Revindicando al olvidado

Cuando cualquier empresa lanza un producto de éxito definido por una gama estructurada a su vez en base a modelos, como puede ser un coche, siempre hay modelos que acaban vendiéndose más que otros y estos últimos suelen caer al pozo del olvido. Buscando un ejemplo fácil, y ya que hemos mencionado los coches, todo el mundo recuerda el Seat 600 pero no el 800, que era un derivado del primero con cuatro puertas en lugar de tres. Bueno, pues en los ochenta ocurrió otro tanto con los ordenadores domésticos: en la gama de una máquina de éxito como el Spectrum hubo modelos que se vendieron mejor que otros y acabarían definiendo ese éxito sobre el resto, los cuales solo pudieron participar del triunfo de manera transversal y, finalmente, quedaron aparcados en una vía secundaria de la historia.

Este es el caso del Spectrum de 16 Kb. El Gomas fue puesto a la venta en abril de 1982 con una gama compuesta por dos modelos, diferenciados por su memoria interna: 16 o 48 Kb. En aquel momento 16 Kb se consideraban suficientes para cubrir las necesidades del usuario doméstico, y permitían vender el Spectrum a un precio “de acceso” muy competitivo que lo convertía en el ordenador más barato del mercado capaz de generar gráficos en color. Además los compradores de un “16” tenían la garantía de poder ampliar la memoria de su equipo en el futuro, tal como había sucedido con los ZX-80 y 81. En tales circunstancias el modelo “grande”, dotado con el triple de memoria pero 50 libras más caro, quedaba para los usuarios con mayor pecunio y aspiraciones.

Pero Sinclair no contó con la rápida evolución del mercado, impuesta no ya por la competencia sino por el éxito mismo de su producto estrella: el Spectrum se hizo rápidamente con un buen trozo del “pastel” europeo de ordenadores domésticos, cuyos usuarios demandaban continuamente más programas y cada vez más sofisticados. Los 16 Kb del Spectrum básico enseguida se quedaron cortos, muy escasos para cubrir tales demandas. 50 libras de diferencia tampoco marcaban una línea imposible de rebasar para el bolsillo medio, así que la gente se decantó muy pronto a favor del modelo de  48 Kb., que por añadidura permitía disfrutar de todo el catálogo de programas disponible con independencia del modelo al que se destinase. Pagar la diferencia compensaba: era como llevarse una especie de dos por uno a precio casi de saldo. En consecuencia, para finales de 1983 / principios de 1984 casi todo el software comercial que se publicaba era para el modelo grande, y aunque el Spectrum de 16 Kb continuó vendiéndose durante un tiempo sobre todo en países como España, donde la diferencia de precio entre modelos era muy superior, lo único cierto es que en circunstancias normales nadie con dos dedos de frente compraba un “16” so pena de no tener dinero, no poder ahorrarlo y querer el ordenador en su domicilio a la voz de ya.

Aun así, el Spectrum de 16 Kb tuvo tiemp para dejar su impronta. La inmensa mayoría de los primeros clásicos destinados al micro de Sinclair se diseñaron para 16 Kb. La trilogía de juegos protagonizada por el singular Horacio (Horacio glotón, Horacio esquiador y Horacio y las arañas) funciona en 16 Kb. Los primeros juegos de la mítica Ultimate, que para muchos son también los mejores, funcionan en 16 Kb. Como también funcionan en 16 Kb muchos de los juegos para Spectrum que mejor han envejecido con los años, alejados de la complejidad que alcanzarían futuros desarrollos para los modelos grandes de 48 y 128 Kb. Juegos sin florituras innecesarias y por tanto fáciles de disfrutar y extremadamente adictivos, perfectos para unos minutos de asueto en trenes o autobuses por ejemplo. Prácticamente abandonado a su suerte a partir de 1984, solo tras el fin de la vida comercial del Spectrum volvió a disfrutar el “16” de novedades. Y tampoco es que sean muchas, la verdad. Ello se debe a multitud de factores, pero cuenta el hecho (nada desdeñable pero dicho sea sin acritud), de que buena parte de quienes hoy día sostienen al Spectrum dentro panorama retroinformático incubaron su pasión con los modelos de 128 Kb, y en especial con el +2. Así las cosas, el Spectrum de 16 Kb queda reducido a una especie de rara avis.

Mag the Magician muestra lo que alguien suficientemente habilidoso puede meter en un espacio equivalente a menos de la mitad del ocupado por cualquier foto incluida en este artículo. Programado por Radastan, uno de los grandes nombres de la escena retroinformática española, evoca en su presentación a las videoaventuras de la citada Ultimate y por estilo de juego recuerda a Saimazoom y Babaliba de Dinamic. El argumento sigue un hilo muy parejo al del mencionado Saimazoom, y como en aquel hasta es posible toparse con ríos infranqueables durante nuestras pesquisas por el bucólico escenario donde transcurre la acción, bastante más extenso de lo que cabría esperar a tenor de que Mag the Magician está diseñado para ocupar apenas 16 Kb de memoria. Hasta se puede entrar en las casas, cuya decoración interna sigue la tónica predominante en exteriores, destacada por el exquisito uso del color que caracteriza los gráficos, muy detallados pese a su pequeño tamaño, y perfectamente adaptados a la sugerente ambientación medieval del juego, que no puede transmitir mejores sensaciones. Muchos programas comerciales publicados en la época dorada del Spectrum no alcanzan ni de lejos la calidad de este.

Con Mag the Magician, su programador hace algo semejante a esto.

Además el juego es gratis, aunque como curiosidad, para 2018 se ha previsto publicar Mag The Magician en formato físico. Pero no en uno cualquiera, sino en cartucho para el extravagante Interface 2; otro artefacto de la gama Sinclair (en este caso un periférico) a revindicar y que en su día no obtuvo el reconocimiento que merecía. Queda el consuelo de que nunca es tarde si la dicha es buena, y en este caso particular nunca es tarde para revindicar el valor de máquinas que, como el Spectrum de 16 Kb, merecen respeto aún con las limitaciones que provocaron su rápida exclusión y, finalmente, su caída en la profunda sima del olvido.

2 responses

  1. ANTONIO dice:

    Me fascinan tus reportajes sobre el Spectrum. Yo nunca tuve uno, ‘me cayó’ un Amstrad CPC- 464 que aproveché poco -y que aún conservo-. Recuerdo aquella época de los cassettes que cargaban por ejemplo el legendario Out Run, rebobinando el lector para cargar otro nivel del juego.Creo que hay o hubo emuladores de Spectrum y Amstrad para móviles, podiendo recuperar aquellas sensaciones. Enhorabuena por esta página. Entiendo que le dedicas tu tiempo por pura vocación y devoción a las máquinas precursoras de las que tenemos hoy en nuestros bolsillos.

  2. Leo Rojo dice:

    Gracias por lo que me toca. Emuladores hay de todo y para todos. Y sí, esto es por pura vocación.

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