Hablando del rey de Roma…

…que por la puerta asoma. Hace unas pocas semanas hablábamos del proyecto dirigido por el periodista Julen Zaballa sobre la historia del videojuego vasco desde sus inicios en 1985, con el Spectrum como gran protagonista en compañía de un aguerrido grupo de autores pioneros. Uno de ellos fue el vizcaíno Iñigo Ayo, programador freelance apasionado por las aventuras conversacionales que no desdeñó, sin embargo, trabajar en otros géneros. Su nombre ha vuelto a ser noticia por el descubrimiento de Los vientos de Yadhe juego que escribió en 1989 con la intención de publicarlo bajo el sello Aventuras AD, la máxima aspiración de cualquier autor de conversacionales en castellano. Desgraciadamente el plan no cuajó y Los vientos de Yadhe jamás fue publicado por AD ni por otras firmas a las que envió copias de muestra, perdiéndose para siempre. O eso creía hasta el propio Iñigo, que afirma no saber de dónde ha salido el juego después de tantos años sin tener ni rastro de él.

Ahora se publica gratuitamente en Internet acompañado de un jugoso vídeo cuya gracia está en que quien lo comenta no es otro que el propio autor, que hace honor a su apellido (ayo significa «tutor» en español medieval) mientas lleva a cabo los pasos necesarios para completar la aventura en un recorrido durante el cual no se ahorra autocríticas, principalmente a causa de la juventud con la que hizo el programa ya que en 1989 sólo tenía dieciocho años y su bagaje intelectual y cultural no era adecuado. Habría que ver a cualquier joven de los que hoy integran esa «generación mejor formada de nuestra historia», la misma que no sabe ni construir una frase en castellano, tratando de hacer algo semejante.

La presentación se quedó a medio hacer.

¿Y el juego, a todo esto? Pues simplemente bien, aunque posee algunos detalles originales que lo acercan a las aventuras gráficas americanas (entonces ya muy populares) y al estar hecho con una herramienta como el Professional Adventure Writer en vez de con GAC, más habitual pero mucho menos potente, gana en consistencia lingüística y capacidad para entender al usuario, que puede comunicarse con su personaje usando algo más que ordenes cortas encabezadas por verbos en infinitivo. Los gráficos, diseñados por el también vasco Igor Ruiz y compañero habitual de Iñigo Ayo en estas labores, son funcionales pero demasiado simples, característica forzada por el empeño de meter el juego entero en los escasos 48 Kb de un Spectrum corriente en lugar de dividirlo en bloques o diseñarlo expresamente para los modelos de 128 Kb.

Todo esto hace que el resultado final quede a un nivel por debajo de las grandes aventuras de AD como La aventura original o La diosa de Cozumel, si bien el autor afirma que se podría haber refinado para dejarlo bastante mejor. El principal problema, sin embargo, es el mismo que afectó a casi todo el software español surgido a partir de 1989 para una maquina como el Spectrum: llegó tarde. Solo dos años antes no habría tenido problemas para ser publicado y seguramente con éxito, pero a esas alturas la máquina de Sinclair y todo lo asociado a ella eran cosa del pasado.

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