El Sinclair Store de Diego de León

En el terreno de las relaciones sociales es donde seguramente más se haya notado la expansión de Internet. Cada vez son más los que me miran raro cuando les digo que conocí a mi actual pareja en un concierto, porque hoy lo habitual es chatear con alguien antes de encontrarse cara a cara por primera vez. Como era de esperar, entre jugones y aficionados a la informática en general ese cambio ha sido más evidente y profundo si cabe: por ejemplo podemos reunir a nuestros amigos para echar unos vicios en World of Warcraft sin necesidad de que nadie salga de su casa, pudiendo compartir toda clase de información, programas, música… del mismo modo.

(Foto: revista Microhobby).

En época del Spectrum huelga decir que Internet no existía ni se imaginaba su futura existencia, pero ello no impedía que la gente se conociese o que los poseedores de un ordenador quedasen para jugar. Claro que a falta de Red había que hacer las cosas de un modo diferente; mejor o peor eso ya lo dejo al criterio de cada uno, pero sí diferente. Ante la necesidad de quienes poseían un ordenador por intercambiar experiencias, videojuegos u otro material relacionado con su afición, ciertos puntos de las ciudades se popularizaron como lugares de encuentro y reunión. La mayoría de las veces no eran sino casas particulares, pero también cafeterías y tiendas de informática desempeñaron un importante papel durante aquel ingenuo tiempo de pioneros. Convertidos en una suerte de “clubes sociales”, algunos locales se ganaron un hueco en el corazón y en la memoria de miles de personas.

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1 response

  1. OscarBraindeaD dice:

    Juer… qué recuerdos la Sinclair Store de Diego de León. Ahí compré, junto con mis hermanos mayores, uno de los primeros juegos, seguramente el primero, para nuestro recién estrenado Spectrum: Full Throttle, juego bastante apañadete para la época; del mismo autor de deathchase y luna crabs. Esto debió ser por el 84 o el 85…
    Aunque leí el artículo hacía tiempo, hoy me ha vuelto a gustar leerlo. Me alegra ver que mucha de la chavalería de aquellos tiempos seguimos hoy acordándonos de aquello.
    Como siempre, buen artículo.

    Salud

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