Nuestro querido hijo puta

Viernes, 13. abril 2012

La muerte, piadosa, suele actuar como un bálsamo para las conductas más reprochables. Salvo en casos excepcionales, es como un túnel de lavado para la moral, sobre todo para la de los más ricos y poderosos, a los que el “día de las alabanzas” tiñe de grandeza aunque en vida hayan sido unos cabrones.

Firmar penas de muerte a la hora del café no está reñido con ser un entrañable abuelito amante de la vida familiar.

Como ya sabrán casi todos los que estén leyendo esto, Jack Tramiel, fundador de Commodore Business Machines y “padre” del Commodore 64, falleció el pasado ocho de abril a los ochenta y tres años. En el momento de escribir estas líneas la causa de la muerte se desconoce, pero eso es lo de menos. Lo importante es que se va uno de los pioneros que ayudaron a convertir un objeto de laboratorio en un electrodoméstico más, poniéndolo al alcance de cualquier hogar medio hasta hacerlo imprescindible hoy. Quizás Tramiel haya dejado este mundo en el momento oportuno, tras una vida suficientemente larga y fructífera, con su legado bien vivo el mismo año en que su criatura más famosa cumple tres décadas. Además el Commodore 64 sigue siendo, a día de hoy, el ordenador personal más vendido de todos los tiempos. Ahora pocos reprobarán a este hombre el tosco carácter y los métodos trapaceros que le caracterizaron y le granjearon multitud de enemigos entre buena parte de quienes le trataron (o más bien tuvieron que aguantarle). Hace unos días, la web Bytemaniacos ofrecía la posibilidad de leer un libro que ilustra bien a las claras una realidad que la muerte, con sus velos, sin duda ayudará a tapar.

Con todo, lo cortés no quita lo valiente y a tito Jack hay que reconocerle sus méritos, que van más allá de la comercialización de un ordenador clásico. Aquel taxista polaco (su verdadero nombre era Jacek Trzmiel) superviviente del Holocausto, era hasta el pasado ocho de abril de 2012 uno de los últimos representantes de la casta de emprendedores que, como Robert Maxwell o el mismo Sir Clive, ayudaron a poner el mundo en marcha tras la apocalíptica Segunda Guerra Mundial. Empresarios de raza capaces de ridiculizar sin esfuerzo alguno a la caterva de ineptos y miserables con dos MBA en Harvard que nos han llevado a la actual crisis financiera. Tramiel podía ser el mayor hijo de puta sobre la faz de la Tierra, pero al menos deja una herencia más apreciable que la de otros personajes en teoría más simpáticos que él.

Héroe o villano, that´s the question.

La historia más bella jamás contada, o casi

Lunes, 26. marzo 2012

Pues acabo de merendarme The ZX Spectrum  / Commodore 64 Book, 30th Anniversary Special, libro del que prometí decir algo en cuanto me lo terminara. Y confirmaré la primera impresión que tuve nada más recibirlo en casa hará un mes: original presentación, estupenda maquetación, letra quizás un tanto pequeña pero perfectamente legible e inglés al alcance de un tipo como yo mismo, que se defiende en el idioma aunque esté muy lejos de ser precisamente Shakespeare. A ello hay que añadirle una buena selección de contenidos, con reportajes bastante interesantes, entrevistas jugosas y algún que otro comentario gracioso al respective de ciertos juegos míticos. Como ya se podrán imaginar, para mí lo más interesante del tinglado reside en la mitad dedicada al Spectrum, pero el artículo que más me ha gustado se encuentra, curiosamente, en la otra mitad, en las páginas dedicadas al C-64.

Aunque el nombre de Ultimate Play The Game estará indisolublemente unido al Spectrum por siempre jamás, la marca fundada por los hermanos Chris y Tim Stamper en 1982 también le reservó un huequecito al chisme de Jack Tramiel, sobrando decir que también allí hizo historia. La peculiar idiosincrasia de la compañía, caracterizada entre otras cosas por el secretismo y el halo misterioso con el que impregnaba sus creaciones, nos hizo creer a todos que los juegos para el C-64 estaban hechos por los mismos tipos que hacían los destinados al Speccy, y nada más lejos de la realidad. Ultimate, plenamente volcada con el micro del Tío Clive, tardó en volver su mirada hacia otros sistemas y cuando por fin lo hizo fue de la mano de dos freelancers ajenos a la casa, también hermanos como los Stamper, los cuales fueron igualmente capaces de crear un puñado de señores juegos. Su historia y la de cómo se logró descubrir su identidad luego de casi treinta años (sus programas, como todos los de Ultimate, no estaban acreditados) es digna de un guión cinematográfico.

Paradójicamente, la carrera de David y Robert Thomas comenzó en las filas del enemigo cuando su padre les compró un ZX-80. Pronto se dieron cuenta, con razón, de que el ZX-80 era una mierda de ordenador y no tardaron ni cero coma en devolverlo a la tienda para cambiarlo por un Acorn Atom, que con el tiempo daría paso a un Atari 400 y por fin al Commodore 64, todos ellos basados en la misma CPU comercializada por MOS Technology. Para entonces Dave ya tenía un bagaje interesante como programador, y para su siguiente trabajo decidió echar mano de la habilidad de su hermano como dibujante para diseñar juntos un videojuego, inspirándose en una vieja película de 1962 titulada Jack the Giant Killer y en las novelas de Lovecraft que ambos devoraban ávidamente. Cuando The Staff of Karnath estuvo casi listo, los dos hermanos empezaron a pensar en su distribución y debieron decirse que “a cojones no nos gana nadie”, contactando directamente con los dueños de Ultimate Play The Game para ofrecérselo. Al día siguiente, un flamante Porsche 911 aparcaba frente a su casa con dos personas a bordo. Eran Tim Stamper y su novia Carole. Horas después Dave y Bob le habían vendido The Staff of Karnath a la mejor productora de videojuegos de Europa y habían firmado con ella un contrato para tres continuaciones, para cuyo desarrollo tendrían una libertad prácticamente absoluta y sin intromisiones de ninguna clase. El programa llegó a la calle al final de 1984 y vendió una primera tanda de 40.000 copias, una minucia en comparación con las 350.000 vendidas por Sabre Wulf en el Spectrum, pero con todo una cifra bastante importante. Entombed, Blackwyche y el postrero Dragon Skulle acabaron forjando una saga legendaria, todo un must have para cualquier usuario de Commodore 64 que se precie, que además posee el aliciente de su exclusividad porque ningún juego publicado por Ultimate para esta máquina fue portado a otros sistemas, ni siquiera cuando los Stamper vendieron la compañía en 1986 y abrieron la puerta a las conversiones de sus viejos éxitos de Spectrum. Muchos años después, un cúmulo de casualidades y una rocambolesca investigación permitieron dar los con los autores de aquellos juegos.

Posando con una joya.

En las últimas semanas he estado jugando ocasionalmente con estas auténticas maravillas, y aunque suele considerarse a Entombed como la más brillante de todas, mi favorita fue y sigue siendo The Staff of Karnath. Por ser el primero, por su siniestra ambientación medieval, por la posibilidad de usar un montón de hechizos para petar bichos a mansalva, y porque además tuve la suerte de disfrutarla a los pocos días de que saliera gracias a que un amigo se la compró. Sin embargo, los hermanos Thomas prefieren la última de las aventuras, que para ellos es la más pulida técnicamente y la más entretenida al hacer hincapié en la acción sobre la resolución de puzles. Por desgracia Dragon Skulle no acabó de funcionar y pasó sorprendentemente desapercibido, en un momento en que la decadencia de Ultimate había mellado parte de su credibilidad ante el público. Menos de un año después la compañía era historia, pero sus juegos hacía tiempo que habían dejado una impronta imborrable. Echarse una partidita con las colosales obras que Dave y Bob Thomas legaron al Commodore 64 tiene hoy un encanto especial, acrecentado al conocer la fascinante intrahistoria que rodeó su alumbramiento.

Un merecido homenaje al Z88

Viernes, 16. marzo 2012

Y más que justificado porque en estas fechas se cumple un cuarto de siglo desde que fuera presentado por vez primera, aunque no se pondría a la venta hasta un tiempo después. Resulta que con todo el mundo celebrando los treinta años del Spectrum y el Commodore 64, o preparándose para celebrarlos, el alumbramiento de este “abuelo” del iPad y demás tablets destinadas a sustituir a los portátiles tradicionales ha pasado desapercibido. Nada mejor que este video para reparar parcialmente la afrenta. No es una maravilla, pero enseña algunos detalles curiosos de la máquina y por supuesto deja al descubierto su elegante diseño exterior… e interior:

No es la primera vez que aprovecho este púlpito digital para mentar al Z88, a buen seguro el producto Sinclair más desconocido y olvidado, pero también el mejor ideado y fabricado de todos. Con él de la mano Tito Clive hacía realidad su proyectado Pandora, el ordenador portátil con el que había soñado durante años. Cuando por fin tomó formas tangibles, el Pandora resultó ser un poco distinto a lo que muchos habían imaginado, pero no por ello dejaba de ser una excelente máquina que sin embargo careció del favor del público que sin duda se merecía. Una pena, porque tenía muy buenas características que lo hacían ideal para autónomos y profesionales liberales. Pero estaba adelantado a su tiempo y al final las agendas electrónicas y las PDA acabaron por ganarle la partida al llegar en un momento más apropiado: a partir de 1992 se puso en marcha la verdadera revolución digital que de la mano del PC, secundado por aparatos como el Newton o las Palm, cambiaría el mundo para siempre en poco más de diez años.

Para saber más: página del artefacto en la Wikipedia inglesa.

Y más todavía en este artículo de Zonadepruebas.

Mr. Calculator

Lunes, 30. enero 2012

Es mucha la gente que a estas alturas conoce la historia de Clive Sinclair durante la década de los ochenta, de su ascenso al Olimpo y su caída en desgracia tras poner los ordenadores al alcance del europeo corriente; casi tanta como la que ignora que eso mismo sucedió durante la década anterior, virtualmente calcado y con el mismo protagonista.

Como paso previo a la introducción masiva de los ordenadores en el hogar, durante los setenta el progreso tecnológico permitió la llegada de los primeros dispositivos electrónicos destinados al mercado de consumo. La primera calculadora de bolsillo considerable como tal fue la Busicom 120A, puesta a la venta en 1971 por cuatrocientos dólares, lo que la dejaba fuera del alcance de la mayoría. Era tan cara que se vendía con una correa para la muñeca al estilo que la que lleva un Wiimote, con objeto de evitar en lo posible caídas y malos golpes por parte del usuario. Al año siguiente Hewlett Packard lanzó la primera calculadora científica, la legendaria HP-35, desatando la fiebre por este tipo de chismes entre el gran público. Aquí es donde entra en juego el Tito Clive, quien ya tenía una sólida trayectoria como inventor y empresario tras fundar Sinclair Radionics en 1958 para vender radios ultraportátiles y equipos de alta fidelidad. Clive creía que las nuevas calculadoras eran demasiado aparatosas y demasiado caras, y aunque evidentemente el tamaño y los precios irían bajando, todo indicaba que aún pasaría mucho tiempo hasta que ambos parámetros se acercasen a niveles aceptables. Consciente del buen dinero que podía ganar si conseguía diseñar una calculadora compacta y asequible, se puso a trabajar y cambió el curso de la Historia.

Habitualmente suele decirse que Sinclair inventó la calculadora de bolsillo, y aunque no sea del todo cierto, sí es verdad que su Sinclair Executive de 1972 rompió moldes por su revolucionario e ingenioso diseño. Delgadísima, muy ligera, podía guardarse en el bolsillo de la chaqueta pasando completamente desapercibida. Su éxito colocó a Sinclair en cabeza de un mercado en plena expansión, animando a la empresa a ampliar su gama de calculadoras hasta acabar con un variado surtido de máquinas de calidad razonable y precios cada vez más competitivos, lo que posibilitó triunfar también en Estados Unidos, lugar donde no es costumbre reconocer abiertamente éxitos ajenos. Las calculadoras de Sir Clive fueron portada de noticieros, revistas y magazines, logrando incluso un hueco en alguno de los museos más importantes del mundo: una Executive se exhibe actualmente en el MOMA de Nueva York. El sueño acabó tras la catástrofe del Black Watch y el colapso de un mercado que se saturó con rapidez, pero hasta con ese lastre a cuestas hubo tiempo para lanzar pequeñas joyas como la Sovereign, cuyo relativo fracaso no empaña la belleza de su diseño en chapa de acero. Un diseño que llegó a ganar premios importantes y que conoció una lujosa variante en plata para conmemorar el jubileo de Isabel II en 1977, además de otra en oro.

Este video nos enseña una Sovereign comparada con otras competidoras de la época.

Y en este otro podéis mirar (y admirar) una Sovereign dorada con su estuche de madera.

Tras aquello, y con su empresa intervenida por el Estado, Clive se olvidó de las calculadoras y decidió probar fortuna en el terreno de los ordenadores domésticos. Entonces pocos imaginaban que el Tito Sinclair resurgiría de sus cenizas, pero a buen seguro tampoco imaginaban  que, como infectado por un virus que le impulsase a autodestruirse, volvería a cometer los mismos errores casi paso por paso. Después de todo no era más que un hombre, y todos sabemos de sobra cual es el único animal que acostumbra a tropezar dos veces en el mismo sitio.

Y yo sin saberlo, hoygan

Domingo, 8. enero 2012

Pues resulta que la semana pasada el Commodore 64 cumplió treinta añazos. De alguna forma habrá que celebrarlo, aunque sea con retraso, digo yo.

Feliz cumpleaños, Commodore 64 en Program Bytes 48k.

C-64, el deseado.

Y ya. Acabo porque ando hecho un boñigo, con fiebre, y no estoy para muchos trotes precisamente, aunque tampoco quería dejar la web en stand by durante muchos más días. Me piro a seguir viendo No acepto, un documental sobre la historia del punk en la España de los 80 que, pese a su duración un tanto excesiva (cuatro horazas de vellón), no deja de tener su interés.

SoundBlaster para Spectrum. Bueno, casi.

Miércoles, 28. diciembre 2011

De momento sólo es un prototipo, pero no por ello deja de resultar un invento curioso; un interfaz que permite que el chip SID suene en el Spectrum:

El chip SID es posiblemente el elemento más conocido y famoso del Commodore 64, y fue determinante para que este ordenador se convirtiera en el más vendido de todos los tiempos. En Europa tener un C-64 era símbolo de estatus social, en un mercado donde los ordenadores eran caros y pocos usuarios que querían tener ordenador en casa se lo podían permitir. Indirectamente fue uno de los motivos del éxito del Spectrum, más asequible pero también mucho más modesto.

El invento de Jack Tramiel siempre suscitó envidias (mayormente sanas) entre los usuarios de otros sistemas especialmente por sus cualidades sonoras, faceta en la que destacó desde el primer momento gracias al SID, uno de los primeros chips de sonido creados para ordenadores domésticos. Sus prestaciones, adelantadas a su tiempo, resultaban excepcionales y sin parangón con casi nada que se pudiese comprar, siendo el sueño dorado de cualquier aficionado a la música. Todo lo contrario que en el voluntarioso pero limitado Speccy.

Imágen de un clásico MOS Tecnology SID de “segunda generación” producido a partir de 1986.

Ya veremos en qué acaba este intento de arrejuntar el Spectrum y el C-64 por los extremos de la cuerda, dándole al sordo la posibilidad de dirigir una orquesta sinfónica. Puede que a algunos puristas del Spectrum no les termine de convencer la idea porque desvirtúa una parte de su esencia (ese sonido “a lata” tan peculiar), pero al menos a mí no deja de llamarme la atención.

Y no, no parece que sea una inocentada.

Aunque seguramente las hubo mejores, la música de Krakout en su versión para C-64 siempre me pareció tremendamente simpática.

Cuore sportivo

Domingo, 16. octubre 2011

Si os gusta practicar deporte además de trastear con el Spectrum, tal vez os interese esta cucada que encontré por casualidad mientras navegaba por ahí:

Con ella podréis fardar cosa mala ante cualquiera que se cruce con vosotros camino del polideportivo o del gimnasio. O eso o se apartará a vuestro paso poniendo cara de experimento (que no directamente de susto), lo que tampoco sería de extrañar. Está disponible en Ebay por 30 euros al cambio.