Día del Trabajo (en la) Basura

A mediados de 1984 la publicación de Trashman estableció un pequeño hito en la historia del software por su originalidad, que acompañada de una calidad general bastante decente en la que destacaba su cuidado aspecto gráfico pseudotridimensional, convirtió al juego en la obra maestra de su autor, Malcolm Evans, y de su empresa New Generation Software. Su éxito llevó a la producción de una apresurada secuela (Travel with Trashman), y su legado marcó tanto a los aficionados que ha sido objeto de varios remakes durante lo que llevamos de siglo.

El ultimo por ahora lleva por nombre Trashman Crisis Time, y tiene la particularidad de estar hecho para el Spectrum cuando versiones anteriores estaban destinadas al PC. Desarrollado con el ubicuo e incombustible Arcade Game Designer de Jonathan Cadwell, conserva los mimbres del programa original y «les da un giro» buscando distinguirse y proporcionar algo nuevo a quienes ya tienen Trashman más que trillado, que básicamente son todos los que a buen seguro probarán el juego. Literalmente: el diseño vertical del mapeado del Trashman deja paso a otro horizontal caracterizado por unos gráficos muy singulares, que particularmente me recuerdan a los de un programa hecho para la Atari VCS o videoconsola similar.

Su aspecto deliberadamente infantil y no carente de simpatía, esconde una historia con referencias a la actualidad sociolaboral cargada de mala leche: su protagonista, Andrés, trabaja para un servicio municipal de recogida de basuras que ha sido privatizado con consecuencias dramáticas para él, pues tras sufrir una drástica reducción de envolumentos no llega a fin de mes y tendrá que «echar horas» para completar su salario y evitar ser deshauciado. Tendrá que disponerse a hacer frente a un vecindario ciertamente quisquilloso, que no vacilará al reprocharle cualquier error, y hasta a jugarse la vida al cruzar la calle mientras corre a toda prisa buscando cubos que vaciar en su camión, pues no parece que los coches que circulan por allí estén dispuestos a detenerse ante nada. Menos aún ante la presencia en la calzada de un pestilente basurero.

El abierto contraste entre ese argumento y tono de los gráficos es sin duda lo mejor del juego junto a la pantalla de carga obra del gran Andy Green, quien vuelve a lucirse como en él es costumbre. Sin embargo no se le extrae todo el jugo que podría dar, algo que indudablemente mejoraría el resultado final. Durante la partida la mala milk anticipado por las instrucciones desaparece, dejando paso a un humor candoroso junto a menciones áulicas a youtubers y desluciendo así un programa que, pudiendo aprovechar la ocasión para introducir un humor mas adulto (no olvidemos quiénes van a ser sus usuarios preferentes), habría podido quedar bastante cachondo. Y ya puestos, más próximo al nivel del juego original, que no eludía algunas pinceladas de humor negro ocasionalmente descarnado. La imposibilidad de beber hasta acabar haciendo eses aclara por dónde van los tiros.

El otro gran defecto de este Trashman Crisis Time (y sin duda el peor) es la detección de colisiones: al principio nos sorprenderemos siendo atropellados por un vehículo que no tendría por qué hacerlo, al estar presuntamente apartados de su trayectoria. La sorpresa inicial puede derivar en frustración poco después, pero en cuando uno le «toma la medida» al problema, la percepción global sobre el programa mejora. No es como el Trashman de 1984, pero indudablemente tampoco pretende serlo porque, para empezar, resulta mucho más corto y más arcade, acentuándose esto último por obra y gracia de la música que suena mientras jugamos con un Spectrum de 128 Kb. Su única pretensión, más allá del homenaje, es hacer pasar un rato agradable y divertido rememorando de paso un clásico desde una perspectiva diferente (esto literal) con un toque de personalidad propia. Y lo consigue.

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