“Phurbo”

Lo admito, me gusta el “phurbo”, aunque por suerte no soy un forofo. No obstante soy de esos que los domingos por la noche se conectan al Marca digital, para estar al tanto de los resultados y de las noticias más importantes de la jornada liguera. De vez en cuando hasta pongo en la TV algún partido que pueda parecer interesante, para ojearlo mientras estoy frente al PC o al cargo de otras cosas. Aunque no le dedico mucho tiempo a este asunto lo reconozco: me gusta el “phurbo”.

De pequeñajo, el fútbol siempre fue para mí objeto de frustraciones terribles. El fútbol me gustaba mucho como deporte en sí. Bien jugado podía ser espectacular, te lo podías pasar bien y en un país donde el llamado “deporte rey” es casi una religión, el tener un buen dominio del balón podía ayudarte mucho para hacer amigos en el colegio o en tu barrio. Pero desgraciadamente no era mi caso. Si hay en España un único y verdadero gañán con un balón en los pies ése soy yo, absolutamente negado siquiera para darle una miserable patada a una pelota. Lo mío había sido desde siempre el ciclismo, deporte en el que llegaría a competir algunos años después como aficionado. Pero en los colegios no existen velódromos. En mi colegio todos los alumnos estaban obligados a participar en alguna actividad deportiva, so pena de suspender la asignatura de gimnasia. Sólo teníamos dos alternativas: o fútbol o baloncesto. Como el baloncesto se me daba también muy mal, con el agravante de que siempre he sido un tipo bajito, no me quedó más remedio que apuntarme a la Liga Escolar de fútbol. Como no podía ser de otro modo, siempre era el último en ser escogido a la hora de formar los equipos en el recreo; y siempre jugaba en la defensa, tratando de pasar desapercibido. Fueron tiempos muy duros para mi autoestima de tierno infante.

Años después los hechos me demostraron que la cosa no era para tanto, y que hasta yo podría haber sido futbolista profesional…

Pero fue entonces cuando la llegada del Spectrum a mi casa vino a echarme un cable. Toda la habilidad que me faltaba jugando al fútbol en el colegio o en el barrio me sobraba con las manos en el teclado. Así pues, acabé aprovechando la coyuntura para equilibrar la balanza de mi maltrecho ego. Conforme algunos amigos se fueron comprando ordenador, aprovechábamos los fines de semana para montar pachangas con diversos juegos. Y claro está, el fútbol no podía faltar. Aquel era el momento para volver las tornas a mi favor, y si durante la semana tenía que soportar en mis pobres carnes las miradas compasivas y la altivez de mis compañeros a causa de mi nula habilidad futbolística, el fin de semana las cosas eran bien diferentes, siendo algunos de aquellos chavales el objetivo prioritario de mi venganza. Lo que de lunes a viernes era un fiel reflejo de la más humillante patanería, el sábado y el domingo se transformaba en una gracia divina a la altura de “O Rei” Pelé en su época más gloriosa. Y un servidor, durante aquellas veladas jugando al Match Day, no tenía reparos en “regalar” una humillación tras otra a todo aquel que tenía huevos para ponerse al teclado junto a mí.

Además, la aparición de estos títulos futbolísticos para ordenador supuso un revulsivo curioso, éste a nivel general: la posibilidad de resarcirnos hasta el hartazgo de la mala trayectoria internacional de nuestra simpática Selección, versión internacional del Atlético de Madrid (siempre pierde “heroicamente” cuando tiene que ganar). La de veces que habremos jugado “Campeonatos del Mundo” cambiando los nombres de los equipos del Match Day por los de selecciones nacionales, con el firme propósito de llevar a España a cubrirse de gloria en una final victoriosa, para variar.

Y aquí están sólo las pifias más recientes. Buscad en el Youtubarro cosas como “el gol de Cardeñosa” y preparaos para fliparlo.

El Spectrum fue un ordenador bastante deportista, la verdad. Durante su longeva existencia ha hecho más deporte que el legendario Jesse Owens, practicando todo tipo de especialidades imaginables, desde las más conocidas hasta las más extrañas. Ha escalado las más altas cumbres, ha repartido más estopa que Bruce Lee, se ha batido el cobre con genios del ajedrez de medio planeta, ha disputado combates de catch que recuerdan los mejores tiempos de la WWF, y hasta ha escupido más lejos que nadie. Pero el fútbol siempre tuvo un lugar de preferencia entre el “softwarero” del popular invento de Sir Clive, debido tal vez a la fuerte implantación de este ordenador en el mercado europeo y sobre todo en Inglaterra (su país de origen) y España, lugares donde el fútbol, ya se sabe, es casi una fe capaz de mover montañas. En su larga vida el Spectrum vio pasar por sus entrañas decenas de juegos de fútbol, unos mejores, otros peores. Justo al contrario que el PC, que hasta que no dio el salto definitivo como ordenador de masas fuera del mercado americano, a principios de los años 90, prácticamente no vio juego alguno de este estilo.

Resulta incluso entrañable echar la vista atrás y rememorar aquellos tiempos en los que con cuatro pixels y unas pocas pinceladas de color aquí y allá se recreaba “toda la pasión del fútbol” para dar pié a juegos “tan reales como el fútbol mismo”. Más o menos como hoy en día. La gente joven que se pega sus buenos vicios al FIFA o al Pro Evolution Soccer se queda de piedra al contemplar en funcionamiento juegazos como el Match Day II, mientras nos oye decir cosas como “era increíblemente real”. A ellos podrá parecerles una puta mierda, pero habrá que verles dentro de veinte o treinta años, hablando a sus hijos maravillas del FIFA 2003 mientras estos se descojonan del “viejo” en su puta cara.

Realismo elevado a la enésima potencia.

Pero la verdad es que los chavales tienen razón. Es evidente la abismal diferencia que existe entre los juegos de fútbol de Spectrum y los actuales de PC, que cada año que pasa se van asemejando más a una auténtica retransmisión televisiva. Echo la vista atrás y yo mismo me sorprendo de cómo fue posible que unos juegos tan cutres pudiesen hacerme creer que estaba metido de lleno en un partido de balompié. Pero es verdad, lo conseguían. Y además de sobra. Entonces no era necesario un despliegue técnico de primer orden para lograr que un jugador se viese atrapado por la ambientación de un juego; simplemente era cuestión de tener algo de maña y echarle un poco de imaginación. Supongo que también se debía a que para nosotros la informática era entonces algo tremendamente novedoso, casi mágico; y como nunca habíamos visto nada semejante hasta entonces, nos considerábamos suficientemente pagados con los cuatro pixels y las pinceladas de color aquí y allá. Hay que reconocer que los programadores se apañaban muy bien con lo poco que había para crear juegos de fútbol sencillamente extraordinarios.

El primer juego de fútbol que yo tuve para mi Spectrum fue el archiconocido Futbol Manager de Addictive Software. Cuando lo vi por primera vez me quedé extasiado. ¡Un juego para Spectrum que recreaba toda la emoción de una temporada futbolística al mando de tu equipo favorito! Era lo nunca visto, toda la pasión del balompié trasladada a un ordenador, con la añadidura de que tú eras el mandamás del club y tenías en tus manos el destino del equipo, con sus glorias y fracasos. Fútbol Manager estableció un modelo pionero en el campo de la gestión deportiva adaptada a un juego de ordenador, modelo que sería copiado y mejorado posteriormente tanto por la competencia como por las tres continuaciones que tuvo este programa, y que vería su máximo exponente años más tarde de la mano de los PC Fútbol de Dinamic. Poco importaba que no se pudiesen controlar los jugadores en el campo. Para mí ya era una experiencia sencillamente alucinante controlar los designios de un club de fútbol (además español) desde mi Spectrum, poder hacer y deshacer a mi antojo con las alineaciones, y sufrir de lo lindo por la inoperancia de mi equipo ante la portería contraria, llegando a gritar de alegría cuando marcábamos un gol decisivo en algún partido importante, tal era mi grado de compenetración con el juego.

spectrum-footballmanager

Ni un orgasmo podría compararse a este momento.

No mucho tiempo después llegaría el legendario Match Day de Jon Ritman y aquello fue ya lo más: ante nosotros teníamos “el juego de fútbol definitivo”. Una obra maestra en la que poco importaba que no se pudiese rematar de cabeza o hacer faltas al contrario. En la que poco importaba que todos los jugadores, 6 por equipo nada más, corriesen a la misma velocidad (más bien a paso lento) con el balón pegado a los pies como con un litro de Imedio o sólo se pudiesen hacer dos tipos de disparo, sin poder variar altura y velocidad. Nunca se había visto nada igual y poco importaban las carencias del juego, qué carajo. El Match Day nos tuvo viciadísimos a mi hermano y a mí durante bastante tiempo, y fue uno de los primeros juegos con los que empezamos a organizar competiciones entre amigos los fines de semana dando pie, por fin, a resarcirme de las humillaciones recibidas como “futbolista” en el colegio. A modo de anécdota, contaré que llegué a disputar un reñido encuentro contra un chaval de 7º de EGB que fanfarroneaba de ser un gran jugador de Match Day. El pique estaba servido y decidimos jugar un partido una tarde de sábado, en presencia de varios amigos suyos y míos y sobre terreno “neutral” (en casa de un amigo común). El partido se disputó nada menos que ¡a tiempo real, noventa minutos! Y sobra decir que mi ego sufrió un notable espaldarazo: paseito militar y victoria de calle por 77 a 41.

Muchos creyeron que con esto se había llegado al límite en lo referido a juegos de fútbol para Spectrum. Por supuesto, se equivocaron.

Unos años después llegaría el “culmen” de los juegos de fútbol para máquinas de ocho bits (no sólo Spectrum) con la segunda parte de aquella maravilla, otra obra maestra llamada Match Day II que vino a dejar el listón muy alto, quizás demasiado alto para posteriores juegos. Y es que a excepción del tema de las faltas, este juego tenía todo lo que le faltaba al anterior, pudiéndose hacer cosas bastante chulas con el balón (virtual) en los pies, taconazos incluidos. Con éste si cabe los vicios fueron ya brutales (por algo era mejor juego, evidentemente) y las competiciones eran antológicas. Recuerdo que incluso en 1997 aún llegamos a organizar un torneo de veteranos del Match Day II, durante el transcurso de un cursillo de formación laboral en el que casualmente coincidimos algunos fanáticos del Spectrum. En aquella ocasión ya no pude ganar: se notaban demasiado los muchos años de inactividad y solo pude llegar a semifinales, perdiendo la eliminatoria tras dos épicos partidos de desempate.

Dios existe, y se llama Jon Ritman.

Para mí no cabe ninguna duda de que el Fútbol Manager y los dos Match Day constituyen la Santa Trinidad de los juegos balompédicos para Spectrum. Se hicieron otros muchos, pero siempre he creído que ninguno fue mejor que estos tres, o por lo menos ninguno dejó entre los aficionados una huella tan profunda. No obstante hay unos cuantos juegos más que forman parte de mi santuario Speccyfutbolero particular por diversos motivos. Por ejemplo el Super Soccer de Imagine, tal vez el juego de fútbol más completo publicado jamás para Spectrum, y que fue el primero que me compré cuando Erbe Software bajó los precios de las casetes originales a 875 pesetas en febrero de 1987. Cuando leí el análisis publicado en la Micromania no podía creerlo: tenía ante mí el juego de fútbol “definitivo”. El que incluía por primera vez detalles como las faltas, las tarjetas, los lanzamientos de penalti, el portero que podía moverse libremente, el detalle del cansancio de los jugadores… No pude resistir la tentación y salí corriendo a la tienda para comprarlo, aun a pesar de ese nombre tan peculiar que sustituía la palabra football por soccer, la denominación yanki del fútbol. ¿Esperaba Imagine poderlo vender en los USA? Sin embargo el juego me decepcionó bastante porque era tremendamente lento y tenía unos errores de bulto, dando toda la impresión de haber sido publicado en versión no ya “beta” si no incluso “alfa”.

Junto con el de E.T. uno de los mayores tongos de la historia del videojuego.

Y ya que hablamos de juegos con títulos curiosos, a mí me hizo bastante gracia el Peter Shilton´s Handball Maradona. Como ya os podéis imaginar, el título se refería, con mucha mala leche y socarronería, a este legendario momento de la historia del fútbol:

La prueba fehaciente de que Dios no es un tipo de fiar.

Y entre los españoles no podemos olvidar el que se podría considerar como nuestro Match Day patrio: Emilio Butragueño Fútbol de Topo Soft, publicado en medio de una enorme expectación en 1988, y que pulverizó records de ventas. Que yo sepa, fue el primer juego de fútbol publicado para ordenador que sustituía la clásica perspectiva isométrica de todos los juegos publicados hasta entonces por otra cenital, copiando el estilo de la archipopular recreativa Thekan World Cup. También fue el primero en incluir alineaciones reales, con equipos de once jugadores cada uno, y el primero en el que podíamos ver al “trencilla” sobre el campo impartiendo justicia a tarjetazos. Hay que reconocer que el juego fue revolucionario en esos aspectos; pero más allá del “bombo” que le dieron aprovechando la imagen de Butragueño, por aquel entonces jugador en el cenit de su gloria, hay que reconocer que aquello tenía más nombre que otra cosa. Aunque todo el mundo dijese que los gráficos eran fenomenales, la verdad es que la representación del campo no parecía la más acertada: su aspecto se asemejaba más al de un pedregal. Aunque los jugadores se movían con cierta rapidez, el scroll de pantalla era tremendamente brusco. Tampoco había competiciones para jugar; y ganar al ordenador era algo bastante sencillo por lo que, como no se podía elegir entre varios niveles de dificultad, el juego perdía enseguida cualquier aliciente.

Programado por Tedio Plómez Sopor. Y con los gráficos del campo diseñados por un pastor con boina a rosca.

De todos modos tales defectos no disuadieron a los compradores, que lo adquirieron en masa, llegándose a vender más de 200.000 copias sólo en España. Un año después Butragueño tendría una segunda parte, aupándose en esta ocasión a la moda establecida por Dinamic con su Michel Fútbol Máster (otro juego con más marketing que valor real) de dividir la partida en dos partes, una con pruebas de habilidad física al estilo del Decathlon pero con balón de por medio y otra con la competición en sí, una especie de Copa del Mundo en este caso. Para ese momento el Spectrum estaba ya en franco declive como ordenador doméstico predominante, siendo sustituido a marchas forzadas por las más potentes máquinas de 16 bits (Amiga, Atari ST y PC). La progresión de los juegos de fútbol en nuestro querido Speccy acabó más o menos por esta época, como toda progresión referente al software de nuestro querido amigo, porque simplemente la máquina de Sir Clive se había quedado vieja para hacer frente a las demandas de los usuarios. El “realismo” de los juegos de fútbol para máquinas de ocho bits había quedado definitivamente superado.

3 Responses

  1. aventurero dice:

    Me llama la atención que no menciones el Emilyn Hugues International Soccer, que superaba en algunas cosas al Match Day 2.
    Más opciones de competición, 22 jugadores sobre el campo, gráficos, si no mejores, al menos más realistas (los jugadores del Match Day 2 eran cabezones y a mí me parecían todos Hugo Sánchez), mayor velocidad en las jugadas…
    Sólo me chirriaba lo estrecho que era el campo.
    Y aún así, hoy día sigo prefiriendo el Match Day 2 para jugar con emulador, porque tiene unas mecánicas únicas (ese selector de potencia de disparo). Así que supongo que Match Day 2 era mejor juego. Pero el Emilyn Hughes me parece el único que le hace sombra y es invariablemente olvidado.
    Enhorabuena por el blog 🙂

  2. aventurero dice:

    Ah, vale; veo que ya te comentan en otro artículo sobre el Emilyn Hughes.
    Entonces ya está todo dicho.
    Un saludo 🙂

  3. Leo Rojo dice:

    El Hughes es un juego muy curioso. El último juego de fútbol realmente bueno publicado para Spectrum y el mejor… tras Match Day 2. Porque en efecto: Hughes es un punto más realista, pero lo que tiene Match Day 2, ese “algo” en su jugabilidad que lo hace tan grande, no lo tiene nadie más.

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