Lo que pudo ser, ahora es

La versión para Spectrum de la recreativa Kung Fu Master ha pasado a los anales como uno de los videojuegos más zarrapastrosos jamás perpetrados. El uso del verbo «perpetrar» se justifica plenamente en este caso porque hablamos de un verdadero atentado terrorista, antes que de un programa de ordenador.

En una entrevista concedida a Chris Wilkins para su libro Ocean, the history, David Anderson (a la sazón autor del fistro) vino a decir que la culpa de todo la tuvo el Spectrum, por sus enormes limitaciones, y que dadas las circunstancias habría sido muy difícil hacerlo mejor. A base de echar balones fuera y descargarse de responsabilidades, por momentos parecía que Anderson se había nacionalizado español. Risas mil, y pese a ello no le faltaba razón, al menos en parte: teniendo en cuenta el frenético ritmo de trabajo al que los programadores de videojuegos eran sometidos entonces (y más en Ocean, donde no pocas veces se veían obligados a trabajar en vacaciones para cumplir plazos de entrega), tampoco extraña que la cosa quedase asín.

Independientemente de culpas y/o culpables, resulta evidente que el juego pudo haber quedado mucho mejor. El Spectrum podía ser una mierda de ordenador (de hecho lo era, aunque semejante afirmación incordie a los mitoplastas de turno); pero en manos hábiles y con tiempo por delante, no es menos cierto que era posible hacer auténticas virguerías con él. Ejemplos hubo, hay y seguirá habiendo. Y entre ellos está Mister Kung Fu.

En pocas palabras, Mister Kung Fu es el Kung Fu Master para Spectrum que pudo ser y no fue. Ahora lo es, en virtud de una labor prodigiosa que bordea el encaje de bolillos y aproxima esta versión a su «madre» recreativa de forma sorprendente. Esto es así por obra y gracia de la fabulosa velocidad de acción impresa al juego, que en dicha faceta y por suavidad calca asombrosamente a la máquina original. Es ver un vídeo del juego en funcionamiento y quedarse pasmado, todo en uno. Ni siquiera las mejores versiones publicadas en su día para ordenadores mucho mejores, tal que el Commodore 64,  se acercaban a igualar el listón:

Calificar esto como «fenomenal» casi es quedarse cortos. En el catálogo comercial del Spectrum juegos como Thing Bounces Back (1987) demuestran que Sega no inventó nada con Sonic. Que en una maquina con las limitaciones del Spectrum era posible mover a toda pastilla y en todas direcciones una pantalla repleta de gráficos a todo color. Mister Kung Fu añade a eso música durante la partida (idéntica a la original, dicho sea de paso), buenos efectos de sonido y una respuesta fulminante a los controles, amén de un entorno gráfico más que digno, perfectamente adaptado a la idiosincrasia del Speccy tanto por estilo como por los colores escogidos, logrando un acertado equilibrio entre definición y contraste para que la mezcla de atributos no moleste demasiado.

No al menos para disfrutar del juego, que se disfruta y mucho salvo por un nivel de dificultad un poco alto, aunque esto quizás sea una impresión más subjetiva que objetiva: en la versión de 1986 (la de Anderson que publicó Ocean) había tiempo de sobra para pensar cómo moverse. Todo iba tan lento que casi daba para ir a la cocina por café, ojear la tele, volver a sentarse frente al ordenador y echar un par de tragos antes de tomar una decisión. Acostumbrado a eso, jugar con Mister Kung Fu te obliga a cambiar el chip: tampoco requiere tener reflejos de felino, pero desde luego exige mucha más agilidad mental.

Descárgalo aquí.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.