 de enero de 2014 se habrán cumplido treinta años de la multitudinaria rueda de prensa en la que Sir Clive Sinclair presentó a los medios el QL, el ordenador que buscaba lograr en el mercado profesional lo mismo que el Spectrum había logrado en el doméstico. Aquel acto, el más importante jamás organizado en la historia de la compañía que Clive dirigía con mano de hierro, fue el anticipo de una odisea que hundiría la ambición de convertir a Sinclair Research en la IBM inglesa. Un sueño imposible de alcanzar ante las pretensiones de conseguir en unos pocos meses lo que a cualquier empresa le habría llevado años invirtiendo recursos en investigación y desarrollo.

En pocas palabras, lo mismo que escribí en 2009 con ocasión del primer cuarto de siglo del QL serviría perfectamente cinco años después. Con la perspectiva y la capacidad de análisis que otorga el paso del tiempo, es lícito plantearse si el triunfo del QL no habría supuesto un revulsivo total para el desarrollo de la informática en Europa, secularmente atrasada respecto a Estados Unidos y Japón, abriendo al hombre de la calle un mercado que no estaría accesible para él hasta el inicio de los años noventa, cuando los compatibles PC comenzaron a bajar sustancialmente de precio. Sea como fuere, el Quantum Leap, el ambicioso salto cuántico con el que Sinclair quiso plantar cara a los gigantes, acabaría cual Quijote arremetiendo contra molinos de viento.

Con el QL, Tito Clive quiso imitar a los grandes hasta en el impacto publicitario.  

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Preservar al QL es preservar la Historia

Así, Historia con H mayúscula. Y me he pasado esta tarde echando unas partiditas al QL Chess y al Match Point. Es mi modesta colaboración para mantener viva la memoria de este sistema, destinado a revolucionar el mundo de los ordenadores personales pero avocado al fracaso, aunque no exactamente por su culpa.

Esto no es nada comparado con el trabajo que desarrollan los responsables de QLmaniacos, quienes han recogido el testigo de la desaparecida QL Wiki para evitar que se pierda su contenido y contribuir, ya puestos, a preservar la memoria de este fantástico ordenador con nuevos contenidos. Bienvenida sea y que siga por muchos años.

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Estáis invitados

Para celebrar el vigésimo octavo cumpleaños del QL, alguien colgó en el Youtubarro una serie de auténticos incunables que, por su rareza, casi se podría decir que no parecen de verdad aunque lo sean. Para empezar podemos ver (y leer) uno de los faxes en los que Sinclair Research invitaba a la multitudinaria presentación del ordenador, celebrada el 12 de enero de 1984. También puede verse una placa madre sacada de uno de los prototipos del ZX-83, nombre clave de lo que luego sería el QL, así como un primitivo manual de usuario destinado a los asistentes de aquella legendaria presentación.

Clive Sinclair tenía muchas esperanzas depositadas en el Quantum Leap, nombre completo de aquel artefacto. Descontento por las críticas vertidas contra sus productos, especialmente contra el Spectrum, y más descontento aún si cabe por el uso orientado a los videojuegos que muchos les daban, Clive esperaba convertir a su empresa en una especie de IBM británica gracias al QL, destinado a una clientela más profesional que la del Spectrum, o al menos no tan dada a perder su tiempo matando marcianitos. Al final el tiro le salió por la culata como todo el mundo sabe, algo que pocos podían intuir aquella mañana de miércoles. Menos aún Clive, que acabaría buscándose la ruina él solito.

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Versión extendida

Treinta años no son nada. Al menos no para el ZX-81, que sigue muy vivo gracias al apoyo de miles de fans. Y me encanta comprobar que esos fans no lo son de boquilla, sino que trabajan en la medida de sus posibilidades para que sus máquinas favoritas no sean olvidadas, con resultados muchas veces espectaculares. Lo último viene de estos tíos, que se han currado una especie de DivIDE para el microscópico antecesor del Spectrum que amplía increíblemente sus prestaciones, que van desde ampliar la memoria RAM del kilobyte inicial hasta los 32 a permitir la carga instantánea de programas gracias a su lector de tarjetas SD.

ZX-81 + chisme de marras = pasada total.

Y si el hermano pequeño del Speccy está de enhorabuena su “primo” no iba a estarlo menos: Un forofo español de los ordenadores clásicos es el responsable de un lector de tarjetas SD para el QL, cuyas posibilidades recuerdan a las de otro invento del que ya di buena cuenta aquí. De momento se encuentra en fase de desarrollo, pero media retroscene ya está babeando ante lo que promete:

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