El mejor

Aunque pueda sonar pretencioso, 1988 fue un año capital en la historia de la informática: fue el que señaló el tránsito definitivo desde los ordenadores caseros de 8 bits a los de 16. Conforme los meses iban cayéndose del calendario, se hacía evidente que algo estaba cambiando en un panorama dominado hasta entonces por máquinas como el Spectrum, las cuales cedían paso a otras más modernas en un proceso paulatino, pero acelerado durante ese año y especialmente tras el verano. 1988 se fue dejando la sensación de que el “viejo orden” establecido a principios de la década se resquebrajaba, y por si a alguien le quedaba alguna duda, la rebaja en los precios de ordenadores como el Amiga 500 y el desembarco de una nueva generación de videoconsolas a partir del año siguiente, establecerían los nuevos caminos a seguir. De repente, lo que a muchos nos parecía un futuro lejano se había convertido en presente, pero entretanto el Spectrum y sus colegas demostrarían que aún tenían cosas que decir. Podían estar viejos, pero no muertos.

El éxito de Renegade a finales de 1987 dejó abierta de par en par la posibilidad de una secuela, que llegaría pocos meses después a tiempo para caldear el ya tórrido estío que se avecinaba. A día de hoy poco o nada nuevo puede decirse acerca de un juego sobre el que se han vertido ríos de tinta en todos los medios habidos y por haber. Target: Renegade sorprendió a todo el mundo, haciendo añicos esa ridícula afirmación de que segundas partes nunca fueron buenas. Por el acuerdo firmado con Taito para la conversión de Renegade, Ocean Software tenía las manos libres para lanzar nuevos productos al margen de la recreativa original y Mike Lamp, autor de la primera parte, puso toda la carne en el asador junto a un equipo en el que destacaba Dawn Drake como grafista (una de las pocas chicas que por entonces se dedicaban profesionalmente a esto de los videojuegos) para crear el beat ´em up definitivo para Spectrum. Un programa que todo aficionado al micro de Sinclair que se precie de serlo debe rejugar ocasionalmente, mejor aún si puede hacerlo acompañado; que entraría en el selecto grupo de juegos para este ordenador que escogeríamos para hacernos compañía en una isla desierta o que salvaríamos ante la llegada del Armagedón. Un programa, en definitiva, que aglutina lo mejor del género “yo contra el barrio” (incluyendo homenajes al cine de acción más roñoso) para ofrecer más diversión que nunca a base de repartir hondonadas de ostias entre una ralea de pestilentes macarras.

3 Responses

  1. Jorge dice:

    Mientras cargamos el juego, para rememorar tiempos…

    …propongo leer este artículo donde se explica que lo correcto es “andanadas de hostias”.

    http://www.azoteortografico.com/2013/01/andanadas-de-hostias.html

    Saludos.

  2. que juegazo en la epoca!
    con el tiempo entendi que las obras de arte no eran buenas por la abundancia de recursos sino por lo contrario, por la auteridad de ellos; ahi es que el hombre aprende a hacer cosas memorables!

  3. Leo Rojo dice:

    Jorge: No, si sé que la palabra correcta es “andanada”, pero suelo ponerlo así adrede precisamente como referencia / homenaje. Pazos es un dios para mí. Gracias por el enlace, que está interesante.

    Carlos: Yo diría que en el término medio está la justa medida, como siempre. Una obra de arte no lo es por un solo motivo, sino por una amalgama de factores que se entremezclan para darle cuerpo. Esto es lo que ocurre en Target: Renegade.

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