Para celebrar el vigésimo octavo cumpleaños del QL, alguien colgó en el Youtubarro una serie de auténticos incunables que, por su rareza, casi se podría decir que no parecen de verdad aunque lo sean. Para empezar podemos ver (y leer) uno de los faxes en los que Sinclair Research invitaba a la multitudinaria presentación del ordenador, celebrada el 12 de enero de 1984. También puede verse una placa madre sacada de uno de los prototipos del ZX-83, nombre clave de lo que luego sería el QL, así como un primitivo manual de usuario destinado a los asistentes de aquella legendaria presentación.
Clive Sinclair tenía muchas esperanzas depositadas en el Quantum Leap, nombre completo de aquel artefacto. Descontento por las críticas vertidas contra sus productos, especialmente contra el Spectrum, y más descontento aún si cabe por el uso orientado a los videojuegos que muchos les daban, Clive esperaba convertir a su empresa en una especie de IBM británica gracias al QL, destinado a una clientela más profesional que la del Spectrum, o al menos no tan dada a perder su tiempo matando marcianitos. Al final el tiro le salió por la culata como todo el mundo sabe, algo que pocos podían intuir aquella mañana de miércoles. Menos aún Clive, que acabaría buscándose la ruina él solito.
Treinta años no son nada. Al menos no para el ZX-81, que sigue muy vivo gracias al apoyo de miles de fans. Y me encanta comprobar que esos fans no lo son de boquilla, sino que trabajan en la medida de sus posibilidades para que sus máquinas favoritas no sean olvidadas, con resultados muchas veces espectaculares. Lo último viene de estos tíos, que se han currado una especie de DivIDE para el microscópico antecesor del Spectrum que amplía increíblemente sus prestaciones, que van desde ampliar la memoria RAM del kilobyte inicial hasta los 32 a permitir la carga instantánea de programas gracias a su lector de tarjetas SD.
Y si el hermano pequeño del Speccy está de enhorabuena su “primo” no iba a estarlo menos: Un forofo español de los ordenadores clásicos es el responsable de un lector de tarjetas SD para el QL, cuyas posibilidades recuerdan a las de otro invento del que ya di buena cuenta aquí. De momento se encuentra en fase de desarrollo, pero media retroscene ya está babeando ante lo que promete:
Con la inminente llegada del nuevo año comienza la habitual avalancha (bueno, más o menos) de calendarios retroinformáticos. Al igual que para 2010, a buen seguro que no faltarán ofertas con las que conocer en qué día estamos siendo más originales que el resto de la masa.
La veda de este año la abre esta web, que a través de un grupo de amigos del QL en Facebook, pone al alcance de cualquiera un sencillo calendario que rinde cumplido homenaje al QL. Como ya digo se trata de un trabajo más funcional que otra cosa, pero seguro que tiene su gracia verlo colgando de la pared.
En esta web siempre hemos tenido un cariño especial por el QL, que es algo así como el Atlético de Madrid convertido en ordenador. Sus singularidades (comenzando por su preciosa estética) y su fracaso final acabaron haciendo de él un pequeño clásico, pero si algo lo encumbró entre la gran masa de aficionados a la informática fue el hecho de haber sido el primer ordenador propiedad de Linus Torvalds, el creador de Linux. Al igual que la mayoría de sus coetáneos, el QL era difícil de programar, y sacarle todo el partido de que era capaz sólo estaba al alcance de un puñado de elegidos. Y el bueno de Linus se encontraba entre ellos.
A través de Qblog me entero de que en CyberHades han publicado un artículo sobre los inicios de Torvalds con el QL. El texto es más que interesante y merece la pena leerlo, porque desgrana a conciencia las aptitudes de un chaval que, con sólo diecisiete años, fue capaz de exprimir la máquina de Sinclair hasta límites que la mayoría no había logrado alcanzar, dando como fruto el embrión de lo que más tarde sería Linux.
En esta ocasión la cosa gira en torno al QL. En Facebook hay un grupo de admiradores que han colgado un buen montón de imágenes de juegos, utilidades y hardware raro para uso y disfrute de todo el mundo, pues están incluidas en álbumes de acceso público. Estas imágenes ayudan a comprender el potencial desaprovechado del QL.
Porque la historia de la informática está salpicada de aparatos que no llegaron a triunfar, que se quedaron a medio camino por una u otra causa, relegados a un rincón de la memoria sin que su verdadero potencial llegase a ver la luz jamás. Pero el caso del Quantum Leap es paradigmático por la mala suerte y los errores que lo condenaron al fracaso antes incluso de su presentación oficial. Es agradable ver que cada vez más gente está dispuesta a demostrar que, con un poco de fortuna, el QL habría podido ser grande; una máquina que podría habernos dejado innumerables momentos para la posteridad. Por desgracia se quedó en sólo eso, en lo que podría haber sido y no fue.