Retroingeniería evolutiva inversa

Antes de nada, vean este vídeo y pregúntense si no les recuerda algo:

Ahí lo tienen ustedes: un ejemplo de diseño (ingeniería) con reminiscencias del pasado nada disimuladas (retro), cuyos creadores parece que lo hayan hecho desmontando un producto semejante para volver a montarlo y así aprender cómo funciona (ingeniería inversa), aprovechando el proceso para modernizarlo (evolución). Esta es la explicación al enrevesado título de este artículo, aunque la verdad es que se explica por sí mismo tras ver el susodicho vídeo y tomarse la molestia de visitar la web oficial de la marca, que presenta este nuevo velocípedo / triciclo sin hacer referencia alguna a su evidente inspiración.

«Sus voy a meter un paquete que te cagas, copiones»

Y es que el llamado Cabriovelo es ni más ni menos que lo que parece: una evolución del legendario Sinclair C5 que corrige algunos de sus defectos más evidentes, como la ausencia de capota, manteniendo su esencia. Ideado (¿o deberíamos decir «copiado»?) hace ya algunos años por el inventor alemán Christian Wagner, es ahora cuando un trío de jóvenes emprendedores italianos (¡qué gran vocablo el de «emprendedor», qué polisémico!) se ha propuesto comercializarlo, en lo que parece una maniobra guiada por algunas de las costumbres transalpinas de mayor arraigo.

Lo cierto es que el proyecto no parece destinado a acabar bien y así puede adivinarse en Indiegogo, donde lucha por financiarse habiendo obtenido hasta ahora sólo una fracción del dinero necesario. Quien sienta interés por ayudar con un óbolo a que el Cabriovelo salga adelante es libre de hacerlo, dado que gastar el dinero en lo que nos dé la gana es una de las escasas libertades permitidas en nuestra maravillosa sociedad ultracapitalista. Ya veremos dónde acaba esto y qué éxito cosecha si llega a salir al mercado en la fecha prevista, fijada inicialmente para mayo de 2017.

Hasta entonces podremos deleitarnos juzgando la idoneidad de un producto que, dejando a un lado consideraciones personales respecto a la presunta caradura de quienes lo pergeñaron, destila cierta fealdad en sus trazos (con la capota puesta llega a recordar a un motocarro) así como un diseño algo tosco del interior, con ese asiento que parece sacado de un todo a un euro y toda la mecánica al descubierto amenazando con manchar (o directamente hacer jirones) nuestro pantalón o falda al menor descuido.

Con todo, lo peor es la escasa practicidad intrínseca en estos aparatos, que teóricamente diseñados para la movilidad urbana han de competir con las bicicletas. Ya no estamos en 1985, y como bien pudo comprobar el mismo Sir Clive con su fallido X-1, que no se atrevió a comercializar ante el evidente fracaso que le esperaba, la sociedad también ha evolucionado de un tiempo a esta parte: el uso de la bici gana terreno en las grandes ciudades, donde su practicidad resulta incontestable frente a artefactos como el Cabriovelo, que a cambio de resultar mucho más caros son incapaces de «caracolear» en los atascos, no pueden hacer uso del transporte público si así lo deseamos (en ciudades como Madrid puedes meter una bici plegable en el Metro incluso en hora punta) y hasta son más susceptibles al robo. Todo esto explica que las calles no estén llenas de triciclos como el C5 o el X-1, y o mucho me equivoco o el Cabriovelo no contribuirá precisamente a revertir la situación.

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