La abejita loca

A finales de 2013 habrá transcurrido un cuarto de siglo desde la publicación de After Burner, considerado por unanimidad como una de las mejores conversiones de recreativa jamás realizadas para el Spectrum. Aún hoy su calidad continúa sorprendiendo, y desde luego fue una hazaña embutir aquel maquinón en las tripas de un ordenador como ese, y además hacerlo tan bien. Su éxito acabaría sepultando al que debía haber sido el otro gran videojuego de aviones de Activision durante aquel año: GeeBee Air Rally.

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O me equivoco o la mujer de la derecha también lleva bigote.

Durante los años treinta del siglo pasado, la aviación estaba más de moda que nunca. El salto producido tres décadas después del vuelo de los hermanos Wright había sido increíble, y las carreras de aviones se convirtieron en un escaparate de primer orden en el que mostrar los últimos avances tecnológicos del sector. En un ambiente prebélico que anticipaba el estallido de la Segunda Guerra Mundial, siendo cada vez más evidente que quien dominase los cielos dominaría el mundo, tener un aeroplano campeón era un poderoso símbolo de estatus para su fabricante y para el país al que representaba. Sin ir más lejos, el origen del Supermarine Spitfire está en la competición, pero tal vez los aviones de carreras más famosos de la historia sean los GeeBee R y Z. Concebidos como un “motor volante” por una pequeña empresa de Massachusetts, las versiones más potentes tenían una relación peso / potencia de unos dos kilos por caballo, cifra asombrosa para la época que unida a las peculiaridades del diseño los hacía increíblemente rápidos… pero también muy peligrosos y difíciles de pilotar. De hecho, sólo se construyeron un puñado de ejemplares y todos ellos acabaron estrellándose, matando o hiriendo gravemente a quienes iban a bordo.

Réplica de un GeeBee R2, volando durante una exhibición.

Un videojuego basado en una historia como esta constituía un filón que tenía que explotarse más temprano que tarde. Y quien lo hizo fue Activision, además con el impulso de uno de sus miembros más insignes: Steve Cartwright, amigo íntimo de David Crane desde los tiempos en que ambos iban juntos a la escuela y, junto a él, uno de los miembros fundadores de la legendaria compañía. Cartwright diseñaría el juego y sería el autor de la versión original, programada para el Commodore 64 y luego portada a otros sistemas.

Quienes a estas alturas, movidos por la curiosidad, estén probando el juego en su versión para Spectrum, se preguntarán por qué les recuerda a cosas como Space Harrier. Y harán bien: no en vano el programador es el mismo. Especializado en conversiones de recreativa y autor de alguna de las más conocidas entre los fans del Speccy (Commando y Ghost and Goblins entre ellas), Keith Burkhill aprovechó parcialmente el motor que había usado en Space Harrier para intentar lograr el mismo resultado obtenido en aquel, tratando de unir en un solo paquete buenos gráficos y buena sensación de velocidad con una elevada rapidez de respuesta a los controles, algo nada fácil en un Spectrum trabajando con un entorno 3D.

Y como ya se estarán imaginando los más avispados, no lo consiguió del todo: GeeBee Air Rally no destaca por unos gráficos especialmente buenos, no transmite una buena sensación de velocidad y tampoco responde a nuestras órdenes con la agilidad y presteza que cabría esperar de un programa en el que el protagonista, más que un avión de carreras, es un purasangre en estado salvaje. Tampoco es que el concepto sea muy original que digamos, ya que estamos ante lo que ni más ni menos es un juego de carreras de coches donde los coches se sustituyen por avionetas. Con alguna prueba especial metida a calzón por ahí para salir de la rutina, como pinchar globos o cosas así. Y ya. Vamos, que se queda lejos de lo que cabría esperar incluso en un Gomas, porque juegos de carreras los tuvo (y tiene) mucho mejores, incluso en aquel final de los 80 en el que las casas de software se fijaban cada vez más en los nuevos ordenadores de 16 bits. Desconozco si Keith Burkhill quedó insatisfecho de este trabajo o no, pero sea como fuere tendría la ocasión de desquitarse como miembro del equipo que hizo la conversión de Afterburner para Spectrum. Y no la desaprovecharía.

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