Spectrum Vs recreativas

Para muchas personas de entre 40 y 50 años de edad más o menos, la mención de la palabra «recreativas» les retrotraerá, seguramente, a imágenes como esta:

Las máquinas recreativas, también conocidas por sus denominaciones anglosajonas como coin ops o arcade, fueron la base sobre la que se construyó el mundo de los videojuegos a partir de los años setenta del siglo pasado, al punto de que la introducción masiva de los videojuegos en el hogar obedeció al deseo de jugar con ellas en casa aunque fuese mediante su adaptación a aparatos más económicos y, por lo tanto, con menores capacidades, lo que a su vez implicaba renunciar a algunas cosas. No obstante, si la adaptación (o conversión) estaba bien hecha, valía la pena hacer ciertos sacrificios si a cambio podíamos disfrutar de lo que en esencia era la máquina que tanto nos gustaba, sin tener que dejar por ello una fortuna monetaria.

«Acabé así por culpa de las malditas recreativas».

La popularidad de las recreativas era tan grande a partir de los años ochenta que la llegada de ordenadores de gran difusión como el Spectrum propició una oleada de conversiones, particularmente durante la segunda mitad de la década. Esta oleada llegó a ser de tal magnitud que en las revistas especializadas eran frecuentes las quejas. «Hoy todo son conversiones» y otras muletillas semejantes eran habituales en vista de los pocos riesgos que las casas de software estaban dispuestas a asumir. Tampoco se les puede culpar por ello: los salones de juegos estaban siempre repletos incluso entre semana, y convertir una recreativa, además de una inversión barata en muchos sentidos (no sólo en el presupuestario), tenía el éxito prácticamente garantizado sobre todo si la máquina original se encontraba entre las más multitudinarias. Bastaba con hacer las cosas medio bien para obtener beneficios.

Hemos dicho «hacer las cosas medio bien», no a medias. Y desde luego, tampoco mal.

Repetimos que el público destinatario de estas conversiones (casi todo aquel con un ordenador o consola en su domicilio, pues era raro encontrar entre ellos a alguien que no se dejarse los cuartos en el salón de turno) estaba obligado a ceder en algunas cosas. Una recreativa era un artefacto caro, que gracias a su nutrido compendio de chips podía ofrecer experiencias de un colorido y sonoridad imposibles en aparatos más sencillos como el Spectrum. A modo de ejemplo, After Burner ocupaba nada menos que 4 Mb, así que plantearse una conversión podía ser fácil como idea, pero no necesariamente como ejercicio práctico. Había que ser muy hábil para saber qué elementos podían sacrificarse, cuales no, y luego ser capaz amoldarse a las limitaciones del ordenador para trasplantarlos de la forma más digna posible, manteniendo la esencia del original en el proceso. Los mismos programadores del After Burner para Spectrum lo vieron claro: ya que no podían acercarse ni por asomo a la riqueza gráfica y sonora de la máquina, se centraron en conservar su endiablada velocidad de acción, que es donde reside la verdadera gracia del juego. El resto es historia. Luego estaban tíos fuera de serie como Robert Pape que no renunciaban a nada, pero eran los menos. Hubo quienes, en un asombroso alarde de maestría, lograron que sus conversiones mejorasen el original hasta el punto de relegarlo al olvido. Fue el caso de Renegade: el torticero método de control de la máquina deja paso a otro notablemente más sencillo e intuitivo; pero no contentos con eso, sus autores rompieron moldes con una secuela sin equivalencia en coin op que dejaba en mantillas al original de Taito.

Pocos dirán que la máquina mola más.

Ahora, el conocido canal de Youtube The Laird pone en marcha una serie en la que compara aquellas legendarias «maquinitas» con sus respectivas conversiones para Spectrum. Ya el primer episodio recopila ejemplos de todo pelaje, de todo lo que hemos comentado aquí: van desde lo muy logrado a lo directamente espantoso, recordando de paso conversiones muy honestas como Metro Cross (¿alguien supo alguna vez que provenía de una recreativa? De hecho, ¿alguien la vio alguna vez en un salón o bar? ¡Yo nunca!) junto a otras que mejoraban su correspondiente arcade: Spy Hunter siempre me gustó más en el Spectrum, mucho más manejable y, por lo tanto, divertido. Disfrutad. Y de paso tomad nota de aquellos juegos que tengáis arrinconados en la memoria para volver a echarles un tiento, que en más de un caso valdrá la pena.

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