El videojuego maldito por excelencia

Porque, al menos en lo que al Spectrum se refiere, no se puede decir otra cosa de Shadow of the Unicorn, con el que por vez primera he estado jugando hasta casi terminarlo, en uno de esas ramalazos ocasionales que me dan. Luego de su publicación hace ya cinco lustros, este es de esos juegos que merecen un exhaustivo análisis bajo un prisma particular. Por méritos propios. O por deméritos, más bien.

Y no porque el juego sea malo, que no lo es. De hecho la compañía Mikro-Gen, responsable del sarao que nos ocupa, era una de las que más respeto infundía por el marchamo de calidad que imprimía a sus productos, en general muy bien trabajados técnicamente. Suyos eran los juegos de la llamada “saga Wally”, y aunque su jugabilidad no ha resistido  bien el paso del tiempo no por ello han dejado de estar muy bien programados. En su época crearon escuela y se ganaron una enorme legión de talifanes.

Dicho en pocas palabras, a los jefones de Mikro-Gen se les subió el éxito a la cabeza. En 1985 su compañía se había posicionado entre las desarrolladoras de software más conocidas y valoradas por el público, entrando en el privilegiado grupo de las majors. Como consecuencia, decidieron gastarse 130.000 libras de la época para dar luz verde a esto:

Molamazoketekagas, tron.

Podría decirse que Shadow of the Unicorn es la versión arcade del colosal Lords of Midnight de Mike Singleton, entendiendo “arcade” como “más bonito, pero tanto o más chungo”. Porque si algo distinguía a las videoaventuras de Mikro-Gen era su endiablada dificultad, que obligaba a tirar de una guía para conocer los pasos a seguir de cara a completarlas. SotU no es la excepción, pero su fracaso motivó que apenas se le prestase atención en las revistas tras su lanzamiento. Sólo Microhobby se dignó a ayudar a los usuarios y aliviar sus frustraciones en el duro empeño por acabarse el juego. Diego Gómez, el autor de la guía publicada en la revista, se ganó con ella un monumento. Y muy probablemente una camisa de fuerza también, porque descubrir los entresijos del juego parece muchas veces una cuestión de paciencia, cabezonería y pura chorra. Y hay que tener en cuenta que esto no es Pyjamarama!, sino una aventura con todas las de la ley, con 6.000 (seis mil) pantallas y diez personajes diferentes a manejar, cada uno con sus atribuciones particulares.

Usuario de Shadow of the Unicorn que trató de resolverlo sin guía de ayuda.

Y si alguien creía que nos íbamos a olvidar del famoso Mikro Plus obviamente se equivoca, porque es imposible no citar el juego que nos ocupa sin referirse a aquello que le condenó al fracaso y, a la vez, le convirtió en un clásico actualmente muy codiciado por los coleccionistas. Vendido como una ampliación de memoria para el Spectrum, el Mikro-Plus no era más que una ROM alternativa que suplantaba la original del Gomas de 48 Kb y contenía, además una parte del código del juego, algunas utilidades curiosas como un ajustador de cabezales para casete. A priori parecía un acierto total: por un lado mejoraba las prestaciones del ordenador (se podría haber incluido un chip de sonido por ejemplo), permitiendo la carga de programas más grandes y mejores; y por otro era un golpe a la yugular de quienes vendían juegos piratas en lugares como el popular Rastro de Madrid, porque el juego no se podía copiar sin tener a mano su correspondiente Mikro-Plus para cargarlo.

Foto de un Mikro-Plus sacada de este hilo de Speccy.org, donde también podéis ver cómo es por dentro.

Sorprende que Mikro-Gen no diese marcha atrás a este esperpento con el Spectrum+ 128 a la vuelta de la esquina. Quizás ya no pudieron hacerlo cuando se enteraron, pero sea como fuere lo acabaron pagando: el sueño de haber ingeniado el sistema de protección perfecto acabó convertido en pesadilla, porque si en Inglaterra ya salía caro comprarlo no digamos en España, donde las 7.000 pesetas que costaba en las tiendas eran más de dos veces lo que costaba cualquier producto de la competencia, que no tenía que ser necesariamente peor. Como bien se explica en este estupendo artículo de Zonadepruebas, Shadow of the Unicorn no ofrecía nada más allá del Mikro-Plus que realmente justificase su elevado precio de venta.

Una vez metidos en harina con el juego, lo que más destaca es el empeño de su autor, Dale McLoughlin, por ofrecer una aventura épica con un empaque a la altura de las obras de Tolkien que él admiraba, cuya influencia se nota desde el primer segundo de la partida mezclada con un cierto toque como de leyenda nórdica. El tío hasta se curró una pequeña novela para venderla con el juego, que le servía de introducción (da fin en el momento en que comenzamos a jugar) y dicho sea de paso no está mal. Sin embargo McLoughlin no llegó a ver el juego terminado en las oficinas de Mikro-Gen porque antes se había marchado dando un portazo, descontento con el rumbo que había tomado el proyecto. Siempre ha sostenido que la versión de SotU que finalmente se publicó estaba a medio acabar y era peor que la que él había ideado. Sea como fuere el Mikro-Plus no dio para más. Se convertiría, junto con el juego al que acompañaba, en algo único dentro de la historia de los videojuegos.

“A nosotros este juego nos la pone dura”.

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