La historia más bella jamás contada, o casi

Pues acabo de merendarme The ZX Spectrum  / Commodore 64 Book, 30th Anniversary Special, libro del que prometí decir algo en cuanto me lo terminara. Y confirmaré la primera impresión que tuve nada más recibirlo en casa hará un mes: original presentación, estupenda maquetación, letra quizás un tanto pequeña pero perfectamente legible e inglés al alcance de un tipo como yo mismo, que se defiende en el idioma aunque esté muy lejos de ser precisamente Shakespeare. A ello hay que añadirle una buena selección de contenidos, con reportajes bastante interesantes, entrevistas jugosas y algún que otro comentario gracioso al respective de ciertos juegos míticos. Como ya se podrán imaginar, para mí lo más interesante del tinglado reside en la mitad dedicada al Spectrum, pero el artículo que más me ha gustado se encuentra, curiosamente, en la otra mitad, en las páginas dedicadas al C-64.

Aunque el nombre de Ultimate Play The Game estará indisolublemente unido al Spectrum por siempre jamás, la marca fundada por los hermanos Chris y Tim Stamper en 1982 también le reservó un huequecito al chisme de Jack Tramiel, sobrando decir que también allí hizo historia. La peculiar idiosincrasia de la compañía, caracterizada entre otras cosas por el secretismo y el halo misterioso con el que impregnaba sus creaciones, nos hizo creer a todos que los juegos para el C-64 estaban hechos por los mismos tipos que hacían los destinados al Speccy, y nada más lejos de la realidad. Ultimate, plenamente volcada con el micro del Tío Clive, tardó en volver su mirada hacia otros sistemas y cuando por fin lo hizo fue de la mano de dos freelancers ajenos a la casa, también hermanos como los Stamper, los cuales fueron igualmente capaces de crear un puñado de señores juegos. Su historia y la de cómo se logró descubrir su identidad luego de casi treinta años (sus programas, como todos los de Ultimate, no estaban acreditados) es digna de un guión cinematográfico.

Paradójicamente, la carrera de David y Robert Thomas comenzó en las filas del enemigo cuando su padre les compró un ZX-80. Pronto se dieron cuenta, con razón, de que el ZX-80 era una mierda de ordenador y no tardaron ni cero coma en devolverlo a la tienda para cambiarlo por un Acorn Atom, que con el tiempo daría paso a un Atari 400 y por fin al Commodore 64, todos ellos basados en la misma CPU comercializada por MOS Technology. Para entonces Dave ya tenía un bagaje interesante como programador, y para su siguiente trabajo decidió echar mano de la habilidad de su hermano como dibujante para diseñar juntos un videojuego, inspirándose en una vieja película de 1962 titulada Jack the Giant Killer y en las novelas de Lovecraft que ambos devoraban ávidamente. Cuando The Staff of Karnath estuvo casi listo, los dos hermanos empezaron a pensar en su distribución y debieron decirse que “a cojones no nos gana nadie”, contactando directamente con los dueños de Ultimate Play The Game para ofrecérselo. Al día siguiente, un flamante Porsche 911 aparcaba frente a su casa con dos personas a bordo. Eran Tim Stamper y su novia Carole. Horas después Dave y Bob le habían vendido The Staff of Karnath a la mejor productora de videojuegos de Europa y habían firmado con ella un contrato para tres continuaciones, en cuyo desarrollo tendrían una libertad prácticamente absoluta y sin injerencias de ningún tipo. El programa llegó a la calle al final de 1984 y vendió una primera tanda de 40.000 copias, una minucia en comparación con las 350.000 vendidas por Sabre Wulf en el Spectrum, pero con todo una cifra bastante importante. Entombed, Blackwyche y el postrero Dragon Skulle acabaron forjando una saga legendaria, todo un must have para cualquier usuario de Commodore 64 que se precie, que además posee el aliciente de su exclusividad porque ningún juego publicado por Ultimate para esta máquina fue portado a otros sistemas, ni siquiera cuando los Stamper vendieron la compañía en 1986 y abrieron la puerta a las conversiones de sus viejos éxitos de Spectrum. Muchos años después, un cúmulo de casualidades y una rocambolesca investigación permitieron dar los con los autores de aquellos juegos.

Posando con una joya.

En las últimas semanas he estado jugando ocasionalmente con estas auténticas maravillas, y aunque suele considerarse a Entombed como la más brillante de todas, mi favorita fue y sigue siendo The Staff of Karnath. Por ser el primero, por su siniestra ambientación medieval, por la posibilidad de usar un montón de hechizos para petar bichos a mansalva, y porque además tuve la suerte de disfrutarla a los pocos días de que saliera gracias a que un amigo se la compró. Sin embargo, los hermanos Thomas prefieren la última de las aventuras, que para ellos es la más pulida técnicamente y la más entretenida al hacer hincapié en la acción sobre la resolución de puzles. Por desgracia Dragon Skulle no acabó de funcionar y pasó sorprendentemente desapercibido, en un momento en que la decadencia de Ultimate había mellado parte de su credibilidad ante el público. Menos de un año después la compañía era historia, pero sus juegos hacía tiempo que habían dejado una impronta imborrable. Echarse una partidita con las colosales obras que Dave y Bob Thomas legaron al Commodore 64 tiene hoy un encanto especial, acrecentado al conocer la fascinante intrahistoria que rodeó su alumbramiento.

8 Responses

  1. JMV dice:

    Cierto, cierto, maravillosos juegos. A mí el Staff me pareció mágico aunque el desarrollo es más aburrido que el Entombed (eso de hacer 16 veces el mismo recorrido…). El favorito de los programadores era el Dragonskulle si no recuerdo mal. Tengo la duda de la autoría del Outlaws, un extraño juego del oeste de Ultimate que a mí me parecía injugable.

  2. Leo Rojo dice:

    Efectivamente, Entombed es un poqito más variado y también un pelín más facíl. Sólo un pelín (los primeros en resolver The Staff of Karnath llegaron a recibir un premio de una revista y todo). Sí, el favorito de los Thomas, tal y como se indica en el texto, es Dragon Skulle. Y Outlaws también es suyo: un trabajo encargado por Ultimate fuera de contrato (se lo pagaron aparte), para el cual volvieron a tirar de su cinefilia (se inspiraron en los spagetti western de Sergio Leone) creando en un tiempo record (tres semanas) un juego como mínimo decente, que yo no veo tan malo aunque sí es un poco demasiado chungo. En palabras de Dave Thomas, aunque no se vendió bien, fue un dinerillo fácil a cambio de un trabajo fácil.

  3. Gabriel dice:

    Aunque con retraso, me ha encantado leer tu artículo. Yo soy un fan acérrimo de los Stamper, y disfruté en su día con mi “gomas” las maravillas que hicieron, magia pura. Siempre miré con deseo y envidia los exclusivos de C64 que me parecían una auténtica maravilla, con unos gráficos impensables en el Spectrum y un halo misterio que creaban una ambientación impensable en 8 bits.
    Gracias por compartir tus recuerdos.

  4. Leo Rojo dice:

    De nada. Gracias a tí por leerme. El retraso es lo de menos.

  5. Josepzin dice:

    Me he quedado con la duda sobre cómo averiguaron quiénes fueron los verdaderos creadores “ocultos” de estos juegos.

    ¡¡Un artículo muy interesante!!

  6. Leo Rojo dice:

    Los detalles se cuentan en el libro ;). No fue fácil, te lo aseguro.

  7. Bieno64 dice:

    Magnífico artículo sobre unos juegos escepcionales. Yo también me quedo con el Staff Of Karnath por todo ( menos lo de ir cada ve a llevar la pieza a la quinta leche ;D )
    Tengo la revista, imprescindible, pero sabes si está escaneada la entrevista en algún lugar?

  8. Leo Rojo dice:

    Gracias Bieno. Sobre dónde encontrar la entrevista escaneada no tengo ni idea.

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