Día de partido

La inminencia del Mundial de fútbol de Alemania ha vuelto a desatar la fiebre por el llamado “deporte rey” y yo tampoco he sido ajeno a ello. Como ya comenté en otra Leyenda a mí me gusta el fútbol. Me gusta, pero no soy un forofo, ojo. La diferencia puede ser sutil, pero se hace evidente cuando este año no he visto ni un solo partido completo por TV y ni siquiera tengo sintonizada en casa La Sexta, la cadena que va a retransmitir los partidos del campeonato. El tele-fanzine de Emilio Aragorn no está a mi alcance de momento por falta de señal, y no es algo que me quite el sueño precisamente. Hago mías las geniales palabras de Chazz Palminteri en la estupenda Una historia del Bronx, cuando le espetaba a Calogero (el protagonista y un fanático del béisbol) que fuese a ver a su adorado Micky Mantell cuando su padre tuviese problemas para pagar el alquiler. Pues eso, que el simple hecho de que España gane el Mundial (¿de veras alguien lo cree posible?) no va a cambiar para nada las condiciones leoninas de mi hipoteca a un millón de años por un chamizo miserable. A los tipejos del banco se la suda. Y a mí también.

Pero lo cortés no quita lo valiente, o eso dicen. Insisto en que el fútbol me divierte después de todo. Y este año, como siempre que España se enfrenta a “la gran oportunidad, en la que parte como favorita” me voy a descojonar de lo lindo leyendo los titulares del Marca antes y después de los partidos de la Selección, y escuchando una vez más la socorrida frase acuñada por el genial Afredo Di Stefano: “Jugamos como nunca y perdimos como siempre”.

Sin lugar a dudas, esta es la imagen que mejor resume la trayectoria de La Roja, antes Furia (?) Española (??), a lo largo de su historia.

Al hilo de todo esto, como cada vez que se aproxima una gran cita mundialista, he vuelto a “picarme” con algún juego de fútbol. Hace cuatro años, con ocasión del Mundial de Corea y Japón, me dio por re-instalar en el PC el venerable FIFA 98, en mi opinión el mejor juego de toda la saga. Escogí a una de las selecciones más débiles de entre todas las disponibles para jugar: Luxemburgo. Y aunque pasé por momentos difíciles logré llevarla nada menos que hasta semifinales, perdiendo 3 – 1 frente a Brasil, lo que no está nada mal. Este año, como digo, me he vuelto a “picar”; pero lo que no esperaba era que me picaría (y de qué manera) con el Match Day II para Spectrum. La cosa ocurrió casi por casualidad cuando una tarde, cubriendo una guardia de festivo en la oficina, aproveché un momento de descanso para conectarme a WOS y bajarme el juego para pasar el rato. Me dio por empezar una liga, aprovechando que gracias a la magia de la emulación podía grabar la partida y retomarla cuando me apeteciese. Como no podía ser de otra forma, cambié los nombres por defecto de los equipos por los de selecciones nacionales, dos por continente hasta completar los ocho reglamentarios. Y a lo tonto empecé a jugar partidos y más partidos hasta haber jugado, a día de hoy, tres ligas completas. Y seguramente caerá alguna liga más (y algún torneo) hasta que me canse por completo del juego.

Hacía muchísimo tiempo que no echaba siquiera una partida con esta obra maestra de los videojuegos, uno de los mejores de la historia basados en el fútbol. Ni quizás, ni posiblemente, ni hostias: uno de los mejores videojuegos de fútbol de la historia y punto pelota. Y si tenemos en cuenta el año en que se hizo y para qué máquinas se hizo, el valor de esta afirmación se incrementa todavía más. Sin ánimo de resultar exagerado, estamos hablando de un juego que (siempre teniendo en cuenta las lógicas diferencias) podría medirse sin sonrojo alguno con los actuales FIFA y Pro Evolution Soccer. Cualquier gorrero que lea esto seguramente se echará las manos a la cabeza, pero tenemos un juego que condensa en 48 misérrimos Kb ligas, campeonatos, dos modalidades de juego “a dobles”, múltiples opciones menores (cambio de los nombres de los equipos, colores en pantalla, etc) y ya dentro del partido, variadas formas de golpeo del balón, cabezazos y hasta taconazos. Todo ello con un aspecto gráfico y un sonido más que aceptables, y con la ventaja añadida de que el juego es muy fácil de manejar: cinco teclas bastan y sobran para exprimir a tope un partido, con lo que habiendo jugado unas pocas veces ya es posible enfrentarse al ordenador en el máximo nivel de dificultad sin miedo a hacer el ridículo. Otra cosa es ganar: el nivel de dificultad está muy bien ajustado, y batir al ordenador no es ni demasiado fácil ni demasiado difícil, lo cual convierte cada partido en una experiencia emocionante.

Éste es sin duda el talón de Aquiles de los juegos de fútbol actuales como el PES, un excepcional programa en el que se echa de menos algo más de simplicidad en el manejo y una dificultad mejor ajustada en los niveles altos. El uso de un “pad” tipo PlayStation 2 no sólo resulta imprescindible para jugar si no que, dada la complejidad de su manejo, para conseguir un disfrute pleno del juego casi hay que estudiar una carrera. Y no hablemos ya del esfuerzo necesario para ganar partidos con el nivel de dificultad a tope. Una pena, porque el juego es de una calidad excelente y esa complejidad cierra las puertas de su disfrute a usuarios que, como yo, no disponen de tiempo ni ganas para empollar manuales y ensayar los movimientos una vez tras otra; algo que, dicho sea de paso, a mí me aburre una barbaridad.

A veces las cosas más sencillas son las que mejor funcionan.

No cabe duda de que Jon Ritman y Bernie Drummond eran dos putos genios, y así lo demostraron a lo largo de los dos años que trabajaron juntos en Ocean, superándose a sí mismos con cada nuevo programa y logrando exprimir cada bit del Spectrum hasta límites increíbles. Cuando Ritman publicó Match Day en 1985 muchos opinaban que aquello era lo máximo que se podía conseguir con el Spectrum en lo que a juegos de fútbol de refiere. El fallido Super Soccer de Imagine, publicado dos años después, parecía corroborar esta afirmación, pero llegó Mr. Ritman y lo hizo para poner todo patas arriba, del mismo modo que había hecho cuando publicó Head Over Hells, el cual dejaba en casi nada el listón “insuperable” de su anterior juego, el mítico Bat Man. Con Match Day II Ritman y Drummond lograron uno de los videojuegos más adictivos de todos los tiempos, uno de los mejores de la historia con temática futbolera (insistimos, sin “quizás” ni hostias) y sin duda alguna el mejor juego de fútbol para máquinas de ocho bits. Para el recuerdo quedan los interminables piques con mis hermanos y mis amigos. Cuando el programa salió a la calle, en 1988, el Spectrum empezaba a vivir su cuesta abajo pero no había dicho ni mucho menos su última palabra. Lo demostró a voz en cuello con esta maravilla de la ciencia, que casi veinte años después de haberse publicado todavía conserva suficiente fuerza, encanto y calidad como para que merezca la pena jugar una partida tras otra, a poco que te guste el fútbol y te dejes llevar por el embaucador hechizo del programa. No será el FIFA, pero con unos gráficos y un sonido mejores poco le faltaría. Y seguramente hasta resultaba más divertido y todo.

Jon Ritman y Bernie Drummond a los responsables de EA Sports y Konami: “No tenéis ni puta idea, gañanes”.

2 Responses

  1. Sentinel dice:

    ¡Amen!, suscribo todo lo dicho. Seguramente el juego de futbol que mas me ha marcado y si tuviera que elegir al que para mí fué el mejor juego de Spectrum seguramente también sería este.

    Uno de mis sueños de chavalín era aprender a programar lo suficiente para poder hacer una versión mejorada en otras plataformas, Ese juego debería tener la posibilidad de personalizar el aspecto de los equipos y jugadores así como campeonatos. También podrían ser equipos de 11 jugadores.

    Como no me ha dado por seguir con la programación de vez en cuando miro a ver si alguien se atreve con un remake, pero me da la sensación que los “rebotes en diamante” o algo así ponía en las instrucciones del juego, no son tan fáciles de programar y exige unos conocimientos básicos de física.

    De verdad, se me cae la baba con este juego, jeje.

  2. Leo Rojo dice:

    Lo que comentas de las mejoras muy probablemente se podría haber hecho en una versión exclusiva para el Spectrum de 128 Kb. Es una pena que este cacharro fuese visto por las casas de software como poco más que una plataforma para lanzar los mismos juegos de Spectrum 48 Kb pero con mejor sonido. La pela era la pela, como ahora.

    El tema del remake tampoc lo veo tan claro, pero más por cuestiones culturales que por temas relativos a dificultad de programación. Es como hacer un remake del Match Point: el juego ya está muy bien como está, y a buen seguro mucha gente no vería demasiado sentido a un remake, aunque nunca se sabe.

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