Deportes extraños (primera parte)

(Viene de la Microintro).

Jump Challenge

Ya que lo hemos citado en la introducción de este artículo, qué mejor manera de comenzar nuestro repaso con este trabajo de Martech publicado en 1984. La cosa prometía, pues nuestra misión consistía en ponernos en la piel de uno de esos pilotos locos que se ríe de la muerte pegando brincos a lomos de una motocicleta, saltando ya sea sobre barriles, coches, autobuses o lo que sea susceptible de ser saltado. Aunque pintaba bien, pronto se quedaba en una tremenda decepción: su falta de espectacularidad técnica se habría podido pasar por alto (nunca mejor dicho) si el juego hubiese sido entretenido, cosa que no era en absoluto.

Con todos ustedes, el Motruñista Fantasma.

 

Strong Man

Quizás una de las ideas más desaprovechadas en la historia del software pese a ser uno de los programas deportivos más originales creados para ordenador. En su día, el saber que era Martech la compañía que lo estaba desarrollando no me dio excesiva confianza. Y es que la casa británica no se identificaba precisamente por la calidad de sus juegos (suyo es por ejemplo el celebérrimo Uchi Mata, para muchos el peor videojuego comercial del Spectrum). Cuando el invento llegó a mis manos no pude por menos que pensar que tenía razón. Sin ser del todo malo, tampoco era precisamente bueno. La idea del forzudo que tenía que demostrar su condición de tal arrastrando un camión o levantando un coche a pulso se antojaba muy atractiva, pero quedó claro que en manos de otros programadores podría haber dado mucho más de sí. Gráficamente el juego era aceptable, pero en el resto de aspectos ya no lo era tanto. Y además era taaaaan aburrido…

Zzzzzzzzz…

 

Grand National

Llegamos por fin a un juego decente: el que publicado por Elite en 1985 retrataba la carrera de caballos más dura y famosa del mundo. En el momento de su lanzamiento Grand National no tuvo mucha repercusión incluso en su Inglaterra natal, donde se suponía que debía haber conseguido mejores réditos. Pese a ello se trataba de un programa correctamente realizado a todos los niveles, entretenido e incluso emocionante (el momento de saltar un obstáculo te ponía los pelos como escarpias). Tenía además el añadido del mini juego que nos permitía apostar por un caballo antes de cada carrera y montarlo nosotros mismos, si éramos lo suficientemente estúpidos como para poner en nuestras inexpertas manos de jockey nuestro propio dinero. Confieso que con este método llegué a ganar verdaderas fortunas (desgraciadamente sólo virtuales) apostando fuerte por un caballo de escaso valor y conduciéndolo yo mismo hasta la victoria, una vez tuve la maña suficiente para manejarme con el juego.

 

Final Assault

El montañismo tardó más de lo esperado en llegar al Spectrum y cuando lo hizo, en 1988, nuestro querido cacharro afrontaba ya su declive comercial. La compañía norteamericana Epyx, famosa por sus excelentes juegos deportivos, se atrevió con un invento que trasladaba hasta nuestros ordenadores el mundo de la escalada. La verdad es que la cosa no salió, a mi entender, nada mal. Se trataba de subir una enorme montaña escogiendo una de las seis rutas disponibles, de dificultad y longitud variables, enfrentándose a grietas enormes, paredes altísimas, capas de hielo traicioneras… Aunque el juego no era ni mucho menos una maravilla técnicamente hablando, lo cierto es que tenía un “algo” capaz de tenerte enganchado a él una temporadita, como fue mi caso. Y no me gusta la escalada, advierto. Tenía un montón de opciones, era lo bastante variado para no ser aburrido y además resultaba muy sencillo de manejar, pese a que podíamos cargar a cuestas con una amplia variedad de trastos en la mochila como cuerdas, crampones o comida, susceptibles de ser utilizados en cualquier momento, así como realizar una variedad de movimientos bastante aceptable.

Como no encontré ningún video del juego en funcionamiento os tendréis de conformar con la música. Si queréis ver el juego os lo tendréis que bajar…

 

Free Climbing

Curioso caso el de este juego de Zafiro, oficialmente el primero creado en España exclusivamente para máquinas de 16 Bits (Atari ST y Amiga), que acabó viendo una conversión hacia las máquinas de 8 bits, entre ellas el Spectrum, bastante poco afortunada. Y es que si la versión “grande” tampoco era una gran cosa (una especie de revisión del Free Climber cambiando el rascacielos por riscos varios), la “pequeña” ya acusaba en exceso la falta de recursos del Spectrum, que para 1989 se había hecho demasiado evidente.

Zafiro presenta… Kstaña.

 

Beach Volleyball

Uno de los mejores juegos deportivos surgidos durante la agonía del Spectrum fue este, lanzado al amparo de una máquina de bar poco vista en España. Beach Volleyball era entretenido, emocionante y estaba bien hecho, algo a tener muy en cuenta en un momento en el que el micro de Sinclair era ya abiertamente desdeñado por  programadores y casas de software, que preferían explayar su creatividad con las poderosas máquinas de 16 bits dejando para el “submundo” de los 8 bits toda la morralla que se publicaba, cada vez más lamentable. Aunque en principio costaba un poco hacerse con los movimientos y el nivel de dificultad era “algo elevado”, Beach Volleyball garantizaba buenos ratos de diversión. Como curiosidad, este fue el último juego que me compré para Spectrum antes de dar el paso definitivo hacia máquinas más modernas y potentes.

 

Bump, Set, Spike!

Otro juego bastante extraño, por aquello de ser el único de los creados para el Speccy que trataba el tema del voleyball. No la modalidad playera, si no la tradicional, la que conocemos a través de alguna serie anime japonesa. Lo curioso del caso es que la encargada de llevar el tema hasta nuestros venerables artefactos fue Mastertronic, la legendaria casa de software budget o de bajo precio, cuyos programas solían tener un nivel de calidad equiparable con el precio al que luego se vendían en las tiendas. Esta vez se quedó más o menos a medio camino: no estábamos ante lo puto peor, algo que en el caso de Mastertronic solía ocurrir con bastante frecuencia, pero tampoco es que este juego fuera precisamente una maravilla de la ciencia. Resultaba divertido, eso sí, contemplar aquellos gráficos que parecían directamente diseñados por un niño de cuatro años. Las evoluciones de los dos cabezones que conformaban nuestro equipo eran más bien difíciles de controlar, en buena parte por culpa de la perspectiva isométrica elegida. Pero cuando uno se acostumbraba podía dedicarle unos minutitos y divertirse un rato, aunque el Bump, Set, Spike! pareciese más bien una conversión de un juego de Vtech que un programa comercial “serio” para Spectrum.

Continua en la segunda parte.

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