House of cards

Seguro que muchos de ustedes recuerdan esto:

Durante los años ochenta del pasado siglo, la centenaria empresa Heraclio Fournier comercializó una serie de juegos de naipes bastante peculiar. Las cartas tenían unas características definidas y la cosa se resumía en que, una vez repartidas entre los participantes en el juego, cada uno iba tomando cartas  del mazo que le había tocado en suerte y “cantando” la característica que consideraba más ventajosa. Si ganaba la mano, se apropiaba de las cartas de los rivales y así hasta que alguien se lo llevaba todo como en la canción de ABBA. Las reglas no podían ser más sencillas, comprensibles hasta para un licenciado universitario de los del Plan Bolonia, y junto al atractivo diseño de las cartas explican su popularidad entre la chavalería durante toda la década de 1980. Las temáticas de las barajas cubrían todo lo imaginable: coches, aviones, barcos, trenes y hasta estrellas del baloncesto tenían cabida en ellas siguiendo una idea que, lejos de ser novedosa u original, estaba basada en una gama de productos comercializada en Inglaterra desde los años sesenta.

También las había de ases del ciclismo. Se fijen qué caras, qué apostura y qué… qué todo.

Es precisamente de alí, de Inglaterra, de donde proviene la baraja de cartas que justifica este pequeño artículo. Su temática quizá sea de las pocas que se echaban de menos durante el apogeo de esta clase de juegos, y ya se la pueden imaginar. Se vende en Giftalien.com al precio de seis libras esterlinas (unos ocho euros), y la forma de jugar es idéntica a la descrita anteriormente (The Winner Takes It All, recuerden) pero con juegos del Spectrum en lugar de coches, motos o personajes de dibujos animados. En resumen: mucho más molonudo, con el añadido de una presentación que resulta hasta graciosa (el estuche imita una cinta de casete) y un diseño muy atractivo de las cartas, fabricadas por añadidura en un material de buena y sólida apariencia. Es cierto que, por precio y temática, este singular juguete queda obligatoriamente circunscrito al ámbito de quienes disfrutan coleccionando artículos retroinformáticos,  sensación acrecentada ante la cantidad de naipes incluidos, que para el caso algunos podrían juzgar algo escasa. Pero si tienes el dinero y ganas de gastarlo en algo más duradero que una copa de garrafón, sin duda se trata de una opción razonable.

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