Historias compactas

Por estas fechas se cumplen 25 años del nacimiento comercial del compact disc, universalmente conocido por el acrónimo de “CD”. Nacido con la intención de introducir al mundo de la música en la era digital, el CD acabó por convertirse en toda una revolución, punta de lanza de una era de progreso imparable en materia de soportes de información, sobre los cuales se puede decir que han evolucionado más en estos últimos 25 años que en los 50 anteriores. Hasta el extremo de que el CD, hoy por hoy, es un soporte casi desterrado de la vida moderna.

Huelga decir que una de las áreas que más han cambiado gracias al CD ha sido la informática. En este caso el progreso ha sido más acusado si cabe que en el de la música, pues han bastado poco más de diez años para ver el CD (versión ROM) totalmente desfasado ante los imparables avances de la informática actual. Hasta bien entrados los años noventa tener un PC con lector de CD era una cosa casi desconocida, muy cara y por tanto sólo al alcance de unos pocos privilegiados. Uno de ellos era un amiguete al que conocí en el club ciclista en el que ambos corríamos. Cuando muchos ni siquiera tenían en casa la típica minicadena con lector de discos compactos, él ya disfrutaba de un lector CD-ROM de 1x (sí, 1x, habéis leído bien) que venía hasta con su propio kit de limpieza para la lente. Yo tuve que esperar hasta el 96 para tener uno, concretamente un GoldStar (hoy LG) de 6x que me costó 20.000 pesetas de las de entonces. Por cierto que aquel lector me salió malo como la peste: no habían pasado ni seis meses desde la compra cuando tuve que cambiarlo por otro, aunque por fortuna aquel modelo había dejado de fabricarse y pude escoger a cambio uno “equivalente” de distinta marca.Típico lector de CD-ROM interno para PCNo había transcurrido ni una semana desde que compré aquel CD-ROM cuando copié mi primer disco. Bueno, en este caso me lo copiaron: aún faltaba tiempo para que las “tostadoras” se convirtiesen en equipo habitual de un PC doméstico. Fue precisamente mi amiguete del club ciclista el que me prestó un disco que venía con 600 megas de juegos… y entre ellos cientos de Spectrum adaptados para correr con un emulador. Hacía poco tiempo que yo había empezado a coquetear con la emulación de Spectrum para PC y aquello era una golosina de lo más apetitosa, constituyendo sin duda un argumento de peso para animarme a sacar una copia de aquel disco. Lo que no imaginaba era la “odisea” por la que tendría que pasar para conseguirla, pues tuve que llevarme el original a la única tienda de todo Alcalá de Henares que disponía de acceso a una grabadora. Me tocó esperar toda una semana mientras los dueños se llevaban el CD a otra tienda de su propiedad en Guadalajara, donde tenían la grabadora en cuestión (¡a 30 kilómetros de distancia!), lo copiaban y me lo traían todo de vuelta, “master” y copia, a cambio de 3.000 pelas (20 eurazos… de entonces, claro). Resulta increíble echar la vista atrás y comprobar cuánto han cambiado las cosas en el plazo de unos pocos años: por el coste de una única copia de un CD en 1996, hoy es posible copiar más de 50 discos de 700 MB en el lapso de unas pocas horas, incluso si sólo tenemos a mano  una “tostadora” corriente (de DVD) cuyo coste no llega, generalmente, ni a 60 €.

Por eso, ahora que el CD cumple su primer cuarto de siglo, no está de más que el mundo del Speccy le dedique una misiva, pues también le debe algo a este curioso y útil invento. Al menos a un servidor le permitió disfrutar nuevamente de sensaciones que creía olvidadas para siempre, un año antes de descubrir Internet y páginas como Planet Sinclair, que fue la primera que me enseñaron sobre el Spectrum en la Red, y que durante un tiempo se convirtió en visita obligada cada vez que podía conectarme. Y pese a la innegable importancia de Internet como “soporte vital” de nuestra afición, el humilde disco compacto todavía tiene cosas que decir. Sin ir más lejos, hay usuarios de Spectrum que lo utilizan habitualmente para cargar juegos en el ordenador, enchufándole un lector mediante un cable adaptado.

Pues eso: ¡feliz cumpleaños!

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Siempre he sostenido que Internet es una herramienta fantástica. "La rueda del siglo XXI", como yo la llamo, resulta ideal...

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