Hondonadas de hostias

Son las que nos propone repartir SaNchez gracias a su nueva creación: Mighty Final Fight.

Si alguno de ustedes tuvo una NES y el nombre les resulta familiar será con razón, pues nos encontramos ante la conversión al Spectrum de un juego para la mencionada consola que seguía la estela del Final Fight original, pero con una personalidad “infantil” muy marcada que lo hacía bastante gracioso. Al menos eso es lo que siempre creí, estando como estaba ante uno de los últimos juegos creados para una maquina que en 1993 se encontraba ya muy desfasada y era vista como una especie de “juguete para niños” frente a consolas mucho más sofisticadas. En su momento pude disfrutarlo en la NES de un amigo, y puestos a comparar la verdad es que SaNchez ha hecho un gran trabajo de portabilidad llegando a mejorar, para mi gusto, detalles como los gráficos: la paleta de colores de la NES siempre me pareció algo sosa, como “apagada”; y aunque el Spectrum ha de cargar con el sempiterno lastre que implica la mezcla de atributos, el juego tiene un aspecto más vistoso y divertido, como si los vivos colores del micro de Sinclair acentuasen su simpatía.

Si, repartir hostias puede ser gracioso además de divertido.

El cartoon look de los gráficos (¡toma ya anglicismo!) se complementa a la perfección con el resto de facetas técnicas. Todas aquellas que podamos considerar rayan a gran nivel. No en vano SaNchez es el autor de la aclamada conversión al Spectrum del Castlevania de la NES, artefacto por el que el chico siente tanta querencia como por el mismo Spectrum. En el micro de Sinclair, Mighty Final Fight conserva inalterable el potencial adictivo de la versión original, amén del resto de características que lo definen (como la posibilidad de jugar con tres personajes), e incluye hasta un tutorial que nos permitirá “coger forma” para repartir leña a base de bien llegado el momento de la verdad. En 2018 se cumplen treinta años desde el lanzamiento del mejor “Yo contra el barrio” para Spectrum, un juego fabuloso al que nadie logró siquiera acercarse. Hasta ahora.

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