Setenta y ocho años y un día

Esa cifra, que parece una condena de cárcel directamente copiada de una sentencia judicial, significa en realidad mucho más que eso.

Porque nuestro querido Tío Clive cumplió 78 castañas el pasado 30 de julio. O sea ayer, según escribo esto. Pero como a mí me gusta ser original y destacar sobre la chusma el resto de la gente, pues lo celebro un día después.

Apuesto a que Sir Clive estaría encantado con mi originalidad y mi sentido del humor puramente inglés, todo en uno. Por felicitarle un día más tarde que los demás y por hacerlo aludiendo a una condena de cárcel, que dicho sea de paso ya habría querido yo para mí mismo: a los dieciocho años Sinclair ya estaba dirigiendo una revista, y no precisamente un fanzine de instituto; con treinta y dos se hizo rico vendiendo calculadoras de bolsillo y con cuarenta prácticamente “inventó” el mercado de ordenadores domésticos en Europa. Los traspiés derivados de sus actividades, entre las que se incluyen numerosas conquistas femeninas que hasta ahora le han acarreado dos divorcios (el último aireado sin cortapisas por los tabloides), no le han impedido caer siempre de pié como los gatos. Con la salud restablecida tras pasar largo tiempo hospitalizado en 2016, y pese a los escándalos que vienen rodeando la gestación de la consola Vega+ que él auspició, Sinclair continúa siendo un hombre famoso y respetado que vive como un marajá en un enorme dúplex con vistas a Trafalgar Square, acompañado por una nueva novia (antigua amiga y secretara) mientras saca provecho a su privilegiada inteligencia participando en timbas de póker, juego que se le da bastante bien. Ya me gustaría a mí llegar a hacer la milésima parte de todo eso con setenta y ocho años y un día.

“Dejad que las mujeres se acerquen a mí”.

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