El Bryan Ferry del bit

A bote pronto puede sonar excesivo para quien no conozca a este hombre, pero Steve Turner es uno de los más grandes programadores de videojuegos que nunca han existido, cercano al nivel (si no al mismo) de leyendas como David Crane o Nolan Bushnell. A lo largo de los años ochenta, Turner realizó una inestimable labor que ayudó a hacer del Spectrum una máquina respetada, y aunque en su prolija carrera no hay juegos que puedan decirse flojos, su paso a los libros de historia se lo debe principalmente a tres: Avalon, Quazatron y Ranarama. Este último debería figurar con toda justicia como uno de los mejores videojuegos de todos los tiempos, y su versión para Spectrum es incluso mejor que las desarrolladas para otras máquinas más potentes.

Un joven Steve Turner con mullet en plan Mc Gyver.

Como casi todos (si no todos) los programadores de su generación, Steve Turner fue un autodidacta que empezó a programar casi por casualidad y a partir de ahí fue progresando por su cuenta y riesgo. La diferencia estriba en que él tenía otros planes que iban más allá: en 1983 creó su propia marca para producir y hacer videojuegos, Graftgold, y para distribuirlos se asoció con Hewson Consultants, una pequeña empresa en la que nuestro protagonista supo ver un potencial enorme. Tres años después Hewson era la casa de software más importante del Reino Unido junto con Ocean, en buena parte gracias al trabajo servido por Turner y sus colaboradores / socios, integrados en una plantilla cuajada de genios. La fama conseguida por este hombre gracias a sus elegantes programas, junto con una entrevista en la que aparecía vestido con traje y desprendiendo un aire flemático típicamente inglés, hizo que mis amigos y yo le apodásemos el Bryan Ferry del bit.

Otra imagen ochentera del tito Steve, por supuesto con traje y corbata.

Del buen hacer de Steve Turner no sólo habla el hecho de que sus videojuegos (y, por extensión, los de sus colegas en Graftgold) gocen actualmente de una muy buena salud. La propia Graftgold estuvo entre las pocas empresas de la época dorada de los ocho bits que salvó la cara en el tortuoso paso hacia los nuevos tiempos que llegaron durante los últimos años ochenta y los primeros noventa, los del PC, el Amiga y el Atari ST. A Turner siempre le pareció que 48 Kb daban para muy poco de sí, y en cuanto atisbó que las nuevas máquinas de dieciséis bits se harían con el mercado preparó a su empresa para dar el salto. Graftgold sobrevivió hasta 1998 aunque Steve, hoy ya jubilado, siguió haciendo buenos negocios en el mundo de las TI. Como ocurre con todos los grandes artistas, nunca es mal momento para recordar sus obras y disfrutarlas.

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