El botón del pánico

Durante los primeros años de la década de 1980 la expresión “tirar del cable” formó parte del acervo lingüístico entre los poseedores de un ordenador casero, incluso de aquellos que no tenían un Spectrum de esos con teclas de goma. Aquel aparato se había diseñado con una sola idea en mente: obtener el ordenador más barato posible capaz de generar gráficos en color. En aquel momento se antojaba una locura, sobre todo si pensamos que el PVP de sus competidores potenciales difícilmente bajaba de 500 libras y Sinclair pretendía vender su máquina por menos de 200.

La imagen perfecta para definir la palabra “cheap” en cualquier diccionario inglés – español.

Tal como ocurre siempre en casos así, los diseñadores se vieron obligados a adoptar toda clase de soluciones radicales para ajustar costes hasta el último penique. Algunas eran draconianas, como sustituir el teclado por una imitación moldeada en goma. Otras se antojaban directamente absurdas, como suprimir el botón para resetear el ordenador o directamente apagarlo. Tampoco eran soluciones nuevas, pues ya se habían llevado a la práctica en los ancestros del Spectrum, el Zx-80 y el 81. Pero al Spectrum se le suponía en una categoría superior a aquellos tanto por precio como por prestaciones, así que no incluir un botón de reset fue considerado por muchos casi como una afrenta. Desconozco cuánto pudo ahorrar Sinclair con esa decisión concreta o su impacto a la baja en el precio final del ordenador, pero en estos casos siempre recuerdo la decisión tomada hace años por una aerolínea americana, que suprimió una aceituna del menú servido en sus aviones ahorrando de este modo cincuenta mil dólares anuales en catering.

Transporte de ganado S.A.

Sea como fuere, la ausencia de un botón de reset siempre resultó muy molesta para los dueños de un Gomas. Aunque el Spectrum, dada su sencillez intrínseca, no era un ordenador propenso a colgarse en el sentido que ahora entendemos, la drástica necesidad de “tirar del cable” mismamente para salir de un juego y cargar otro era un verdadero coñazo, en especial si tenias los cables del chisme bien ordenados (cosa por fortuna no muy habitual). A esto se añadía la baja calidad general del producto, extensible también al cableado de la fuente de alimentación: aún tomando la precaución de tirar de la clavija en vez del cable para “no forzar”, lo normal era que a medio plazo el cable acabase dañado, provocando el reinicio “espontáneo” del Spectum por lo general en el peor momento imaginable. El don de la oportunidad, ya saben.

En tal situación, no extraña que más de una empresa se lanzase a comercializar kits de reset para el Spectrum, un ordenador pensado para resultar barato antes que nada. No obstante, y como no hay moneda que no tenga cara y cruz, su economía también acarreaba ventajas al convertirlo en una especie de Seiscientos con teclas (de goma) al que cualquiera con unos pocos conocimientos y valentía podía meter mano, tal como sucedía con el famoso “Ombligo”. Así fue como miles de usuarios realizaron preparaciones caseras para añadir un botón de reset a su Spectrum, aprovechando de paso para modificar o sustituir la fuente de alimentación del equipo, tan “económica” como todo lo demás y que, al no venir estabilizada de fábrica, contribuía a sobrecalentar el ordenador.

Dichas preparaciones solían ser más funcionales que estéticas porque la funcionalidad era lo que primaba en el uso diario de la máquina; pero hoy, con el Gonas convertido en un clásico juzgado hasta como bonito, todo ha cambiado sustancialmente. Ya no estamos ante una herramienta de uso diario, sino ante un pequeño tesoro del que presumir y con el que disfrutar ocasionalmente. Con esa sensación (la de querer disfrutar puntualmente, sin presiones de ningún tipo) y disponiendo de tiempo, la gente aficionada a las manualidades y el bricolaje suele dejar de lado la practicidad para centrarse en la estética. Y en estos casos el resultado suele ser motivo de atención, cuando no de admiración.

Este coqueto “botón del pánico” es obra de Matthew Smith, un fan del Spectrum sin nada que ver con el autor de Manic Miner pero que, a su nivel, demuestra tanta habilidad manual y sentido estético como aquel. Cualquiera de nosotros hubiese querido tener un botón como este para resetear su Spectum incluso siendo poseedor de cualquier modelo posterior al Gomas. Porque una de sus principales modificaciones, vendida a bombo y platillo en el caso particular del Spectrum+, fue incluir un botoncito para borrar la memoria del ordenador y ponerlo “a cero”. Era como si para vender un coche los publicistas alabasen la inclusión de la rueda de repuesto como una gran mejora respecto al modelo anterior, pero funcionó porque entre eso y nada el salto dado era enorme. Por su aspecto y colocación, aquel botón era tan discreto que pasaba completamente desapercibido. A buen seguro todos hubiésemos escogido tener en su lugar un “botón del panico” como el del amigo Smith

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