Inglaterra y sus últimos destellos de gloria

Un año más, en estos días pasados aproveché algún hueco libre para darme una vuelta por la tradicional Feria del Libro de Madrid, que se celebra cada año en el Parque del Retiro. Pese a que este tipo de eventos tiene cada vez menos sentido desde que existe Internet, me gusta probar fortuna en busca de alguna oferta interesante, aunque procuro acudir en las horas y días más intempestivos posible para huir de las aglomeraciones de gente. En esta ocasión buscaba unos libros muy concretos, pero al final no puede resistirme a comprar este libro que encontré de casualidad (y a un precio muy interesante) en la caseta de T&B Editores:

La portada del libro en cuestión

Tenía ganas de echarle el guante a una biografía dedicada al gran olvidado de la Movida madrileña. Aquel movimiento contracultural (?) que en realidad fue poco más que una reunión de niños de papá con ganas de llamar la atención, se dejó en el tintero de la historia a uno de los que, precisamente, más hizo para acortar la enorme brecha cultural que nos separaba del resto de Europa tras el marasmo de cuarenta años de dictadura. Cuando aquí Pecos y Camilo Sesto eran lo más “in” del panorama musical, Tino Casal se paseaba por la calle exhibiendo una estética que dejaba en pañales al Bowie más extremo, mientras asimilaba la enorme amalgama de influencias recogidas durante sus viajes a Londres en compañía de su novia, la profesora de inglés Pepa Ojanguren. Aquel artista originario de un pequeño pueblo asturiano, hecho a sí mismo a base de trabajo y con la ayuda de una extraordinaria voz, se trajo de Inglaterra modos y modas que luego los integrantes más jóvenes de la Movida harían pasar por propios, tamizados por el estilo particular de cada cual.

Ya puestos, decir que el libro no está mal, aunque por momentos el estilo de su autor me recuerda al mío propio hace seis o siete años, cuando tenía aún menos idea de escribir que ahora. No obstante merece la pena por el enorme esfuerzo realizado en materia de investigación y documentación sobre su protagonista, tarea muy loable en estos tiempos en que la labor periodística parece haberse quedado en rastrear Internet buscando textos que “fusilar”.  Uno de los puntos más interesantes de la lectura es comprobar el potente influjo ejercido por Inglaterra en la cultura de entonces, con Londres convertida desde los años sesenta en un enorme centro cultural que focalizaba todas las corrientes de vanguardia que luego se expandían a lo largo y ancho de Europa. Menos por España, claro, imbuída en su secular atraso mientras Tino jugaba en una liga distinta al resto, adelantado en ocasiones incluso a los artistas de postín con los que se codeaba en las fiestas londinenses.

Nuestro querido Spectrum también tuvo su pequeño papel en esta historia, pues representó fielmente, en su parcela, aquel “boom” cultural que había puesto de moda a Inglaterra tras el nacimiento de los Beatles y James Bond. Clive Sinclair contribuyó con sus artefactos a que su país volviese a estar en el centro de todas las miradas, colocándolo en primera línea de salida en la carrera por conquistar un mercado que prometía grandes sumas de dinero y un enorme prestigio; no sólo para él, sino para la nación entera. Por su parte, el diseño cariñosamente poppy que Rick Dickinson le dio al Spectrum haría de éste un icono cultural; otro más para sumar a una larga lista, en lo que  significó el último destello glorioso de lo que había sido un inmenso imperio no mucho tiempo atrás. Gracias al Spectrum muchos dejamos de identificar a Inglaterra con la pérfida Albión que nos había birlado Gibraltar. No podía ser que una cosa tan simpática como el “gomas” fuese obra de personas malvadas y sanguinarias. Al contrario, a muchos nos empezó a molar Inglaterra, interesándonos por todo lo referente al país y su cultura, procurando estar al tanto de lo que ocurría por allí. Hasta soñábamos con la posibilidad de irnos a vivir a Londres. Con el final de los años ochenta se apagarían definitivamente los rescoldos de aquella efímera gloria. Inglaterra dejaría de estar tan de moda y su capital, que hoy día no es ni la sombra de lo que fue hace treinta o cuarenta años, pasaría el testigo a Berlín como referencia de la vanguardia cultural en el Viejo Continente. Hoy por hoy, como el Spectrum, Inglaterra sobrevive gracias a su pasado, al menos culturalmente hablando.

2 comentarios

  1. Javier G. Recuenco dice:

    Joderrrr, somos hermanos separados al nacer. Me lo compré cuando salió, Tino Casal también me fascina.

  2. Leo Rojo dice:

    Juas!! Pues va a ser que sí, teniendo en cuenta todo lo que nos une y la cantidad de lenguaje malsonante que utilizamos al cabo del día :p.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Leer entrada anterior
Homenaje particular a Micromanía (y II)

Finalizando con nuestra particular celebración del veinticinco aniversario de Micromanía, publicamos acto seguido un artículo un tanto especial, pues no...

Cerrar