Melodía de seducción

Por todos es sabido que uno de los aspectos en los que más flojeaba nuestro querido Spectrum era el del sonido. De los “cuatro grandes” (Amstrad CPC, Commodore 64, MSX y el propio Spectrum) este último era el que estaba peor dotado para generar un sonido decente, al menos en las versiones de 16 y 48 Kb. Donde más se notaba esa diferencia respecto a otras soluciones informáticas más caras era en la creación de música. El modesto beeper de nuestro querido Speccy se quedaba claramente corto para generar melodías de calidad. Al menos sobre el papel, porque el espectacular progreso en las técnicas de programación utilizadas con el Spectrum a lo largo de los años, permitió apurar hasta límites insospechados las cualidades, en principio ridículas, del minúsculo altavoz monofónico y de onda cuadrada que incorporaba el ordenador.

Cuando salió el Spectrum, nadie imaginó que semejante porquería daría para tanto.

Aquel progreso sonoro se notaría especialmente en las melodías de presentación de los juegos. Era muy raro encontrar juegos de Spectrum en los que se pudiese escuchar música mientras se jugaba, porque aquello repercutía de manera seria en el rendimiento del programa (todo el trabajo recaía en el procesador principal, ya bastante ocupado de por sí). Entre los pocos juegos que recuerdo que tuvieran música durante las partidas están Jasper y los ya más famosos Three Weeks in Paradise, Manic Miner y Jet Set Willy.

La salida a la palestra de los modelos de 128 Kb, que como ya es sabido incorporaban un chip de sonido en condiciones, cambió este panorama proporcionando a sus afortunados propietarios la opción de experimentar nuevas y mejores sensaciones a nivel sonoro. Y no solo en los menús de opciones de los juegos, sino durante el juego mismo, dado que la inclusión del susodicho chip posibilitaba partidas con música de fondo sin que la CPU se viniera abajo. Pero mientras tanto los compositores se apañaban con lo que había, y no fueron pocos los que demostraron muy buen gusto a la hora de sacarle partido al modesto altavoz del Spectrum, creando bellísimas melodías que en algún caso quedarían grabadas para siempre en la mente de los aficionados y que incluso hoy suenan bastante bien, teniendo en cuenta las limitaciones del ordenador para el que se crearon.

Componer música para el Spectrum bien podría parecerse a pasar por esto.

Durante los primeros tiempos del Spectrum, la inmensa mayoría de los juegos comerciales que se fueron publicando para él no ejecutaban ningún tipo de música, ni en el menú de opciones ni durante la partida. A lo sumo alguna pequeña musiquilla para remarcar un momento importante, como por ejemplo terminar el juego o perder una vida. Pero básicamente, y dado que la inmensa mayoría de los primeros juegos de Spectrum eran para el modelo de 16 Kb, la explotación sonora del ordenador se limitaba a unos cuantos “beeps” colocados aquí y allá con mayor o menor fortuna. Había, eso sí, juegos que hacían gala de una auténtica explosión de sonido, como el simpático y muy divertido Space Raiders de Psion o los primeros juegos de Ultimate, léase Jet Pack o Pssst, por ejemplo.

Precisamente fueron ellos, los señores de Ultimate, de los primeros en introducir melodías de presentación para sus juegos, que sonaban durante el menú de opciones. Para ellos la veda se abrió con Sabre Wulf, que incluía la versión “estilo byte” del fragmento de una pieza de música clásica compuesta por Bach, el Preludio y fuga en Do mayor. Aquello se unía a la ya entonces archiconocida “musiquita del Please Wait” como la llamábamos en casa; esas cinco notas que se escuchaban justo antes de dibujarse la pantalla de carga de todos los juegos de Ultimate con el susodicho Please Wait flasheando sobre un fondo negro. Gracias a ellos se puso de moda una costumbre que muchas compañías de software imitarían cuando les fuese posible (casi siempre) y que se convirtió, en lo que a Ultimate respecta, en una de sus muchas señas de identidad. Cuando uno cargaba por primera vez el último juego de los geniales hermanos Stamper estaba atento a dos cosas: a los gráficos del mismo y a la música del menú de opciones.

El éxito de esta tonadilla ayudío a que más de un jugón se interesase por la música clásica…

…aunque sin embargo, una de las melodías «ultimatianas» que más me moló fue esta.

A este respecto era increíble la capacidad de los programadores para exprimir hasta el último bit los rácanos 48 Kb del Spectrum, incorporando melodías larguísimas en juegos ya de por sí muy complejos en cuanto a programación. Había juegos que incluían a su repertorio temas que duraban varios minutos, sin renunciar por ello a características de primer orden en facetas como los gráficos. Ejemplos de esto los podemos encontrar en algunos programas de Imagine como Terra Cresta o Ping Pong, que en el menú de opciones incluían melodías que no solo sonaban sensacionalmente bien, sino que su duración era más propia del último single del cantante de moda que de una melodía de presentación de un juego.

Hubo personas que gracias a cosas así lograron labrarse una gran fama dentro del mundillo. Como Ben Daglish, que demostraba sus habilidades con la corchea en Gremlin Graphics. Y tampoco podemos olvidar al español César Astudillo, miembro de Topo Soft y más conocido como “Gominolas”. Suyas fueron algunas de las mejores demostraciones sonoras que se han visto nunca en el Spectrum, como la espectacular (y también larguísima) melodía de Stardust. Se da el caso de que en alguna ocasión llegué a cargar el juego en el ordenador tan solo para escuchar la música del inicio. Y todavía lo hago alguna vez: me bajo el juego del WOS o de cualquier página de Internet donde esté disponible y lo cargo en el emulador, sólo para escuchar la música y recordar los viejos tiempos.

A este respecto, el de melodías de juegos de Spectrum que me marcaron, podría citar un par de decenas como poco. Descontando las ya citadas con anterioridad, a mí me gustaron mucho las de Phantomas y la de la segunda carga de Phantis (ambos de Dinamic), los temas incluidos en el Gyroscope de Melbourne House, la bonita melodía de Spirits, también de Topo como el Stardust, la de Robin of the Wood, de Odin, la de Cauldron II, la del revolucionario Shadowfire y quizá destacando un poco sobre todas éstas, la preciosa melodía con la que se presentaba el mítico Fairlight del sueco Bo Jangeborg, cuya belleza destacaba todavía más ante la posterior ausencia total de sonido en el juego.

También resulta muy curioso el asunto de las canciones conocidas “remasterizadas” para nuestro querido Spectrum, tema ya comentado de pasada al citar Sabre Wulf. No son muchos los ejemplos disponibles, quizás no solo por un asunto de derechos de autor sino porque, dadas las enormes limitaciones de la máquina a nivel de sonido, no salía muy a cuenta endosarle al juego una música conocida por todo el mundo. Música que indefectiblemente sería comparada con la original, claro está llevando las de perder, haciéndole perder enteros a la puntuación general del programa. Supongo que la mayoría de músicos y programadores pensarían que era mejor crear música específica para el Spectrum, adaptaba especialmente a las posibilidades de su beeper.

De todas formas hubo gente que se atrevió, aunque con resultados dispares y casi siempre limitándose a la inclusión de pequeños fragmentos de canciones en determinadas partes del juego. Es el caso del extraordinario Batman de Jon Ritman, cuya tonadilla, que suena al comienzo de las partidas y cada vez que recuperamos una pieza del Batmóvil, homenajea a la serie de TV de los 60 (bueno, el juego en sí ya es todo un homenaje a esa serie). O el del simulacro de Hawaii Bombay que se puede escuchar al pasarse por la piedra el Tommy de Future Stars. Quizás el mejor ejemplo de canción de éxito bien adaptada al Spectrum lo podamos encontrar en Mikie, conversión de una desconocida recreativa llevada a cabo por Jonathan Smith para Imagine Software: el fragmento audible del A Hard Day´s Night de los Beatles suena bastante bien y queda hasta simpático, siendo además uno de los pocos ejemplos de hit musical que se pueden escuchar en el menú de opciones de un juego para Spectrum, que yo recuerde.

Es una pena que los primeros Spectrum no tuviesen un aparato sonoro de mejor calidad, aunque esa carencia redundase en un efecto beneficioso: que la gente se exprimiese a tope las neuronas para sacar el máximo partido de lo único que había, logrando muy buenos resultados. La prueba es que recuerdo muchas menos melodías que me gusten hechas para sonar con el chip que incorporaban los Spectrum de 128 Kb.

También es una pena que a nadie se le ocurriese sacar a la venta un Speccy Mix, recogiendo los grandes éxitos musicales del ordenador del Tío Clive. Si en 1987 u 88 a alguien se le hubiese ocurrido semejante idea, seguramente se le habría tomado por loco. Pero también es seguro que más de uno se le habría pasado por la cabeza comprarlo, empezando por un servidor. A fin de cuentas ya se hizo eso mismo con músicas de videojuegos de la NES, que tampoco es que suene mucho mejor que el Spectrum. Al menos me quedó el estímulo del “hágalo usted mismo”, o dicho de otro modo: extraigo las canciones que me gustan con un radiocasete stereo y las grabo a cinta. Me hice mi propio Speccy Mix en una cinta de 60, que desgraciadamente se perdió hace años sin dejar rastro.

Muchos creen que The Light Corridor no solo es uno de los mejores juegos creados en la última etapa comercial del Spectrum, sino que tiene una de las melodías más bonitas que se hicieron para los modelos de 128 Kb.

La verdad es que las músicas de los juegos de Spectrum, que en muchos casos venían envueltas en una especie de halo poético y místico, siguen produciéndome al escucharlas esa misma sensación de estar “como en una nube”. A los chavales que vienen del PC o de la Playstation de turno, acostumbrados a bandas sonoras de juegos que en muchos casos no tienen nada que envidiar a la BSO de una superproducción de Hollywood, quizás les produzca risa burlona el leer estas reflexiones, hechas casi como si estuviese hablando del mejor disco de Pink Floyd o de Frank Zappa. Vale, la música en el Spectrum sonaba cutre hasta en su época y ahora posiblemente mucho más, pero es precisamente por eso por lo que tenía ese encanto tan peculiar. ¡Que sabrán ustedes de música, oigan!

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